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'Jonah Hex', despropósito insultante

'Jonah Hex', despropósito insultante
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Esta semana se edita en DVD ‘Jonah Hex’ (id, Jimmy Hayward, 2010), película que no ha conocido en nuestro país un estreno comercial en las salas de cine, y eso que hablamos de una película con un reparto muy conocido, y con altas dosis de acción. En los Estados Unidos fue un fracaso muy comprensible, y aquí llegó a exhibirse en la pasada edición del Festival de Sitges, donde la vio mi compañero Juan Luis, y muy amablemente nos advirtió sobre la calidad de la misma. La directa explotación en mercado casero podría ser debido en cierto modo a la mala recepción general de la cinta, adaptación de un cómic de la DC, obra de John Albano y Tony Dezuniga, los cuales no han participado en la elaboración del guión, y no me extrañaría que ambos aún estén alucinados con el resultado del film.

En el mencionado festival, la película se vendió como “futura obra de culto”, y lo cierto es que los elementos de los que parte tenían el suficiente interés como para llegar a serlo. Un cazarrecompensas con el rostro desfigurado que posee el poder de comunicarse con los muertos, mientras busca venganza por el asesinato de su mujer e hijo, es una premisa muy jugosa como para desperdiciarla. Pues eso es precisamente lo que ha hecho su director, Jimmy Hayward, que curiosamente fue animador en Pixar, y es firmante del film animado ‘Horton’ (‘Horton Hears a Who!’, 2008) que codirigió junto a Steve Martino. Y no sólo la ha desperdiciado, sino que parece imposible hacerlo peor. En mi caso me fastidia enormemente por estar centrada en el género cinematográfico por excelencia: el western.

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Si hay algo del universo del western a lo que recuerda el personaje de Jonah Hex es sin duda alguna a los personajes que Clint Eastwood interpretó para Sergio Leone en su famosa trilogía del Dólar, y también al Josey Wales de ‘El fuera de la ley’ (‘The Outlaw Josey Wales’, Clint Eastwood, 1976), de la cual hereda el punto de partida: durante la Guerra Civil Americana un hombre verá como asesinan a su familia y se convertirá en una especie de justiciero por encima del bien y del mal. En el caso de ‘Jonah Hex’ la cosa adquiere tintes sobrenaturales al dotar a su personaje de poderes que le permiten la comunicación con los muertos, que vigilan el mundo desde el otro lado como jueces silenciosos. Un supuesto punto de frescura, que siendo lo mejor de la cinta, termina ahogado por el resto, lleno de malas interpretaciones, y situaciones absurdas sacadas de un guión deplorable y una puesta en escena carente de todo sentido.

La culpa del guión hay que echársela a esos dos terroristas —nota mental: post sobre directores que debieron dedicarse a otra cosa— del cine llamados Mark Neveldine y Brian Taylor. En el currículum de estos dos seres figuran las dos entregas de ‘Crank’ y ‘Gamer’, tres cintas que no son otra cosa que anti-cine, y en estos momentos filman la continuación de ‘Ghost Rider’ (id, Mark Steven Johnson, 2007), supongo que con la intención de que ellos lo pueden hacer peor. La manos de ambos escritores se nota bastante en ‘Jonah Hex’ pues su argumento ha sido planteado como un videojuego, en el que el personaje central deberá superar varias pruebas, valiéndose más que de su ingenio, de armas lo más potentes posibles, adquiridas a lo James Bond de un Q muy particular interpretado por Lance Reddick, el inolvidable Cedric Daniels de esa obra maestra titulada ‘The Wire’. Curiosamente el actor no está a la misma altura de lo que hizo en dicha serie, como de hecho el resto del reparto tampoco convence como otras veces. Salvo una excepción: Megan Fox.

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La actriz que conoció la fama de la mano de Michael Bay en dos cintas que es mejor olvidar, y por ser una bocazas su nombre ya no suena como antes, da lo que se espera de ella, una penosa interpretación con el personaje menos creíble de todos. Su prostituta enamorada del héroe de la función insulta directamente a todos los personajes clásicos femeninos del western, fueran prostitutas o mujeres de armas tomar, desde Claire Trevor, hasta Ellen Barkin, pasando por Joan Crawford —sí, no tengo piedad con las comparaciones—, y en el caso que nos ocupa no sólo se dedica a ganarse la vida vendiendo su cuerpo mientras sueña con el hombre de rostro desfigurado, sino que llegada la hora de la verdad será también una perfecta luchadora y tiradora. A su lado, actores tan solventes como Josh Brolin —una especie de nuevo Nick Nolte—, John Malkovich —efectuando su sempiterno personaje de malvado, aunque esta vez supongo que lo que más le interesaba era el cheque— y Michael Fassbender —pasadísimo de rosca— parecen los mejores actores de la historia, y eso que ninguno está como para aplaudirle. Las presencias de Wes Bentley y Michael Shannon son meramente anecdóticas e incrementan el asombro que produce el reparto.

A las necedades de una historia llena de chorradas a cada cual más inverosímil y estúpida, Jimmy Hayward cae hacia el lado oscuro y pone en práctica uno de los males más extendidos del cine de hoy día, su apabullante y aparatosa puesta en escena, llena de secuencias filmadas con un gusto muy dudoso. Hayward parece no saber dónde ha de colocarse una cámara, restando impacto al film y estropeando los supuestos momentos álgidos del mismo, además de anular por completo un clímax previsible y falto de emoción. Por no hablar de que su estilo se asemeja al de sus guionistas cuando les da por dirigir: planos cortos, montaje caótico y movimientos de cámara grandilocuentes. Baste referirse al enfrentamiento onírico entre Hex y su archienemigo, una perfecta muestra de nulidad cinematográfica.

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