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'Un enredo para dos', un juego de niños

'Un enredo para dos', un juego de niños
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Conmemoramos que hoy, 1 de julio de 2010, se cumplen diez años de la muerte del gran actor que fue Walter Matthau, con un comentario sobre una de sus comedias: 'Un enredo para dos' ('Hopscotch', 1980).

En ella se nos cuenta la historia del agente de la CIA Miles Kendig que, después de haber sido degradado por su incompetente jefe, decide abandonar la agencia. Lo que sus antiguos compañeros no se esperan es que comience a redactar unas comprometedoras memorias, que no solo les pondrán en ridículo, sino que desvelarán turbios secretos de la CIA, arriesgando la seguridad nacional. Cuando Kendig comienza a enviar los primeros capítulos a las principales centrales de inteligencia del mundo, la CIA decide que tienen que poner fin a la publicación del libro a toda costa. A partir de ahí, comienza un juego del gato y el ratón que es el corazón de la película.

Lo primero que llama la atención de 'Un enredo para dos' es su tono. El título original, 'Hopscotch', se corresponde al juego infantil de la rayuela, lo cual indica que el plan del protagonista para él no supone sino una broma cometida con el ánimo de divertirse. El director, Ronald Neame, huye de los aspectos más bufos de la comedia y confiere a todas las escenas un importante tono de sobriedad, pero sin perder nunca el humor. Y esto es lo que hace a la película tan peculiar.
El ritmo del film es otro acierto de la apuesta de Neame: no es acelerado, pues la intención es crear un divertimento, en el que los espectadores disfrutemos de la inteligencia del agente, y no un thriller de urgencia, en el que el protagonista tema constantemente por su vida. Pero tampoco es un ritmo lento, porque los giros ingeniosos nunca dejan de sucederse para completar una regocijante venganza. Se podría decir que, escena tras escena, la película aparenta cierta morosidad, ya que los sucesos se apoyan más en diálogos y tranquilos procedimientos, antes que en aceleradas secuencias de acción; pero su construcción global deja la impresión – acertada y buscada – de gran y cómica aventura.

Un enredo para dos

'Un enredo para dos' es, asimismo, una hija de su tiempo: corría el año 1980 y, antes de que la era Reagan inundase todo el mundo con su patriotismo militarista, películas como ésta se erigían en toda una crítica al gobierno, a sus cloacas y a los discutibles métodos que emplean las agencias de la inteligencia. El propio Kendig, mientras escribe sus memorias, se pregunta, asqueado, "¿Cómo pude llegar a formar parte de aquello?", haciendo que su venganza contra la CIA pase de pasatiempo cómico a pequeña revolución contra el sistema.

Sin embargo, en otros aspectos, su director semeja seguir anclado en estéticas pasadas: en la versión más sobria y visualmente menos interesante de los '60. Esto provoca que, por ejemplo, las ingentes cantidades de tacos suenen ligeramente fuera de lugar, ya que la relajación de la censura se dio en los '70 y '80. Quizá esta falta de atractivo visual pudiese hacer pensar en que 'Un enredo para dos' sea un perfecto material para hacer un remake. Pero tengo mis dudas. No sólo por la dificultad de encontrar un actor que pudiese igualar la excelente interpretación de Walter Matthau, sino también por la complicada labor de hallar, a día de hoy, a un director que comprendiese que una película de tiros, persecuciones y hasta duelo de aviones, funciona precisamente por estar hecha desde la contención y la sobriedad.

Un enredo para dos

Para lograr el tono y el ritmo acertados, Neame no está solo. Por supuesto, contar con actores del calibre de Walter Matthau y Glenda Jackson ayuda: pocos intérpretes han sabido hacer más con menos. Con un aspecto opuesto por completo al que esperaríamos contemplar en un agente secreto y en una diva de cine de acción, respectivamente, y con la tranquilidad que les dan los años, estos dos enormes intérpretes confieren a la película una madurez, pero no en el sentido de avejentamiento físico, sino de aplomo e importancia del film. Ello no quita que dejen traslucir humor, ella con cierta socarronería y él con la habilidad innata que siempre le caracterizó, es decir, simplemente con estar ahí. Herbert Lom (en la fotografía anterior), a quien recordaréis, entre otras cosas, por hacer del jefe del inspector Clouseau, cuenta con un papel que le sitúa en el otro bando y en un estilo interpretativo diferente al que nos tiene acostumbrados, pero igual de acertado.

Después disfrutar este film, el primer impulso es decir "¿Por qué ya no se hacen películas así?". Sin embargo, hay que observar que en aquella época tampoco había ninguna película que se pareciese a 'Un enredo para dos'. Y ahí está su grandeza.

Mi puntuación:

3,5
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