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'Una chica vuelve a casa sola de noche', vampirismo iraní
Críticas

'Una chica vuelve a casa sola de noche', vampirismo iraní

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‘Una chica vuelve a casa sola de noche’ (‘A Girl Walks Home Alone At Night’, 2014) es la ópera prima de Ana Lily Amirpour, directora nacida en Londres, de procedencia iraní y residente en Los Ángeles. Para su primer film se ha arriesgado, al menos desde una perspectiva comercial, por cuanto ha sido filmado en blanco y negro y es hablado en persa. Una nueva mirada sobre el fascinante mundo vampírico, y que guarda algunos nexos de unión con films de idéntica temática firmados por Abel Ferrara y Jim Jarmusch.

En glorioso scope, ese formato que algunos directores utilizan sólo porque luce más, Amirpour nos propone una variación del mito vampírico a través de un film que funciona más por bloques que en su conjunto. Una premisa de lo más breve, y que se desarrolla en realidad poco, quizá poca cosa para un largometraje estándar. Con todo su visionado supone toda una experiencia sensorial, aunque también cierto déjà vu, claro que a día de hoy eso ya no debería tomarse como un defecto.

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Dicha sensación se produce por algunas de las referencias que la directora usa sin disimulo alguno, desde la utilización de una banda sonora, con el tema ‘Black Sunday’ de Federale, que recuerdan al Ennio Morricone de los spaghetti western, sub-género al que el film se acerca un poco en determinados momentos; la película también se acerca a ese film de culto reciente titulado ‘Drive’ (id, Nicolas Winding Refn, 2011) con la que guarda algún que otro parecido formal a pesar de sus evidentes diferencias temáticas.

Una historia de amor

Uno de ellos es el uso de unas muy elegidas canciones para los momentos más representativos de la historia, por ejemplo los acercamientos de la chica vampiro al protagonista masculino, una especie de James Dean, rebelde sin causa, del que se enamorará perdidamente. En la inventada ciudad iraní Bad City –en realidad un barrio californiano− ambos son personajes perdidos que se encuentran en circunstancias nada fáciles. La historia de amor de siempre servida con filtros nocturnos.

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Una noche que además muestra la soledad de unas calles por las que no pasea casi nadie, únicamente los protagonistas de la historia. Amirpour utiliza largos travellings y planos para dos tipos de acercamiento. Por un lado el de la chica vampiro a sus víctimas, y por otro con su fascinado amante. Atención a la primera vez que se acercan, la directora alarga hasta casi el extremo el momento, como deteniéndolo en el tiempo, eterno, de todo vampiro.

‘Una chica vuelve a casa sola de noche’ es tan irregular –tendencia a la repetición− como fascinante –su poderosa estética−, y tiene una gran baza en su actriz protagonista. Sheila Vand, a la que pudimos ver en su momento en ‘Argo’ (id, Ben Affleck, 2012), hipnotiza con su sola presencia, en ella parecen reunirse físicamente algunas de las actrices más guapas del cine, tanto de antes como de ahora. Belleza clásica y moderna se dan la mano en su rostro, algo que le queda perfecto a su rol de vampiro. Imposible no quedarse embobado mirando para ella.

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