'Princesa lesbiana del espacio' es una película de animación para adultos tan desbordante como irreverente, que construye un universo sci-fi queer y lo lleva hasta sus últimas consecuencias sin suavizar nada. La acción se sitúa en Clitopolis, un planeta habitado exclusivamente por lesbianas que forman parte de una utopía galáctica conocida como el espacio gay, una región del universo protegida y aislada de cualquier amenaza.
En ese entorno de celebración constante y libertad, la excepción es Saira, la hija tímida de las reinas que gobiernan el lugar, una joven de 23 años atrapada entre la inseguridad y el dolor de una reciente ruptura con Kiki. Cuando Kiki es secuestrada por los Straight White Maliens, una sátira de incels alienígenas empeñados en dominar la galaxia, Saira se ve empujada fuera de su burbuja para salvarla.
Universo queer con imaginación desbordante
Clitopolis es una utopía visualmente saturada de colores rosas y morados, donde la estética pop y la ciencia ficción se combinan con referencias que van desde 'Sailor Moon' hasta 'Rick and Morty', pasando por el espíritu libre de 'Steven Universe'.
La protagonista no encaja en el mundo que la rodea. Su viaje no solo es una misión de rescate, sino también una exploración sobre la autoestima, el trauma y la dificultad de aceptarse a uno mismo.
Los antagonistas, los Straight White Maliens, representan una caricatura de la masculinidad tóxica llevada al extremo. A través del humor absurdo, la película aborda dinámicas de poder y discursos de género.
Después, el secuestro de Kiki impulsa la acción, pero también obliga a Saira a enfrentarse a sus propias inseguridades afectivas y a su incapacidad para mantener relaciones sanas.
Entre naves parlantes con opiniones misóginas y batallas surrealistas contra robots fálicos, la película combina comedia explícita con momentos de introspección emocional inesperadamente profundos. Y ese es su mayor gancho.
Pero más allá de su tono provocador, la película plantea una visión de lo queer desligada de la heteronormatividad, imaginando un espacio narrativo donde la identidad no necesita justificarse ni explicarse. Ojalá el mundo real se acerque cada vez más a esta idea donde tampoco sea necesario hacerlo.
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