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'Salvador', nuestro pasado

'Salvador', nuestro pasado
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'Salvador' fue otra de las injustas perdedoras en la pasada edición de los Goya, donde nuestra queridísima Academia, en vez de resultar coherente, decidió agacharse para ceder ante la rabieta de Pedro Almodóvar, y no terminar de redondear el éxito de 'El Laberinto del Fauno', o el haber premiado con galardones más importantes tanto al film de Manuel Huerga, como 'La Noche de los Girasoles', que se fue a casa de vacío. La opción de 'Salvador' era probablemente la más arriesgada, debido a las fuertes connotaciones políticas que eso supondría. Y es que el film de Manuel Huerga, aparte de un duro drama, alegato contra la pena de muerte, es una clarísima denuncia a las consecuencias de vivir bajo un regimen que usó entre otras cosas, la mentira y la desinformación, como elementos para gobernar.

En nuestro pasado regimen franquista, el último ejecutado mediante el método de garrote vil, fue Salvador Puig Antich, un joven anarquista, que en una emboscada policial, al intentar defenderse, supuestamente mató a un policía. Y digo supuestamente, porque tiempo después, la autopsia reveló que de las cinco balas encontradas en el cuerpo del policía, sólo dos provenían de la pistola de Salvador. Puig Antich fue encarcelado, y cuando estaba esperando la revisión de su caso, es asesinado el Presidente del Gobierno Carrero Blanco. Los autores: ETA. ¿A quién hizo el Gobierno pagar los platos rotos? Efectivamente, a Salvador Puig Antich.

Manuel Huerga no se anda con monsergas y va directo al grano, o a la yugular. La película da comienzo con la citada emboscada, filmada muy eficazmente, y donde apenas sabemos qué está pasando. Después, mediante la consabida técnica de flashabacks, narrados por el propio Salvador a su abogado, vemos todos los comienzos del protagonista, hasta llegar a la situación que le metió en la cárcel. Es una parte muy dinámica, que nunca cae en el aburrimiento, y que poco a poco nos va dando datos. Luego, se produce un parón, por así decirlo, y la película se vuelve más contemplativa, y muchísimo más dura. Ya que, además de su relación, extraña por otro lado, con uno de sus carceleros, se nos relatan las últimas horas de la vida de Salvador, en compañía de tres de sus hermanas, en las que todo tipo de sentimientos afloran sin obtener respuesta, desde el asco y la repugnancia hasta la impotencia, pasando por el odio. Huerga es lo suficientemente hábil como para hacernos pasar por todo eso, sin que nos libremos por supuesto, del incomodísimo nudo en la garganta que sentimos en esos últimos momentos, un nudo desgarrador que puede hacer que lágrimas de rabia caigan por nuestras mejillas, concienzados de la enorme barbaridad que vamos a presenciar. La escena de la ejecución es dura, intensa y nada gratuita. En cierto modo, Huerga hace lo mismo que Tim Robbins en 'Pena de Muerte' o Richard Brooks en 'A Sangre Fría', donde también se nos muestra la ejecución de sus protagonistas, algo necesario en el relato de las dos películas.

Las interpretaciones son prácticamente todas de altura, desde Tristán Ulloa, como abogado del protagonista, pasando por Leonor Watling, como una ex-novia que no se entera de nada, hasta llegar a Leonardo Sbaraglia, como un carcelero hijo de puta, que poco a poco va teniendo una relación de admiración/respeto con Puig Antich. También tenemos a Celso Bugallo, que una vez más, vuelve a estar inmenso, y esta vez sin decir apenas nada (interpreta al padre del protagonista, y evidentemente, el acento gallego del actor le delataría), pero basta su rostro, lleno de dolor, de silencio, de miedo, para transmitir la profunda tristeza de su personaje. Y por último, Daniel Brühl, interpreta a Salvador, y lo cierto es que realiza la que probablemente sea su mejor interpretación, aunque yo personalmente hubiera preferido a otro actor con más carisma y más fuerza. Brühl, a pesar de que está bien, queda un poco blandengue.

Una magnífica película hecha con el corazón, salida muy de dentro, y que nos hace vibrar, dos horas de auténtico cine, verdaderamente compremetido, y que además nos recuerda qué cosas no deben de volver a suceder, si no queremos de nuevo agachar la cara de vergüenza recordando nuestro pasado, que nos pese o no, lo tuvimos. Y no fue hace tanto.

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