El gusto es personal, pero cómo lo decidimos presentar tiene mucho que ver con significarnos dentro de un grupo, sea más abierto o más nicho. Cuando se profundiza en algo como el cine, surge en cierto punto la necesidad de distinguirse despreciando lo que se considera básico, que a menudo tiene más que ver lo que el círculo específico considera como tal que una verdadera apreciación personal.
Entrar en determinado cine de ambiciones más complejas lleva a algunos a considerar que esto es en lo que debería “gastar el tiempo” y que aquello con intenciones más populares o accesibles no tiene pedigrí destacable. Es una tendencia con mucho de ombliguismo que lleva a una rígida apreciación del arte y a discriminar únicamente por el gusto. Claro, luego algunos se llevan las manos a la cabeza o les choca que lo que consideran un artista “elevado” muestra su apreciación por cosas que se podrían considerar “vulgares”.
Saber disfrutar
Los cineastas, como gente que deposita mucho tiempo en el proceso artístico pero sus obligaciones profesionales no le obligan a tener una valoración, acaban afrontando las películas desde una apreciación más genuina que no considera realmente estatus ni prejuicios. Por eso ciertos sectores no darían muchas vueltas a una comedia como ‘Los blancos no la saben meter’, pero alguien como Stanley Kubrick la consideraba una película estupenda.
¿Es realmente tan extraño que alguien como Kubrick pueda apreciar una comedia deportiva? No hay realmente rasgos comunes entre su cine y lo que la película trata de elaborar, pero Ron Shelton hizo una película notable porque entiende lo que funciona de este tipo de películas y lo explota al máximo. Lo que muchos mirarían por encima del hombro por carencia de pretensiones más allá del entretenimiento, alguien como Kubrick era capaz de tenerlo en consideración, sobre todo porque sabe que no es fácil entretener así. Incluso Christopher Nolan lo apreciaba en algo como 'Pasado de vueltas'.
Las fronteras de “alta y baja cultura” no dejan de ser ilusorias, poco conectadas con el concepto de calidad que tiene más que ver con la artesanía dentro de unas intenciones que el espectador tiene que discernir. Muchos se agarran a los prejuicios porque marcar una distancia da cierto pedigrí en ciertos círculos, mientras que gente como Paul Thomas Anderson disfruta del cine de superhéroes o Andrei Tarkovsky tenía alto aprecio por una ciencia ficción tan opuesta a la suya como la de ‘Terminator’.
Cineastas de este tipo suelen ser de la opinión de que la obra habla por sí misma más de lo que el propio autor puede aportar verbalmente, así que estos contrastes no deberían sorprender a menos que se consideren que estas obras de alcance más popular no tienen valores por sí mismo. No es cuestión de dejar de lado un cine más pretencioso o comulgar con ruedas de molino y comprar cualquier mediocridad, pero si a Terrence Malick no se le caen los anillos por decir que le gusta ‘Zoolander’ tú también puedes ponerla entre tus favoritas sin que te acusen de traicionar al buen gusto.
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