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'Grace de Mónaco', insustancial y casi insultante

'Grace de Mónaco', insustancial y casi insultante
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Los biopics son desde tiempo inmemorial una de las formas en las que Hollywood busca aunar el éxito comercial con el reconocimiento artístico, ya que es la forma de aprovechar la historia de una popular persona real para conectar con el público y también una ocasión de lujo para que el protagonista ofrezca una interpretación memorable. Al menos eso es lo que dice la teoría, pero ya sabemos todos que la realidad puede ser muy distinta.

'Grace de Mónaco' ('Grace of Monaco', Olivier Dahan, 2014) es el último ejemplo de lo que os decía, ya que sobre el papel lo tenía todo para poder conquistarnos. No tardaron en surgir las dudas y los vapuleos recibidos en su estreno durante el último Festival de Cannes terminaron de confirmar nuestros temores: 'Grace de Mónaco' es una completa pérdida de tiempo.

La falta de interés de 'Grace de Mónaco'

Nicole Kidman es Grace Kelly

Mi compañera Lucía ya comentó en su crítica multitud de los fallos de los que adolece una película con la que Harvey Weinstein quería apuntarse un nuevo tanto, algo que sospecho que ha sido decisivo para aniquilar cualquier rasgo de personalidad propia que Olivier Dahan podría haber dado a 'Grace de Mónaco' en la puesta en escena. Y la cuestión es que hay instantes ocasionales en los que sus suaves movimientos de cámara llevan a pensar que si de él dependiera, podría haber salido algo más interesante de lo que ha acabado siendo.

Sin embargo, el trabajo de puesta en escena sólo puede calificarse de caótico, ya que no hay una sensación de continuidad real, ni dentro de la película como un todo y tampoco en los diferentes palos que la película quiere tocar. Esto también se contagia a su acabado visual, a caballo entre el reportaje de un programa de corazón y un spot publicitario en el que se exagere las expresividad de los decorados, algo que como resultado daña de forma irremediable el trabajo de unos actores que a veces parecen meros monigotes decorativos.

Está claro que uno de los más atractivos para los cinéfilos es que se aborde el hecho de que Alfred Hitchcock quisiera sacar a Grace Kelly de su retiro para que protagonizara 'Marnie, la ladrona' ('Marnie', 1964), pero es una trama resuelta a toda prisa y de mala manera para centrarse en la crisis política que surgió entonces entre Francia y Mónaco. Y es una pena, porque se notan los esfuerzos de Roger Ashton-Griffiths por aproximarse a los tics del mago del suspense, pero su superflua presencia está a punto de reducirlo a lo grotesco.

Una película sin identidad

Tim Roth es el príncipe Rainiero

Una vez aclarado que lo que interesa a la película es mostrar la importancia que tuvo Grace Kelly para resolver el conflicto que surgió entre Charles de Gaulle y su marido Rainiero, lo que quedaba por ver es si 'Grace de Mónaco' tiene la posibilidad de convertirse en algo más que una sucesión de anécdotas personales mal hiladas -no falta una escena metida con calzador para resaltar su excesivo amor por conducir demasiado deprisa-, pero casi hubiese sido mejor que se quedara en eso, y digo esto teniendo en cuenta cosas como la atroz interpretación de Maria Callas por parte de nuestra Paz Vega.

Solamente hay un momento puntual en el que 'Grace de Mónaco' realmente quiere transmitir la sensación de entidad, aunque quizá debamos calificarlo más como una escena pensada para ser utilizada como clip si a Nicole Kidman la nominasen al Oscar. El problema es que la superficialidad y la ridiculez con la que se gestiona su implicación en la crisis política llevaría a pensar a alguien que no esté familiarizado con Grace Kelly que la actriz y princesa era poco más que una frívola con suerte.

El reparto era entonces el último asidero de 'Grace de Mónaco' para ser un desastre absoluto y tengo que reconocer que es ahí donde se evita por muy poquito el desastre absoluto. Eso sí, no es gracias a una Kidman perdida jugando a aparentar que es más joven de lo que realmente es, algo que afecta a su capacidad de transmitirnos cualquier tipo de sentimiento. Es la sobriedad de Tim Roth y la cercanía de Frank Langella la que consigue sobreponerse ligeramente -a duras penas podría decir que sus actuaciones son decentes, pero ya es algo- a un insustancial desarrollo de los personajes que sí contagia a los demás actores.

Nicole Kidman con Alfred Hitchcock

En definitiva, 'Grace de Mónaco' es una muestra más de esa larga estirpe de biopics en las que lo único que merece la pena es conocer su existencia para no emocionarnos demasiado cuando se anuncie que Hollywood va a rodar una película basada en la vida de alguien que nos interese. Y es que puede salir bien, pero también horriblemente mal como ha sucedido aquí. Si queréis acercaros a ver alguno de los estrenos de esta semana, entrad mejor a la sala en la que echen 'Big Bad Wolves' (Aharon Keshales y Navot Papushado, 2013).

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