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'Reina y patria', tradición y juventud
Críticas

'Reina y patria', tradición y juventud

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‘Reina y patria’ (‘Queen and Country’, John Boorman, 2014) es la secuela de ‘Esperanza y gloria’ (‘Hope and Glory’, 1987), uno de los films más reputados de su director. Nada menos que 27 años ha tardado Boorman en realizar la secuela del mismo, tal vez influenciado por la actual moda de remakes, secuelas, reboots, que “rescatan” films de hace 20/30 años. Nada cuestionable por su parte, aunque hablamos de un cine muy alejado del mainstream, de formas incluso más clásicas de lo que cabría esperar en alguien tan arriesgado, como ha sido a veces el director de ‘Zardoz’ (id, 1973) –sí, me permito el lujo de citar una de sus peores películas−.

Ambientado diez años después de los acontecimientos de su predecesora, el film ofrece una irónica, y casi paródica, visión de la vida en el ejército, mientras narra las primeras aventuras amorosas de su protagonista. Al igual que en aquélla Boorman da muestras de lo importante e influyente que fue el séptimo arte en su crecimiento. Tintes autobiográficos en una película que escapa, lógicamente, de la mirada infantil de la primera entrega. El protagonista ha crecido y empezará a ver cómo es el mundo realmente.

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‘Reina y patria’ da comienzo con una de las últimas secuencias de ‘Esperanza y gloria’, aquella en la que un colegio quedaba destrozado por un bombardeo alemán; los niños lo celebraban, entre ellos el protagonista, sobre cuyo rostro Boorman realiza una elipsis cambiando a la actualidad. El rostro de Bill Rohan, esta vez bajo el físico del actor Callum Turner, sigue conservando cierta mirada alegre e inquieta. En un lago observa el rodaje de una película, su amor por el cine será vital en su desarrollo, marcando, a veces, sus experiencias.

Del cine a la vida

De esta forma Boorman logra la empatía con el personaje central, sobre todo entre espectadores de cierta edad, además de marcar de nuevo el acento sobre la mirada del personaje central. Un personaje que vivirá el servicio militar con la amenaza de ir a la recién comenzada Guerra de Corea. Tan terrible hecho permanece siempre en segundo plano, mientras asistimos a una primera parte en la que el ejército es poco menos que ridiculizado. Lo viejo y lo nuevo enfrentado, la rebeldía de la juventud cambiante frente a la cuestionada tradición mientras Isabel II sube al trono.

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Continuas citas cinéfilas, por ejemplo a ‘Casablanca’ (id, Michael Curtiz, 1942) o ‘Laura’ (id, Otto Preminger, 1944), de las que rescatan frases históricas aplicadas a situaciones reales y diferentes. Vida y cine unidos en la mente del protagonista a la par que se suceden episodios realmente surrealistas en el cuartel, sin duda la más interesante de la película, en la que Boorman se burla sin piedad del estamento militar, sobre todo en lo referente al cumplimiento de las normas. En dicha parte destaca el trabajo de David Thewlis como superior obsesionado con el deber, y al que sus propios métodos terminan por volverse en su contra.

Del mismo modo que ‘Esperanza y gloria’, el presente film posee dos partes bien diferenciadas, y de nuevo el interés decae. El amor hace acto de presencia, el amor idílico e imposible a través de una persona de la realeza –el cine−, y el real, más auténtico, más a ras de suelo, y también más doloroso –la vida−. ‘Reina y patria’ posee cierta mirada nostálgica, quizá demasiado evidente, incluso envejecida, pero para nada molesta. La cámara de cine, en realidad los ojos de Bill, seguirán siendo testigo de los hechos. Rohan seguirá creciendo como lo hizo Boorman, una continuación sería algo muy coherente y lógico.

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