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'Sobran las palabras', el arte del silencio

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‘Sobran las palabras’ (‘Enough Said’, Nicolas Hofcener, 2013) es el penúltimo trabajo interpretativo del actor James Gandolfini, tristemente fallecido el pasado verano. Sin duda su imagen para la posteridad será la de Tony Soprano en la famosa serie de televisión, y que, seamos sinceros, si no hubiera fallecido es muy probable que una película como la que nos ocupa no se hubiese estrenado entre nosotros hace poco. Lo cierto es que ver una de las últimas apariciones del orondo actor puede ser una de las principales bazas para arrastrar a la gente al cine a ver un film que sin duda no tiene nada que hacer al lado de los blockbusters que se estrenan esta temporada, al menos desde una perspectiva económica.

La película es una muestra del cine femenino, que no feminista, estadounidense, obra de Nicole Holofcener, directora que entre otras cosas ha dirigido algunos episodios de la muy exitosa ‘Sexo en New York’ (‘Sex and the City, 1998-2004) y películas como ‘Amigos con dinero’ (‘Friends with Money’, 2006) o ‘Encuentros en Nueva York’ (‘Please Give’, 2010), películas pequeñas, amables, a ratos intrascendentes y que suelen versar sobre las relaciones de ambos sexos, a veces con humor sin caer nunca de lleno en la comedia, y también con algo de drama sin caer también de lleno en él. Eso es, una película seria sin llegar a ponerse melodramática y con sus puntos de humor sano sin llegar a reírse de las situaciones o sus personajes.

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(From here to the end, Spoilers) Eva (Julia Louis-Dreyfus) es una mujer divorciada que vive de hacer masajes a domicilio. Su vida se reparte entre su trabajo, en el que tiene que aguantar las manías de sus clientes, y prepararse mentalmente para que su hija se vaya a la universidad. En una fiesta conoce a dos personas que alimentarán más su visión de la vida, por un lado a Albert (James Gandolfini), también divorciado, con el que surge un gran feeling, y Marianne —Catherine Keener, la actriz fetiche de la directora, esta vez en un personaje secundario—, una poetisa que reclama los servicios de Eva para que le dé masajes. La sorpresa se producirá cuando acercándose tanto a Albert como Marianne, descubra que ambos estuvieron casados, cambiando su percepción en ciertas cosas.

Y eso es precisamente de lo que va ‘Sobran las palabras’, título muy acertado, de la falsa percepción que podemos tener de las personas que nos rodean al fiarnos simplemente de lo que nos cuentan otras según su percepción. Y ello subrayando la diferencia generacional. Mientras los hijos de los protagonistas piensan en abandonar el nido materno al irse a estudiar fuera, en cierto modo comenzar solos la andadura por este mundo, sin saber si quiera los que les espera, sus progenitores se enfrentan a otro tipo de problema, el de la convivencia o las relaciones, asustados en cierto modo por lo que les puede pasar. Miradas adultas y con experiencia frente a las jóvenes, más abiertos a todo porque aún no han sufrido. Atención a la sorpresa de Eva cuando se entera de que algunos jóvenes hacen tríos sexuales. Mientras unos se abren a experimentar, otros ponen cara de disgusto ante la idea.

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¿Y es que acaso el terceto protagonista no es un trío involuntario en buena parte del metraje? Una relación de lo más curiosa a tres bandas en la que las experiencias pasadas de la ex-mujer de Albert influyen sobremanera en la relación que aquél ahora mantiene con Eva, como si se envenenase la relación, haciendo que ésta pueda fracasar. Material delicado y espinoso, muy realista por cierto, que Holofcener maneja con más delicadeza todavía, quizá sin profundizar demasiado, porque al fin y al cabo sobran las palabras. La película es un acierto en el retrato de tres personajes que andan un poco perdidos en cuanto a relaciones, como si fuese la primera vez, como si los errores del pasado de poco valiesen.

‘Sobran las palabras’ es sobre todo un placer en interpretaciones, de esas tan naturales que asustan. Y evidentemente quien brilla a gran altura, sobre todo por moverse entre bastantes actrices, es James Gandolfini, que logra desvestirse de todos sus tics de Tony Soprano, logrando el personaje quizá más realista de la historia, un hombre común con varios defectos y también virtudes, y que el actor logra hacer entendible gracias simplemente a su forma de mirar, algo realmente difícil de conseguir. Sin embargo, supongo que muchos coincidimos en que Gandolfini es un actor muy físico, capaz de conseguir grandes instantes con su sola presencia y gestos, en este caso las miradas de aprobación, deseo, decepción o desaprobación hacia los personajes que le rodean, en concreto Eva. Y aunque no faltan diálogos realmente buenos, es precisamente en esos instantes de interpretación física donde la película alcanza sus mejores momentos, aquellos en los que no hay palabras. Breves pero intensos.

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