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'La Segunda Noche de Bodas', el amor verdadero es cosa de tontos

'La Segunda Noche de Bodas', el amor verdadero es cosa de tontos
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Este fin de semana se estrena entre nosotros, con dos años de retraso, 'La Segunda Noche de Bodas', que ya es el antepenúltimo film de su director, Pupi Avati. ¿El porqué de este retraso? La pregunta de siempre que queda sin respuesta, y esta vez no será por el éxito de público que tuvo el film en el festival de Venecia, porque dicho éxito corresponde a la edición de hace dos años. En fin, misterios que nunca serán resueltos, como el hecho de que Avati lleva más de cuatro décadas dirigiendo, y aquí nos llegan sus films con cuenta gotas. Además, es un director que anduvo casi por todos los géneros, desde el terror al inicio de su carrera, pasando por la comedia musical, hasta llegar al drama.

'La Segunda Noche de Bodas' podría incluirse dentro de este último género, con unos toques de comedia, y sobre todo con mucha carga nostálgica, como a los italianos les gusta poner en su cine. La historia nos sitúa en la Italia de la posguerra en un lugar llamado Torre Canne, donde Giordano Ricci es un hombre que se dedica a hacer explotar minas de la guerra. Es considerado por todos como el tonto del pueblo, y sólo se ve atendido por sus dos tías. Un día recibe una carta de su cuñada, ahora viuda, de la cual estuvo enamorado en su adolescencia. La acogerá a ella y a su hijo (su sobrino) en su casa para que no le falte de nada, ante el descontento de sus tías. Pero Giordiano sólo piensa en amar a la mujer de sus sueños.

Hablamos pues de una historia de amor, de esos amores secretos que se llevan en el alma durante muchos años, y que cuando se presenta la oportunidad se hace absolutamente todo lo que sea por complacerlo, aunque éste no sea correspondido. O sea, se hace el tonto. ¿Y qué mejor manera de representar esto en una película colocando a un personaje que es tonto de verdad? Lo curioso de esta relación, que simplemente es uno de los variados elementos argumentales de la película, es el personaje femenino. Su necesidad de no pasar hambre le ha llevado a complacer sexualmente a todo aquél que podía ayudarle, y sin embargo, cuando tiene prácticamente todas las comodidades a su alcance y un hombre que la ama de verdad, la cosa cambia. Bien podría tratarse de que dicha decisión salga de ella misma, ahora que las cosas van bien económicamente hablando, y sólo sucederá cuando ella quiera, pero este detalle, fundamental en el comportamiento del personaje femenino, no está bien tratado, es como si faltara algo.

La película se mueve en varios frentes. Por un lado, la delicada historia de amor, y por otro, los líos en los que se mete el hijo de la protagonista, un caradura capaz de lo más bajo por conseguir dinero para aparentar ser alguien que no es. Las dos partes tienen su interés, pero nunca llega a decantarse por ninguna de ellas, quedando las dos un poco deslucidas, desarrolladas únicamente con un par de detalles, efectivos, pero a todas luces insuficientes. Al final del film, a pesar de la sensación de agradabilidad que le queda al espectador, no se puede evitar cierta sensación de vacío.

Donde el film verdaderamente gana es en su carga nostálgica, el anhelo por los viejos tiempos cuando todos eran felices y los veranos maravillosos e inolvidables, alejados de cualquier vestigio de guerra. Curiosamente, esto sólo se produce de la mano del personaje tonto, como si éste fuera el único capaz de ser feliz en la actualidad, a pesar de su peligroso trabajo, y simplemente porque recuerda a la perfección una época que todos parecen haber olvidado. Como no, en esto juega un papel importante la música compuesta para la película, obra de Riz Ortolani, habitual colaborador de Avati, con una melodía realmente preciosa, de esas tan típicas a las que nos tienen acostumbrados los italianos en el cine, con el gran Morricone a la cabeza, faltaría más.

El trabajo actoral también es de lo mejor del film. Absolutamente todos están fantásticos, destacando sin duda alguna, Antonio Albanese, como ese hombre tonto, capaz de arriesgar su vida por gente que sólo acude a él cuando se trata de hacer estallar una mina, pero sabiendo muy bien a quién amar. Un personaje un poco triste, aunque encantador. Y también Neri Marcorè, quien interpreta a la perfección a un completo vividor, egoísta y mal criado, y que sólo piensa en sí mismo. Se le llega a odiar totalmente.

Una película correcta, muy agradable de ver, y que me apuesto lo que sea a que por aquí no la verá ni Dios. No es que sea una maravilla, y se salga del cine dando saltos de alegría y júbilo total, pero sí es preferible a otras de mayor prestigio o aceptación entre el público, y que simplemente han anunciado más.

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