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'The Fighter', el boxeador y su familia

'The Fighter', el boxeador y su familia
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¿Por qué simplemente no cierras la boca y te sientes feliz por mí?

(Micky Ward | Mark Wahlberg)

El pasado viernes llegó por fin a nuestras carteleras uno de los títulos más importantes de los últimos meses, ‘The Fighter’ (2010), drama ganador de dos Globos de Oro y candidato a siete Oscars. Dirigida por David O. Russell (‘Tres reyes’, ‘Extrañas coincidencias’), en sustitución de Darren Aronofsky (abandonó el proyecto por su similitud con ‘El luchador’ para centrarse en ‘Cisne negro’), y protagonizada por Mark Wahlberg, Christian Bale (ganó un Globo de Oro y es favorito para el Oscar al mejor actor de reparto), Melissa Leo (ídem) y Amy Adams, la película narra la historia real de dos hermanastros dedicados al boxeo; Dicky Eklund, toda una leyenda de la ciudad de Lowell, gracias a un combate en el que contra todos los pronósticos tumbó a un campeón del mundo (Sugar Ray Leonard), y Micky Ward, todo un ejemplo de esfuerzo y determinación, que es entrenado por el primero pero no consigue despegar.

Pese a lo que sugiere el cartel, donde solo aparecen retratados Wahlberg y Bale, apoyados en las cuerdas de un ring tras un intenso entrenamiento, ‘The Fighter’ no se centra en el duro camino que emprende un boxeador para lograr el campeonato del mundo, aquí eso es la excusa, una trama de fondo. Lo esencia es el drama familiar y el retrato del entorno en el que viven los protagonistas, un relato humano y social, apoyado en el comprometido trabajo de los actores, que a cada rato se acelera con combates de boxeo. Y puede que esto decepcione a los que busquen otra extraordinaria hazaña de un púgil imparable sobre la lona, pero en mi opinión es un acierto, es lo que la diferencia y la hace más emocionante, más interesante y auténtica. No me parece que sea una gran película, ni tampoco una de las diez mejores películas del año pasado (sigo manteniendo mi lista), pero sí que hay en ella excelentes interpretaciones.

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Escrito por Scott Silver, Paul Tamasy y Eric Johnson, el guion de ‘The Fighter’ nos traslada a Lowell (Massachusetts) en 1993. Dicky Eklund (Bale) se pasea por las calles como una auténtica estrella, no en vano es conocido como “el orgullo de Lowell”, mientras su hermanastro Micky Ward (Wahlberg) le acompaña en silencio y le sigue el juego, como todos los demás. Dicky es objeto de un documental de la cadena HBO (luego descubriremos el verdadero motivo de la grabación) y toda la atención de la familia (un matriarcado) gira en torno a él, aunque lleva años retirado del boxeo y es un adicto al crack; Micky es quien compite, entrenado por su hermanastro, pero nadie parece tomarle en serio, empieza a acumular derrotas y va pasando el tiempo sin que tenga verdaderas opciones de aspirar al título. Tras un incidente con la policía, Dicky acaba en la cárcel y Micky, sin su entrenador, sin autoestima, y con una mano rota, tira la toalla.

Varios años se ha llevado Mark Wahlberg preparando este papel, hasta que por fin pudo iniciarse el rodaje (duró apenas un mes), en la misma ciudad y el mismo gimnasio donde entrenaron los protagonistas reales de esta historia; el actor confiaba en el potencial del relato y quería darlo todo para resultar creíble como boxeador, dar la talla tanto en el físico como en los movimientos y los golpes. En ese sentido no hay nada que objetar, lo mismo que Christian Bale, que debió adelgazar para representar el deterioro que sufre su personaje al abandonar el deporte y dejarse arrastrar por las drogas (sensacional el tramo de falso documental donde le vemos confesarse). Distanciado de la perjudicial sombra de Dicky Eklund, que descuidaba todo por su adicción, y la errónea visión de su madre (Melissa Leo), que era la manager de ambos, y gracias al apoyo de su novia (Amy Adams), que confía ciegamente en él, “Irish” Micky Ward vuelve a entrenar, vuelve al cuadrilátero y su suerte empieza a cambiar.

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Mirando las nominaciones al Oscar, cosa que no puedo evitar, considero que tiene más de las que se merece, sobran al menos las de mejor película y dirección (teniendo en cuenta las ausencias). Pero así funciona, los títulos que se estrenan a finales del año tienen más opciones que los vistos meses atrás; creo que con ‘The Fighter’ ha pasado como con ’127 horas’, el formidable trabajo interpretativo ha animado a sobrevalorar otros apartados. Aquí el que sobresale claramente es Christian Bale dando vida a Eklund, trabajo por el que podría recoger su primer Oscar (en su primera nominación), un papel que curiosamente tiene más de una similitud con el que interpreta el que parece su gran rival por la estatuilla, Geoffrey Rush en ‘El discurso del rey’. Bale sin embargo añade la transformación física (como ya hiciera en ‘El maquinista’ y ‘Rescate al amanecer’), algo que suele contar mucho en estos premios. Cuesta acostumbrarse a la composición del camaleónico actor galés, pero conforme avanzan los minutos se va haciendo más creíble, se van captando matices (atención a los créditos finales, donde aparece el verdadero Eklund) y la evolución del personaje termina cautivándole a uno.

Todo esto puede aplicarse a la película en conjunto, que se va consolidando y mejorando poco a poco, llegando en plena forma al tramo final, como el propio Micky Ward. Aquí las dos horas están plenamente justificadas, se necesitan para adentrarse en el relato de esta peculiar familia. Además de Bale, hay que destacar el sensacional trabajo de Melissa Leo, con un papel muy difícil, y la sorprendente aportación de personas reales del entorno de Ward, en especial el policía y entrenador Mickey O´Keefe. Magnífico trabajo de recreación el realizado en ‘The Fighter’, logrando que por momentos uno se olvide que está viendo un largometraje de ficción. Se abusa de la cámara en mano, pero es cierto que también los combates resultan realistas, y aunque no está muy lograda la preparación del más importante, donde está en juego el título de campeón, uno entiende que lo esencial era sentir la experiencia de la lucha de Micky, con la misma intensidad que lo viven sus familiares y amigos, como si el espectador fuera uno más del grupo. Y eso se consigue.

3,5

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