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Sitges 2010 | 'Zebraman: Attack on Zebra City' (Takashi Miike), 'Norwegian Ninja' (Thomas Cappelen Malling) y 'Rubber' (Quentin Dupieux)

Sitges 2010 | 'Zebraman: Attack on Zebra City' (Takashi Miike), 'Norwegian Ninja' (Thomas Cappelen Malling) y 'Rubber' (Quentin Dupieux)
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Desconozco si es algo común a otros festivales, pero una de las señas de identidad de Sitges son sus maratones. A eso de la una de la madrugada, puedes ver una serie de tres películas (y algún corto) por el precio de una (normalmente, en cada cine proyectan uno a diario). Como a estas citas tan tardías suele acudir un público deseoso de propuestas diferentes, y para qué negarlo, poco exigente, ante todo con ganas de reírse y pasar un buen rato en compañía de espectadores con gustos similares, los títulos que se incluyen en el maratón se corresponden con las historias más absurdas, cómicas o sangrientas de la programación.

Al menos, en teoría. Como podréis suponer, los maratones también se aprovechan para colar producciones más mediocres y corrientes de lo que aparentan, con la idea de que a ese precio y a esas horas, los espectadores no van a quejarse mucho, y siempre pueden quedarse a dormir si se aburren, a la espera de que la siguiente película les resulte más satisfactoria. No es el caso del maratón que os voy a comentar, quizá el más interesante de todos los que hubo, aunque puedo aseguraros que la sala empezó llena y cuando se proyectó el último film, en torno a las cinco de la mañana, ya sólo resistíamos la mitad. Eso sí, aún quedaban fuerzas para reír y aplaudir, incluso sin buenos motivos.

‘Zebraman: Attack on Zebra City’, Miike desatado

Cuesta creer que una misma persona haya dirigido películas tan diferentes como ‘Thirteen Assassins’ y ‘Zebraman: Attack on Zebra City’, ambas en la programación de Sitges 2010, pero estamos hablando del japonés Takashi Miike, uno de los cineastas más prolíficos e inclasificables del planeta. Mientras que la primera película es un drama de acción ambientado en el siglo XVIII, serio, elegante y (en la medida de lo posible) realista, la segunda es un disparatado cóctel de humor, fantasía, aventuras y crítica política que nos traslada al futuro. En el año 2025, Tokio se llama Zebra City, una ciudad protegida por un escudo de rayas blancas y negras donde el crimen ha sido erradicado. En realidad, la gente vive más asustada que nunca, ya que durante la “hora cebra” está permitido todo: el robo, el asesinato, la violación…

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‘Zebraman: Attack on Zebra City’ (‘Zebraman: Zebra City no Gyakushu’) es la segunda parte de ‘Zebraman’ (2004) y vuelve a estar protagonizada por el carismático Sho Aikawa. La trama parte de que el protagonista ha estado dormido durante quince años, tras un peculiar experimento en el que perdió toda su maldad (su negrura), ahora personificada en una joven (Riisa Naka) que se ha convertido en una estrella pop (en dos ocasiones la película se rompe y se transforma en un videoclip). De nuevo volverá a aparecer un poderoso alien (enemigo de la anterior entrega) y Zebraman tendrá que solucionarlo todo, incluyendo la ciudad oprimida. Una propuesta divertida, completamente absurda, que sin embargo se atasca cada vez que apuesta por el drama y la acción.

‘Norwegian Ninja’, el gran héroe noruego

Le tenía mucho miedo a ‘Norwegian Ninja’ (‘Kommandør Treholt & Ninjatroppen’), del debutante Thomas Cappelen Malling, pero la película resultó ser una pequeña grata sorpresa. Al parecer, el director es un gran apasionado de las artes marciales y el cine de acción, así que decidió partir de unos hechos reales (un juicio a un espía de su país) para construir una peculiar historia cómica de aventuras que juguetea con el documental y un estilo visual propio de los 80. El protagonista, encarnado por Mads Ousdal, es una especie de superhéroe infalible e irresistible, el líder de un escuadrón de ninjas noruegos que debe mantener la paz en su país.

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La trama tiene lugar en 1983 y se centra en la posibilidad de un golpe de estado que podría provocar un conflicto bélico internacional. A pesar de los intentos por desacreditarle, el agente secreto Arne Treholt y su equipo trazan un sofisticado plan para acabar con los terroristas. El planteamiento, el toque nostálgico, los guiños a la saga de James Bond y la total falta de pretensiones dan alas a un film deliberadamente ridículo que llega a provocar no pocas carcajadas. Treholt está destinado a convertirse en un personaje de culto, con sus gafas de pasta y sus extraordinarias habilidades (entre las que se encuentran aparecer y desaparecer con sus bombas de humo o vestir a alguien en una décima de segundo). El problema de ‘Norwegian Ninja’ es que Malling se divierte tanto con su protagonista que no sabe parar y se hace repetitivo verle hacer las mismas cosas a largo de toda la película. Lo mejor: la presentación de la isla y el grupo de ninjas. Lo peor: que el ingenio se agota pronto.

‘Rubber’, un neumático enfadado

Sin duda, una de las películas más extrañas y atractivas de la programación de este año era ‘Rubber’, escrita y dirigida por el francés Quentin Dupieux (Mr. Oizo en el mundo de la música). Y es que la historia gira en torno a un neumático que cobra vida y se dedica a destrozar cosas, animales y también cabezas humanas si se da la ocasión. Semejante punto de partida es, en palabras de uno de los personajes (interpretado por Stephen Spinella, que se dirige al espectador tras salir de un maletero y sostener un vaso de agua) un homenaje a todos los sinsentidos del cine, como que E.T. sea marrón o que Adrien Brody en ‘El pianista’ lo pase fatal cuando es tan brillante tocando el piano (son dos de los ejemplos que se dan en el film).

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Original, absurda, divertida, la película arranca de manera fulgurante, pero va decayendo poco a poco conforme Dupieux se va quedando sin ideas, y rellena minutos con soluciones y escenas ya vistas. Para que os hagáis una idea: la primera vez que el neumático explota algo, es gracioso, pero cuando ya ha reventado de todo, la pierde. De los escasos 80 minutos que dura ‘Rubber’ yo diría que un cuarto del metraje está compuesto por tomas del “protagonista” rodando por la carretera. Con todo, sólo por el comienzo (la aparición del policía es memorable), las bromas sobre el público (genial la caracterización de los tipos de espectador, o cómo se resuelve la papeleta del que pide más acción) y haberse atrevido a rodar una especie de sangrienta “road movie” con un neumático, se merece el visionado y un buen aplauso.

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