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'The Collection', más sangre

'The Collection', más sangre
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A principios del 2012 llegó a nuestras pantallas, más tarde que pronto como viene siendo habitual con las películas normalmente pequeñas, 'The Collector' (id, Marcus Dunstan, 2009), la ópera prima de uno de los guionistas de la saga 'Saw' y 'Feast' —ésta no tan conocida por estos lares pero no exenta de interés—, y que con dicho film daba otra vuelta de tuerca al subgénero conocido como torture porn. Sin tratarse de una gran película, ésta tiene cierto atractivo por resultar una especie de versión bestia de muchas películas centradas en violar la intimidad de la gente en su propia casa, añadiendo unas cuantas gotas de sangre, muchas en realidad, y también el punto más interesante de la historia, aquella que conecta de lejos al villano de la función con 'El coleccionista' ('The Collector, William Wyler, 1965).

En una época de secuelas y secuelas, y sagas que mezclan unas películas con otras, una continuación estaba más que cantada, sobre todo teniendo en cuenta el final abierto de la primera entrega. Lo cierto, y subrayando una y otra vez que no era ni siquiera una buena película, quedaban ganas de saber más a cerca del misterioso personaje vestido de negro y que llenaba las casas de sus víctimas de trampas de lo más ingeniosas. No hay duda de la herencia de la saga 'Saw' en ese punto sobre las "armas" utilizadas por el torturador para terminar con las pobres víctimas que normalmente terminan desangradas, no sin antes haber sufrido lo suyo. La secuela multiplica ese elemento por mil, pero sin embargo pierde en misterio y atmósfera. En 'The Collection' (id, Marcus Dunstan, 2011), que también llega tarde a nuestros cines, más es menos.

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(From here to the end, Spoilers) Tras los hechos acaecidos en 'The Collector', la secuela añade en sus primeros cinco minutos un montón de datos. Todo el mundo sabe que hay un asesino en serie destrozando a las víctimas y que no hace ningún tipo de discriminación. Mata a cualquiera que entre en su punto de mira, sin importar si es hombre o mujer, blanco, negro, asiático, rico, pobre, adulto o niño. La policía anda tras la pista mientras la protagonista femenina de esta secuela, Elena (Emma Fitzpatrick) asiste a una fiesta de música electrónica —absolutamente recomendable si quieres pasarte tres pueblos— que pronto se convertirá en una carnicería orquestada por el coleccionista que asesina sin piedad a todos los asistentes quedando muy pocos supervivientes, entre ellos el protagonista de la anterior entrega, que logra escapar del cautiverio de su agresor y torturador. En el hospital recibirá un encargo del padre de Elena —papel a cargo de Christopher McDonald— que ha contratado a un equipo muy especial para rescatarla y librar al mundo de tal psicópata.

Lo que parece va a ser un comando especial, armado hasta los dientes, entrando en la guarida del villano —donde al muy idiota se le ocurre hacer la fiesta citada, mala idea donde las haya— da paso enseguida a un producto falto de ideas y situaciones interesantes por más que deseemos en todo rato que la originalidad de la primera entrega haga acto de presencia. El comando no es tan especial, caen como moscas, y el asesino desvela menos inteligencia que en su anterior aventura. Sigue habiendo vísceras, trampas —aunque menos originales debido al lugar—, mucha violencia, muchos gritos y en este caso un argumento más loco y también simple. Es evidente que a este tipo de películas no hay que buscarle nada demasiado complicado, sólo dejarse llevar por el aluvión de muertes sangrientas sin ton ni son. Eso tampoco lo convierte en una buena película.

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Josh Stewart sigue demostrando que no es un buen actor, incluso su personaje pierde en interés. Emma Fitzpatrick se suma a todas esas heroínas del cine de terror que compiten por ver quién grita mejor, y es una verdadera pena ver a Andre Royo —al que todos le tenemos un cariño especial por su inolvidable Bubbles en la serie 'The Wire' (2002-2008)— metido en esta guisa con una pinta además verdaderamente ridícula. El verdadero rey de la función, si queremos decirlo así, es el desconocido Randall Archer, especialista que ha trabajado en series de televisión y numerosas películas que aquí presta su cuerpo al sádico villano que posee una retorcida colección. En perfecto estado físico, debe estarlo evidentemente, se luce en las peleas cuerpo a cuerpo. Por otro lado es un acierto que jamás se le vea la cara, ni siquiera en ese tramo final en el que la venganza más básica pone el cierre a la película.

'The Collection' es una película muy floja que ni siquiera hace honor a su título. Sigue resultando muy interesante la idea de las víctimas encerradas en los baúles, pero lo realmente impactante de la primera entrega —gente atacada en su propio hogar que se convierte una trampa mortal— desaparece por completo en la secuela que tira aún más por lo fácil. De las incongruencias del guión mejor ni hablar. A Josh Stewart habrá que darle un voto de confianza con su ópera prima 'The Hunted', también escrita por él, una sangrienta historia sobre dos cazadores.

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