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'El Último Rey de Escocia', inmenso Forest Whitaker

'El Último Rey de Escocia', inmenso Forest Whitaker
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'El Último Rey de Escocia' es una de esas películas que por tiempo, o por lo que sea, no fui a verla en el momento de su estreno, a pesar de las alabanzas que tuvo Forest Whitaker tuvo por su interpretación, por la que además se llevó un más que merecido Oscar en la última gala de la dorada estatuilla. Incluso mi compañero Chico Viejo (que últimamente está que se sale) en su crítica, destacó únicamente la labor de este inmenso, en todos los aspectos, actor.

Forest Whitaker es uno de esos actores que todo el mundo conoce, excepcional como pocos, y capaz de interpretar cualquier personaje, ya sea en una comedia, en una de acción o en un drama de altura, y ya sea un bonachón, un policía o el mayor cabrón que haya pisado tierra. Aún así, Whitaker no termina de tener ese estatus de estrella que se merece desde hace tiempo, y su premio parece que no va a cambiar las cosas, y eso que dentro de poco empezaremos a verlo en multitud de títulos, aunque no de protagonista.

'El Último Rey de Escocia' narra unos determinados hechos acaecidos en Uganda durante los 70, alrededor de uno de los mayores hijos de puta que ha pisado el planeta, Idi Amin, que prometió un montón de cosas a los ugandeses cuando gobernaba el país, pero en lugar de cumplir sus promesas, prefirió pasar por cuchillo a muchos de ellos, economía de medios, supongo. La película narra principalmente la relación de Amin con su médico personal, un escocés que un día se fue para Uganda a ver lo que ocurría por allí, y terminó siendo la mano derecha del dictador, hasta que empezó a tener diferencias irreconciliables con él.

La película está dirigida por Kevin Macdonald, que hasta este film se dedicaba a dirigir documentales. Se le agradece que no haya tenido los tics típicos de un director de documentales cuando se pasa a filmar películas de ficción, no dando la sensación en ningún momento que estemos ante un documental sobre la figura del dictador. Pero por otro lado, el director no termina de definirse ni de centrarse. La película, a pesar de recoger unos determinados hechos acaecidos en un corto período de tiempo, quiere contar demasiadas cosas, y por momentos no sabe si centrarse en la figura del médico, o en la de Amin, con lo que los dos personajes quedan un pelín desdibujados. Las relaciones de éstos con otros personajes están totalmente descuidadas, y la película parece que está realizada por bloques.

Por supuesto, el film tiene su mayor baza en la inconmensurable interpretación de Forest Whitaker, marcándose un trabajo histórico. Sin duda es lo mejor de la película, logrando que el espectador conecte con su personaje, el cual puede resultar fascinante y odioso al mismo tiempo. Impresionante como Whitaker logra este efecto, simplemente cambiando de expresión con los ojos, y en un abrir y cerrar de los mismos. A su lado, James McAvoy se esfuerza por lograr lo mismo sin conseguirlo, y es que él resulta repelente ya desde el primer momento. Además, cuando la historia se pone dura, el actor no está a la altura. También sale la preciosa Gillian Anderson, actriz que merecía algo más que relacionarla con la inolvidable Scully de la estupenda serie 'Expediente X'. Aquí, más preciosa que nunca, sale lo suficientemente poco como para echarla de menos durante toda la película.

Una floja película, que además da por hecho que el espectador conoce de sobra las barbaridades que cometió Amin, lo cual es un error, ya que en la película poco se ve al respecto, a pesar de un par de escenas impactantes. E incluso, en su parte final termina tomando formas de film de acción con una banda sonora que parece sacada de cualquier producción de Jerry Bruckheimer, lo cual descoloca bastante. Por lo menos nos queda esa inmensa interpretación de Whitaker.

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