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'Tideland': entre la fascinación y la indiferencia

'Tideland': entre la fascinación y la indiferencia
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Terry Gilliam nos presenta en ‘Tideland’ un film muy bellamente rodado, con unos personajes inquietantes y unos mundos fantásticos que se acercan a ‘Alicia en el país de las maravillas’. Basada en la novela de Mitch Cullin, la película nos cuenta cómo la pequeña Jeliza-Rose trata de huir de una terrible realidad gracias a sus juegos y fantasías. Aquí se puede ver el tráiler.

La sensación que produce ‘Tideland’ (la tierra de las mareas) es de una fascinación inmediata que se diluye rápidamente una vez termina su visionado. A pesar de sus momentos de dureza, nada de lo que contiene deja marca.

Esto quizá se debe a que el espectador en este film no es más que eso: un espectador. La imaginación que permite a la protagonista y a su amiguito creerse que están en el océano, buceando o a bordo de un submarino, es la que podríamos tener todos a su misma edad, o quizá un poco más desbordada. Sin embargo, lo interesante de esa capacidad para dejarse llevar a universos imaginarios era estar en la cabeza, en el pellejo, de quien jugaba a ser un marino o un aventurero. El contemplar desde una butaca cómo se despliega el imaginario ajeno no es tan sublime como el vivirlo. Y lo que no logra la película es arrastrarnos, llevarnos, hacernos sentir esas aventuras. Como en otros films del autor, queda patente una artificialidad que quizá es intencionada. A ello hay que sumar que, a pesar de que las intenciones de Gilliam son que nos sumerjamos en el mundo de fantasía que se ha creado Jeliza-Rose, es difícil sustraerse a la realidad de la niña. Sus padres son yonquis y no cuidan de ella, ni siquiera la alimentan. Por lo tanto, se produce una mezcla difícil de digerir entre el drama social y la evasión causada por la inocencia infantil.

Jodelle Ferland (‘The Messengers’, ‘Silent Hill’) es lo más impresionante de toda la película. La niña protagonista, que combina su inocencia con un despertar prematuro a la pubertad, desempeña de maravilla un papel difícil y con un protagonismo absoluto. Los nombres célebres del repato, como son Jeff Bridges (‘Los fabulosos Baker Boys’, ‘El Rey Pescador’) y de Jennifer Tilly (‘La novia de Chucky’, ‘Balas sobre Broadway’), son meros acompañantes. Janet McTeer y Brendan Fletcher en la piel de sus estrafalarios personajes, tienen una mayor importancia y dan vida a criaturas que también se acercan a lo fabuloso, literalmente.

Con una niña como protagonista y una mezcla entre fantasía y realidad es difícil evitar la comparación con ‘El laberinto del fauno’. Sin embargo, en poco se parecen ambos films. Sus tratamientos son muy diferentes y sus resultados tampoco se asemejan, como no creo que se igualasen las intenciones de sus realizadores. Si bien en la de Guillermo del Toro la parte social y la fantástica no se mezclaban quizá porque las tramas estaban contadas de maneras demasiado diferentes y la imaginada no tenía desarrollo argumental (aquí se puede leer esto con una explicación más completa); en la de Gilliam, cada parte va por su lado porque no se intenta en ningún momento que se mezclen, que influyan la una en la otra. Y, paradójicamente, el resultado puede ser más compacto en el presente film.

Con una acogida tibia entre la crítica y un retraso de dos años, se estrena en España ‘Tideland’, un film de imágenes retratadas con extraordinaria hermosura y con un mundo muy particular que sólo Terry Gilliam sabe lograr.

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