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'Infierno blanco', lobos sanguinarios y engañosos

'Infierno blanco', lobos sanguinarios y engañosos
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Los parajes nevados tienen un potencial cinematográfico difícil de igualar, en especial para la creación de suspense o terror. Es innegable que ver fluir la sangre sobre la nieve tiene una fuerza dramática impresionante, de ahí que me sorprenda que no sea algo que haya sigo explotado lo suficiente por el slasher (alguno hay, pero poca cosa), donde no me consta que haya ningún psychokiller suficientemente icónico que se haya aprovechado de ello. Sin embargo, John Carpenter sí que supo aprovechar todas sus posibilidades para la creación esa obra maestra que es ‘La cosa (El enigma de otro mundo)’, aún hoy su mejor trabajo y quizá también la mejor película de terror de la historia. Sin embargo, en los últimos tiempos sencillamente no está muy de moda utilizar un buen paisaje poblado de nieve para aislar a los personajes y a partir de ahí decidir el tono que dar a lo que se nos cuenta. Los casos más populares que me vienen a la mente son ‘Whiteout’ (que ni llegó a estrenarse en cines en España de lo horripilante que era) y la precuela de la cinta de Carpenter, la cual mejor olvidar su existencia dada su alarmante mediocridad.

Ese vacío es algo que viene a llenar ‘Infierno blanco’ (la cual no tiene nada que ver con los otros dos largometrajes que ostentan ese mismo título en España), una película que toma como base una premisa similar a los hechos reales que dieron lugar a ‘¡Viven!’, pero con una finalidad distinta: ¿Qué sucedería si los escasos supervivientes de un accidente de avión que ya tienen que lidiar con el peligro de morir por las bajísimas temperaturas se convirtieran en el objetivo de una manada de lobos que los ve como intrusos en su territorio? Ese punto de partida es lo que más ha potenciado la campaña de promoción de la película para atrapar a unos espectadores ávidos de ver truculentos ataques de lobos sanguinarios que vayan mermando el número de supervivientes, pero ¿es ‘Infierno blanco’ una sucesión más o menos efectiva de matanzas que demoniza la figura del lobo en aras del entretenimiento o estamos ante algo más que ver a lobos morder hasta la muerte a pobres incautos?

Liam Neeson es el cazador cazado

Lo primero que conviene avisar es que si eres una de esas personas que no soportan a Liam Neeson como actor, mejor vayas olvidando la existencia de ‘Infierno blanco’, ya que su peso en la función es similar al de George Clooney en ‘Los descendientes’, es decir, Neeson es el Dios de la función y todo se filtra al espectador a través de su perspectiva. Y lo mejor de todo es que Neeson, que ya se había ganado una reputación como eficaz protagonista de thrillers comerciales tras el éxito de ‘Venganza’, ofrece una actuación estupenda, siendo capaz de transmitir todas las emociones al espectador por las que va pasando Ottway, el protagonista de la función. Y es que resulta curioso que ‘Infierno blanco’ sitúe como persona de la que dependen el resto de supervivientes a alguien con tendencias suicidas, un hombre cuyo dolor le hace desear la muerte, pero ésta le es esquiva (¿Qué probabilidades hay de ser uno de los supervivientes de un trágico accidente de avión?) pese a convivir a diario con ella (su trabajo consistía en ejercer como francotirador y ejecutar a esos lobos con los que ahora tiene que enfrentarse de nuevo). Quizá sea un tanto censurable hacer esta aseveración, pero a buen seguro la muerte de su esposa Natasha Richardson hace casi tres años ha sido la causante de que Neeson nos ofrezca una interpretación al nivel de sus mejores trabajos en una cinta, no vamos a engañarnos, con pocas ambiciones. Eso sí, resulta curioso que los flashbacks relacionados con el antiguo amor de Ottway sean el elemento más frágil de su trabajo.

El problema del superlativo trabajo de Neeson es que prácticamente aniquila cualquier posibilidad de que el resto de personajes tengan el más mínimo interés. Tampoco ayuda nada que en su descripción se abuse de forma desmesurada de los tópicos, dando como resultado que únicamente James Badge Dale tiene una escena con algo de entidad en su última aparición. El resto se limitan a ser víctimas potenciales del asedio de los lobos, ya que incluso el que desafía el liderazgo de Ottway carece de un interés más allá de ser un contrapunto necesario para que la rutina no se apodere aún más de la progresión dramática del relato. No es que sus interpretaciones sean malas, simplemente parten con tal desventaja que nunca llega a importarnos demasiado lo que les pase.

Pocos sobreviven al accidente del avión

Detrás de las cámaras encontramos a Joe Carnahan, un realizador que no termina de encontrar su sitio tras ‘Narc’, su prometedor debut, a la cual siguieron esa tontería que pretendía ser la respuesta americana a las primeras películas de Guy Ritchie que es ‘Ases calientes’ y el divertido paso a la gran pantalla del televisivo ‘El equipo A’. Cuesta creer que esta última película tenga tanta relevancia en los primeros pasos de ‘Infierno blanco’, pero lo cierto es que el protagonista iba a ser Bradley Cooper, pero fue finalmente sustituido por Neeson, en lo que ha acabado siendo un acierto similar a la del señor que inventó la rueda. En ‘Infierno blanco, Carnahan evita ceder a la tentación de potenciar el elemento paisajístico y cautivar así al espectador con la belleza natural de los escenarios canadienses donde se rodó, ya que decide usar muchos planos cerrados, potenciando así la sensación de aislamiento de los protagonistas pese a encontrarse en un lugar inmenso en el que lo que realmente llama la atención es su presencia.

Más allá de eso, conviene llamar la atención sobre la escasa capacidad de Carnahan para crear un convincente clima de suspense, ya que el guión que él mismo firma junto a Ian Mackenzie Jeffers (el autor del relato en el que se basa ‘Infierno blanco’) abusa demasiado del cliché y los lugares comunes. Tras el accidente, la película pronto se convierte en un viaje previsible en el que lo único que llama la atención es predecir quién va a ser la siguiente víctima y cómo va a morir (y es que no todos son asesinados por lobos sedientos de sangre humana). Es ahí donde aparece el otro grave problema de ‘Infierno blanco’, y es que la historia se alarga demasiado, oscilando a partir de la mitad de metraje entre lo repetitivo y lo cansino. Un par menos de supervivientes hubiese ahorrado a la película unos 20 minutos de metraje que le hubiesen venido de maravilla.

Los restos del trágico accidente

Algunos os estaréis preguntando que cuándo voy a hablar de los lobos si éstos parecían que iban a ser el principal aliciente, pero es que sus apariciones en ‘Infierno blanco’ son mucho más escasas de lo que pueda parecer, así que si vuestro único aliciente era ver a lobos sanguinarios podéis ir tachando la película de vuestra lista de futuros visionados. Y es que se prefiere jugar con su peligrosidad como una amenaza siempre presente, pero que cuando se hace visible resulta letal, de ahí que los ataques de los animales sean algo fulminante que no deje espacio para responder a sus víctimas. Sí que conviene destacar la notable escena en la que básicamente vemos los ojos de varios de los integrantes de la manada, ya que quizá sea el único momento de calma tensa en el que llegamos a tener constancia física de su presencia.

Greg Nicotero y Howard Berger, dos genios en lo suyo, son los responsables del diseño de las criaturas, a las cuales consiguen dotar de un realismo tremendo, al mismo tiempo que tienen un aspecto implacable que haría pensárselo a cualquiera dos veces antes de cruzarse en su camino. Éste es el otro punto en el que brilla la película, siendo una pena que, por necesidades de la historia, sus apariciones sean tan escasas. Quizá unos cuantos millones más de presupuesto hubiesen venido bien para poder tenerles más minutos en pantalla.

No han faltado las críticas de asociaciones en defensa de los animales hacia la forma que tiene ‘Infierno blanco’ de retratar a estos animales, ya que sí que se ofrece una visión un tanto radical de los mismos, pero lo cierto es que los lobos no hacen nada muy diferente a lo que haríamos nosotros si de repente apareciesen unos animales salvajes en plena ciudad: Acabar con ellos. Además, la cinta se centra más en retratar la lucha por la supervivencia (repito que no todas las muertes están originadas por el ataque de estos animales) que en ensañarse mostrando a los lobos zampándose a humanos incautos.

Los lobos de

En definitiva, ‘Infierno blanco’ es una nueva confirmación de lo buen actor que es Liam Neeson, y también que ese talento puede servir perfectamente para ofrecer una estupenda actuación en una producción eminentemente comercial. La pega es que, con la salvedad de los propios lobos, el resto de la película no está a la altura del trabajo de Neeson, en especial por la necesidad del cine reciente de hacer cintas de duraciones muy por encima de lo que la historia necesita. Y es que se podría perdonar el abuso de tópicos para la descripción del resto de personajes si esto no provocara varias caídas de interés en lo que se nos está contando (algo que afecta mucho al clima de constante suspense que quiere conseguir), pero eso es consecuencia de la tiranía actual de tener que durar más de lo necesario. Al final lo que queda es un entretenimiento correcto en el que la actuación de su protagonista destaca tanto sobre el resto que hasta puede quedar la sensación de haber visto algo peor de lo que realmente es ‘Infierno blanco’. Para pasar el rato.

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