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'Punisher 2. Zona de guerra', violencia a discreción

'Punisher 2. Zona de guerra', violencia a discreción
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‘Punisher 2. Zona de guerra’ se estrena en nuestro país directamente en DVD. Reboot de ‘The Punisher’, no ha debido llamar la atención de los distribuidores para estrenarla comercialmente en salas, decisión que resulta al menos curiosa. Estamos hablando de la adaptación de un personaje de cómic, no tan conocido y seguido como otros mucho más famosos en plan Supermán o Spider-Man, pero con la suficiente legión de fans, y con un film previo que sí conoció estreno en cines, aunque con un varapalo crítico y de público, que fue sonado. Teniendo en cuenta además, que ya había otra versión anterior con Dolph Lundgren de la que es mejor no acordarse, la distribuidora tal vez no ha hecho un mal paso, al fin y al cabo, el mercado del DVD es el que deja los mayores beneficios en el negocio del cine.

En un principio esto tendría que haber sido una secuela de la película protagonizada por un insípido Thomas Jane en el 2004. Diversos problemas con el inicio del rodaje, y que Jane (actor lógicamente previsto para dar vida a Punisher en el presente film) no estaba dispuesto a esperar mucho tiempo por un film en el que no creía demasiado, hicieron que se lo replantearan todo, y en una operación similar a la franquicia de Batman (a lo que parece que todo el mundo le ha cogido el gustillo), se inicia de nuevo la (posible) saga. Sin embargo, The Punisher, el personaje, debe poseer alguna especie de maldición cuando lo trasladan al cine.

Aún tratándose de un nuevo inicio de las andanzas del personaje, en nuestro país, esos seres inteligentes que se dedican a poner los títulos a las películas, le han colado un 2 como una casa, con el consiguiente peligro de que el pobre espectador y consumidor se equivoque y piense que está ante una secuela. La sorpresa que se va a llevar cuando vea que el tratamiento es muy distinto al film anterior, aunque al final no sea mucho mejor que aquél. Esto es un récord: tercera vez que se adapta a Frank Castle/El castigador al cine, y tercera vez que han desaprovechado totalmente sus posibilidades.

Creo que muchos estaréis de acuerdo conmigo en que Castle era un personaje con la suficiente riqueza como para hacer algo grande, de la misma forma que el de Lobezno también lo era, y al final tuvimos que tragarnos esa blandenguería. Parece que Christopher Nolan ha dejado el listón bien alto con ‘El caballero oscuro’, pero sin necesidad de llegar a esa altura, hay trabajos como ‘Supermán’ de Richard Donner, o ‘X-Men’ de Bryan Singer que reflejan perfectamente lo que quiero decir. Traslaciones al cine de personajes de cómic, sin traicionar el espíritu de los mismos, aunque sea con la variación de muchos elementos. Estaba claro que ‘Punisher’ con Thomas Jane fallaba por su falta de ritmo, por el poco carisma de su actores, y sobre todo por un uso de la violencia totalmente light. Tratándose de El castigador, una película sobre él no puede ser suave en dicho aspecto.

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‘Punisher 2. Zona de guerra’ tiene violencia a gogó. Hay disparos por doquier, peleas brutales cada dos por tres, miembros amputados, sangre por todos lados, y sin embargo nada de eso llega ni va acorde con el espíritu del personaje. De hecho, toda la violencia representada en el film recuerda en buena parte a los films de la década de los 80, cuando Chuck Norris y compañía competían por hacer el film más violento posible, una violencia gratuita e innecesaria, casquería barata, nada que ver con la violencia de por ejemplo, Sam Peckinpah (de futuro análisis en este blog por mi parte). El presente film parece a veces una apología de la violencia desenfrenada, sin ningún tipo de rubor. Han acertado, irónicamente hablando, con la elección del director, Lexi Alexander, la señora responsable de esa memez de peligrosa ideología titulada ‘Hooligans’, en la que la violencia aparecía en cada rincón del metraje.

Hay cierto desenfado en la decisión de Alexander de filmar escenas de acción, a cada cual más bestia. Se agradece hasta cierto punto que no se ande con miramientos, y nos muestre sangre a raudales. El problema es que pasados quince minutos, todo se torna repetitivo, y termina cansando. Por no hablar del guión, que sencillamente no existe, ni lo narrado en pantalla tiene el más mínimo interés. En cambio, sí han dado en el clavo con el actor que da vida a Castle: Ray Stevenson, conocido sobre todo por la excepcional serie de televisión ‘Roma’ (su segunda temporada alcanza unos niveles prodigiosos). El actor, que ya en la serie protagonizaba algunas escenas muy violentas, es de momento, y a falta de que otro ocupe su lugar, el mejor Punisher posible. Las carencias alarmantes de guión están subsanadas por el carisma del actor en lo que al personaje se refiere.

Todo lo que de bueno lo tiene Stevenson, de malo lo tiene su contrincante en pantalla, Dominic West, que da vida al villano de la función, una especie de mezcla entre el Tommmy Lee Jones de ‘Batman Forever’ y el Heath Ledger de ‘El caballero oscuro’, quedándose en un histriónico personaje que provoca vergüenza ajena. Es una lástima que West, que borda al mítico McNulty en ‘The Wire’, aquí se pasa de rosca continuamente, compitiendo en payasadas con Doug Hutchinson (visto en la quinta temporada de ‘Lost’) que da vida a su hermano, uno de esos locos anarquistas que quedan bien en el cine, siempre y cuando se sepa tratar, que no es el caso. La nota femenina la pone una insípida Julie Benz, que termina el círculo de actores más conocidos por sus papeles en la televisión que en el cine.

‘Punisher 2. Zona de guerra’ es una oportunidad más perdida de hacer una película impresionante sobre un personaje de cómic atractivo. Al final, no hace más que repetir el esquema de muchas cintas de acción vistas con anterioridad, intentado impresionar al espectador con un uso exagerado de la violencia, siendo lo más bruta posible a cada segundo que pasa. Tanta gratuidad al final sólo provoca bostezos, para dentro de algún tiempo olvidar la película. Mientras me preparo para ello, me retiro a mis aposentos a escribir sobre Harry Callahan.

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