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Walter Hill: 'Límite: 48 horas'

Walter Hill: 'Límite: 48 horas'
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Tras la pesadilla en pantanos de Louisiana, Walter Hill vuelve al cine de género con una de las películas que mayor éxito le reportarían como director, 'Límite: 48 horas' ('48 hrs.', 1982), la cual además inauguraría una especie de subgénero muy de moda en los ochenta y noventa, las buddy movies'Arma letal' ('Lethal Weapon', Richard Donner, 1987) y sus secuelas son un buen ejemplo—. Hill pasaría además a la historia, para bien o para mal, de dirigir el primer film donde aparece el luego muy exitoso Eddie Murphy, quien en realidad no fue la primera opción de los productores, quienes antes barajaron los nombres de Richard Pryor —finalmente terminaría trabajando para Hill en una de sus peores películas—, Denzel Washington y Gregory Hines. No hay duda de que Murphy fue una de las claves del éxito, aunque con este personaje Hill cayese en su cine hacia el lado de la comedia fácil y las concesiones.

El partenaire de Murphy es el muy de moda por aquel entonces Nick Nolte, que daría vida a un policía de carácter duro y métodos poco ortodoxos. Dicho papel fue ofrecido a nada menos que Clint Eastwood, pero este quería interpretar el papel del convicto al que pone rostro Murphy. Policía y delincuente con personalidades opuestas en una historia que firmaría el propio Hill, acompañado de Larry Gross y dos especialistas del género: Steven E. De Souza —firmante de los libretos de maravillas como 'Jungla de cristal' ('Die Hard', John McTiernan, 1988)— y Roger Spottiswoode, director, a mi juicio, de una de las mejores películas de acción de aquella década, 'Dispara a matar' ('Shoot to Kill', 1988). Demasiados quionistas quizá para una historia tan simple como la que cuenta el film. Menos mal que tras la cámara está alguien como Walter Hill.

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(From here to the end, Spoilers) El inicio de 'Límite: 48 horas' es puro western, un presidiario al que da vida James Remar —hoy de moda por ser el padre televisivo del exitoso Dexter—, al que ayudan a escapar cuando los presidiarios están trabajando en una carretera, escena que por cierto recuerda a 'La leyenda del indomable' ('Cool Hand Luke', Stuart Rosenberg, 1967) con los policías y las gafas de sol que llevan. Losacordes de un inspirado Ry CooderJames Horner —tanto que poco tiene que ver con el Horner actual— visten dicha huida cual galopada de forajidos se tratase. De ahí se pasa a la complicadsa vida marital de Jack Gates (Nolte), quien tras una rapida presentación ante el espectador se presta a ayudar a dos compañeros en lo que parece un simple caso, tal y como mandan los cánones del género. El resultado es dos policías muertos y el robo del arma de Gates. Los autores, Albert Ganz (Remar), el preso fugado y un indio que le ayudó. Gates tendrá que recurrir a la ayuda de Reggie Hammond (Murphy), un convicto, para atrapar a Ganz antes de que este siga matando gente.

Lo cierto es que tanto la premisa como la historia en sí es de un simple que asusta, pero la buena labor de Hill eleva al film por encima de la media quedando hoy como un ejemplo a seguir dentro del infravalorado cine de acción. De hecho estamos hablando de una de las cintas más influyentes en el cine policíaco posterior, mezclando elementos del thriller setentero con la comedia. Lo cierto es que Murphy y Nolte poseen una excelente química, y en su relación se encuentra lo mejor de un film que va directo al grano y en el que Hill vuelve a demostrar su gran capacidad para la síntesis, aunque esta vez el material que hay de base es muy limitado y justo. Y aunque Nolte está sobrebio en su rol, Murphy empezaba a dar muestras de sus tics más insoportables. Esa risita o numeritos como el del bar donde finge ser un policía sin compasión son claras concesiones a la galería, muy típicas por otro lado en una producción del entonces primerizo Joel Silver, productor con olfato que conseguiría hacerse un nombre y poseer estilo propio cosechando no pocos exitazos.

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Pero aunque estemos ante un film de acción cuyo destino es únicamente entretener, si lo comparamos con muchas de las películas de acción de hoy día, podemos comprobar lo bien que ha resistido el paso del tiempo —yo considero que la película ha ganado con los años—, sobre todo por lo efectivas que son las escenas de acción, destacando la persecución entre un coche y un autobús, elemento este que se convertiría en algo fijo en muchos de los thrillers de Hill, y también por lo descrptivo que resulta en algunos instantes, como el dibujo nocturno de la ciudad, o el trabajo cotidiano de una comisaría de policía —escenas en las que sale Brion James—, todo ello con un excelente ritmo que no decae en ningún momento, incluso en secuencias de tránsito como aquella en la que Gates acude a la llamada de Hammond, que tras haberse peleado con él no duda en llamarle para así ayudarse mutuamente. Toda buddy movie exige que sus protagonistas se enfrenten en personalidades, pero sobre todas las cosas se necesiten.

Lo que clama al cielo es el esquemático dibujo del villano de la función, que a pesar del esfuerzo de James Remar por darle credibilidad, se desvela como un personaje demasiado exagerado, confrontado curiosamente con un indio parco en palabras —Sonny Landham, visto años más tarde en la excelente 'Depredador' ('Predator', John McTiernan, 1987)—, mucho más temible que él. A pesar de eso, y de la mencionada simpleza de la trama, Hill imprime fuerza y rabia a sus imágenes, como ese intenso final, con un Nolte impresionante, que parece sacado de cualquier entrega de 'Harry el sucio', y que en cierto modo resulta precursora de la vista al año siguiente en 'Impacto súbito' ('Sudden Impact', Clint Eastwood, 1983). 'Límite: 48 horas' en mano de otro director sería mucho más pobre de lo que aparenta. Hill consigue un muy digno entretenimiento que se convertiría en un bombazo que provocaría una secuela de la que ya hablaremos, y colocaría a su director en esa posición de lujo en la que podía hacer lo que quisiese. Su elección fue una extraordinaria fábula sobre el rock and roll. Pronto cantaremos con ella.

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