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James Cameron: 'Mentiras arriesgadas', el espía, su mujer, el terrorista y su bomba

James Cameron: 'Mentiras arriesgadas', el espía, su mujer, el terrorista y su bomba
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Mi amigo James Cameron y yo hicimos tres películas juntos - 'Mentiras arriesgadas', 'Terminator' y 'Terminator 2'. Por supuesto, eso fue en su periodo de cine de autor de bajo presupuesto.

La cita anterior que, obviamente, corresponde a Arnold Schwarzenegger, es la que mejor define la gran broma que James Cameron orquestó alrededor de 'Mentiras arriesgadas' ('True lies', 1994). Una broma de proporciones mastodónticas que costó a las arcas conjuntas de la Fox y Lightstorm unos 115 millones de dólares y que le arrebatarían al anterior filme del cineasta el trono de la producción más cara de la historia, iniciando así una tónica que el canadiense continuará con 'Titanic' (id, 1997) y 'Avatar' (id, 2009).

Recuperada la inversión con sus casi 400 millones de recaudación mundial —150 de los cuales fueron en territorio norteamericano—, Cameron daba con 'Mentiras arriesgadas' un alto en el camino de lo que le habíamos visto hasta entonces, abandonando no sólo la ciencia ficción que había marcado sus cuatro anteriores producciones sino también, aunque sólo en parte, el discurso de esas constantes que jalonan su cine y de las que hemos venido hablando desde 'Terminator' ('The terminator', 1984).

Mentiras arriesgadas 1

Adaptando 'Dos espías en mi cama' ('La totale', Claude Zidi, 1991) por expreso deseo de Schwarzenegger, Cameron conserva aquí intacta la historia de amor que siempre subyace en sus filmes, siendo la otra cualidad que podemos encontrar en este circo de cinco pistas la fortaleza de un personaje femenino que comparte protagonismo, aunque en una posición de mayor equilibrio que la que veíamos entre Bud y Lindsey en 'Abyss' ('The abyss', 1989), con el inmenso carisma que Schwarzenegger destila a lo largo de todo el metraje.

El personaje de Harry Tasker que Arnie encarna en 'Mentiras arriesgadas' no es más que la evolución lógica de lo que le habíamos visto al austríaco en 'Los gemelos golpean dos veces' ('Twins', Ivan Reitman, 1988), 'Poli de guardería' ('Kinderganten cop', Ivan Reitman, 1990) y, sobre todo, el Jack Slater que había interpretado el año anterior en 'El último gran héroe' ('Last action hero', John McTiernan, 1993), aunque hay que reconocerles a actor y realizador el que la combinación entre el héroe de acción imparable y la vis cómica esté más lograda de lo que había estado hasta entonces en las cintas del Mister Universo.

Mentiras arriesgadas 2

Del argumento poco se puede contar que no se haya dicho ya en los casi veinte años que han pasado desde su estreno, trabando el filme los arquetipos de cualquier producción de espías a lo James Bond con un trasfondo humorístico que dimana, entre otras, de la disfuncional vida familiar del protagonista. El fundamento de dicho trasfondo cabe encontrarlo, no hay duda, en la inesperada y asombrosa química que se crea entre Arnie y Jamie Lee Curtis, pero también, en las espléndidas adiciones que suponen unos brillantes Bill Paxton, Tom Arnold o, por supuesto, ese remedo del Nick Furia marvelita que encarna un caústico Charlton Heston.

Trabajando la historia en ambas vertientes, 'Mentiras arriesgadas' es un compendio brillante pre-11/S —en el clima actual esta cinta no tendría cabida— de cómo fusionar acción, humor y terrorismo sin que la primera decaiga y el segundo sea vergonzante, y muestras de la perfecta imbricación que Cameron consigue las encontramos a lo largo y ancho de un metraje al que siempre se le ha reprochado el "parón" que sufre tras su primera y ejemplar media hora, en el momento en el que la narración se detiene en la subtrama de Harry y Helen.

Mentiras arriesgadas 3

Durante esos cuarenta y cinco minutos que tanto usan los detractores de la cinta para arremeter contra ella, Cameron aparentemente se olvida de la historia del grupo terrorista que se ha hecho con cuatro ojivas nucleares para centrar su discurso en lo que el marido espía está dispuesto a hacer por su insatisfecha mujer, dejándonos todas las escenas que componen el núcleo central de la historia los mejores momentos cómicos de la trama, ya sea por mor del hilarante trabajo de Paxton —genial la escena en la presa— ya por ese antológico baile sensual que se marca Curtis en la habitación del hotel.

Y tras el mal llamado descanso, otros tres cuartos de hora de infarto, un espectáculo non-stop en el que el cineasta demuestra sus innatas capacidades narrativas para la acción desbordante sin necesidad de caer en los montajes caóticos a lo Michael Bay que poco después del estreno de 'Mentiras arriesgadas' empezarían a determinar el futuro del género de acción: aquí la claridad en la exposición es la tónica reinante ya en el espectacular tiroteo en la isla, ya en la magnífica persecución por las carreteras de los Cayos de Florida, ya en ese final en el rascacielos de Miami que pone en evidencia las claras intenciones de Cameron de rodar un filme "marca ACME".

Mentiras arriesgadas 4

Sólo leyendo así la cinta en general y, en particular, toda la secuencia con el Harrier pilotado por Schwarzenegger, podremos disfrutar de las delirantes ocurrencias de la misma, unas ocurrencias que culminan con el lanzamiento en misil del jefe terrorista cual Coyote atado a un cohete en pos del Correcaminos, aunque hay quien diría que también podemos ver aquí un guiño de Cameron al Slim Pickens de '¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú' ('Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb', Stanley Kubrick, 1964) cabalgando la bomba.

La humorada final, en la que el cineasta arregla la vida familiar con un breve plano para dar paso al tango de cierre pone de manifiesto lo que insinuaba al principio: tomarse este filme en serio es un grave error y flaco favor le estaríamos haciendo a esta refrescante pausa en la trayectoria de Cameron que es 'Mentiras arriesgadas' si pretendemos ver en ella lo que no es.

Tal y como le sucede a la práctica totalidad de los filmes del canadiense —habría aquí que excluir, como ya comentábamos en su correspondiente crítica, a 'Abyss'— los veinte años que han transcurrido desde su estreno han tratado especialmente bien a una película que no aqueja ninguno de los típicos problemas que sí hacen exagerada presa en otros filmes de la época, un hecho que convierte por méritos propios a 'Mentiras arriesgadas' en un indiscutible clásico de los noventa.

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