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'Una bala en la cabeza', cine de acción a la antigua usanza

'Una bala en la cabeza', cine de acción a la antigua usanza
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Hay una gran cantidad de directores de Hollywood que se hicieron un nombre en los años 70 y 80 del siglo pasado que, por un motivo u otro, no han encontrado su hueco en el cine del nuevo milenio. Me vienen a la mente casos como el de John McTiernan y sus problemas legales o Richard Donner y el cómo los gustos del público parecen haber enterrado el cine de acción que tanto éxito le reportó en su momento. Sin embargo, el caso que nos interesa ahora es el de Walter Hill -pinchad en el enlace si queréis ver el estupendo repaso a su obra que está haciendo mi compañero Alberto—, ya que este viernes llega a los cines españoles 'Una bala a la cabeza' ('Bullet to the Head', 2012), su primer largometraje desde que estrenase 'Invicto' ('Undisputed') hace la friolera de 11 años. Eso sí, no ha sido tanto tiempo alejado de las cámaras, pues rodó el episodio piloto de la estupenda 'Deadwood' (2004-2006) y la miniserie 'Los protectores' (2006), demostrando en ambas ocasiones su probada pericia para abordar el género del western.

Hill siempre demostró una querencia por adaptar guiones escritos por él mismo, no encontrándose, por lo general, entre sus mejores trabajos aquellas ocasiones en las que tenía que plegarse a un libreto ajeno. Especialmente calamitoso fue el caso de 'Supernova (el fin del universo)' ('Supernova', 2000), ya que Hill quedó tan insatisfecho con el resultado final —no pocos apuntan que lo que pudimos ver en pantalla apenas guarda relación con lo planeado por el director de 'El último hombre' ('Last Man Standing', 1996)— que exigió firmar la película bajo el seudónimo de Thomas Lee. Hubo muchos rumores en su momento sobre que podría suceder algo similar en el caso de 'Una bala en la cabeza' por presuntas divergencias entre él y Sylvester Stallone, gran protagonista de la función, pero éstos fueron desmentidos y todo tuvo un final feliz para esta película de acción al estilo de los 80 que no cambiará nuestra vida, pero sí que ofrece suficientes puntos de interés para los nostálgicos de este tipo de cine.

Sylvester Stallone hacha en mano en

Resulta evidente que uno de los principales objetivos de 'Una bala en la cabeza' es resucitar al Hill de 'Límite: 48 horas' ('48 Hrs.', 1982) —y su secuela—, pues el guión de Alessandro Camon —y el propio Hill— tarda bien poco en fijar su naturaleza como buddy movie, siendo ésta una de sus principales debilidades. El mayor error es el tremendo fallo de casting que ha sido el fichaje de Sung Kang, principalmente conocido por su participación en varias entregas de la saga A todo gas, ya que prácticamente nunca demuestra tener química alguna con Stallone. Una de las claves de ese tipo de producciones siempre fue que los dos personajes aportasen algo al relato, optando normalmente por un choque de personalidades obligadas a entenderse, pero aquí la cosa hace aguas por el lado de Kang, ya que el dibujo de su personaje por parte de Camon no podría ser más deficiente: Recto defensor de la ley que censura sin gracia —y de forma harto redundante y erróneamente intensa— alguna las acciones fuera de la ley de Stallone, aportando únicamente eso al relato. En primera instancia pensé que su fichaje se debe a la creciente importancia del mercado chino y las mayores facilidades para estrenar una película allí si se cuenta con algún intérprete asiático —la novia de Bruce Willis en 'Looper' (id., Rian Johnson, 2012) es china única y exclusivamente por ese motivo—, pero Kang nació en Estados Unidos, por lo que sencillamente debe ser un error en la propia concepción de la historia.

'Una bala en la cabeza' es una película de Walter Hill con Sylvester Stallone y los momentos en los que tienen claro eso —la confrontación entre él y otro personaje en los alrededores de una piscina— son cuando lo que vemos en pantalla resulta más interesante. Una de las cosas que más agradecí durante su visionado es que Hill no tenga ningún interés en complicar la historia más de la cuenta con la conspiración de los villanos, en el fondo una réplica exacta de la que vertebraba todo el relato de insípida 'La trama' ('Broken City', Allen Hughes, 2013), sino que la acción es la razón de ser de 'Una bala en la cabeza'. Y no lo es de una forma rebuscada con abundantes tiroteos o persecuciones que parece que nunca van a acabar, ya que el principio rector de la película es ir al grano —se dispara directamente a la cabeza y no hay resurrecciones milagrosas que valgan— y sólo regodearse en el apartado físico de las peleas cuerpo a cuerpo, un arte cada vez más en desuso y que aquí nos regala un par de secuencias especialmente inspiradas por parte de Hill, en las que además Stallone tiene la ocasión de mostrar que sigue en plena forma a sus 66 años.

Imagen de Sylvester Stallone en

Más dudas hay cuando el argumento se detiene en apuntes dramáticos como la problemática relación entre Stallone y su hija —intrascendente Sarah Shahi— o la obsesión del personaje de Jason Momoa con aniquilar por puro placer a cualquiera que se cruce en su camino, ya que el protagonista de 'Conan el bárbaro' ('Conan the Barbarian', Marcus Nispel, 2011) sólo impone respeto por su presencia física, siendo otro más en la interminable lista de villanos intercambiables que solían poblar este tipo de producciones. Sin embargo, Hill es consciente de estas limitaciones y les dedica pocos minutos para que el ritmo no decaiga y evitar así que el espectador pueda aburrirse con lo que no deja de ser una cinta de acción concisa y directa en la que no importan tanto las motivaciones dramáticas de los personajes como ver a Sylvester Stallone ejerciendo una vez más como héroe de acción de los 80. El resto son añadidos que hacen falta para que la historia de 'Una bala en la cabeza' tenga cierto sentido, pero que, como ya sucedía en muchas películas de este tipo en su época, restan empaque al conjunto.

'Una bala en la cabeza' no es una gran película y tampoco un entretenimiento tan genial como podría haber sido, pero es un ejemplo bastante digno de cine de acción a la antigua usanza que no alarga la historia sin necesidad —muchos largometrajes actuales de ese y otros géneros se van últimamente hasta las dos horas sin que exista necesidad alguna de ello— y va directa al grano. Necesitamos más películas como ésta —y más héroes de acción como Stallone—, aunque, eso sí, que no cometan fallos de casting tan notables como el de Sung Kang en el caso que nos ocupa.

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