Hay veces que todas las piezas se van colocando de manera casi accidental, y te termina quedando una obra maestra casi, casi de casualidad. El rodaje de 'Malditos bastardos' estuvo llena de casualidades y de riesgos por parte de Quentin Tarantino, que demostró que también hace falta tener suerte además de talento.
Ha ido por un pelo
Cuando te metes a hacer una película, muchos productores y directores intentan dejar toda su planificación lo más cerradita posible. Pero, obviamente, siempre salen contratiempos y decisiones de última hora de por medio, empezando por el reparto.
De hecho, para 'Malditos bastardos', Tarantino tenía un plantel muy diferente en mente, como a Leonardo DiCaprio interpretando al Hans Landa que hizo brillar Christoph Waltz. Su reparto original era bastante distinto, y en un momento dado incluso quiso contar con Adam Sandler y Simon Pegg, pero sus calendarios de trabajo les apartaron del proyecto.
Hans Landa fue uno de los mayores quebraderos de cabeza de Tarantino, porque no encontraba al actor adecuado y se tiró casi diez años buscándolo hasta que apareció Waltz casi de la nada. "Me devolvió mi película", llegó a afirmar Tarantino, y la tremenda actuación que se marcó como el oficial nazi incluso le valió un Oscar y le catapultó al estrellato internacional.
Todas las complicaciones de 'Malditos bastardos' no fueron sobre el papel, porque el rodaje también fue un pifostio peligrosísimo. Entre estrangulaciones que llegó a perpetrar el mismo Tarantino (parando a tiempo, obviamente), o el icónico incendio del cine que llegó hasta los 1000ºC, creando un auténtico infierno en el plató que llegó a derretir los armatostes de acero
Un rodaje complicado y lleno de sorpresas que nos dejó una de las obras más redondas de Quentin Tarantino. Con tensión de principio a fin y víctimas convertidas en vengadores en la que el cine se convierte en el arma definitiva contra los nazis.
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