"Mi máxima ambición era crear una serie que si tú no supieras quién está detrás creyeras que es una mujer". Daniel Sánchez Arévalo ('Las de la última fila')
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"Mi máxima ambición era crear una serie que si tú no supieras quién está detrás creyeras que es una mujer". Daniel Sánchez Arévalo ('Las de la última fila')

Daniel Sánchez Arévalo pasa de los 50 y la época en la que debutó guionizando 'Farmacia de guardia' ya le queda muy atrás. Es uno de los directores más consagrados de nuestro país gracias a películas que han definido a varias generaciones, como 'Primos', 'Azuloscurocasinegro' o 'Diecisiete'.

Ahora, el madrileño repite con Netflix en la producción de su primera serie original, 'Las de la última fila', el relato de cinco chicas que viven una última aventura antes de que una de ellas tenga que empezar la quimio. Ahora, Dani nos recibe para hablar del cambio de registro, las deudas pendientes con el universo femenino, Twitter y la aversión a las críticas.

Vale, esto es una serie

Espinof: Después de mucho tiempo haciendo cine, y sin decirme “Esta es una película dividida en episodios”, ¿por qué una serie?

Daniel Sánchez Arévalo: Yo tenía esta historia apuntada desde hace unos diez años, y me imaginaba una película, pero nunca acababa de darle forma. Hasta que un día me di cuenta de que lo que yo quería contar y el nivel al que quería profundizar en la vida de estas cinco chicas no me daba con un largometraje.

Entonces dije “Vale, esto es una serie”. Además, el mecanismo que propone, en el que cada día se saca un papelito que las reta a nuevas cosas, me parecía perfecto y me dio la estructura de los seis capítulos. Cinco chicas, un papelito por día y el sexto para recoger todo lo sembrado.

Las De La Ultima Fila

E: ¿Y por qué esta serie?

DSA: La respuesta corta es porque un día se la conté a mi chica y se le iluminó la cara y me dijo “Tienes que hacer esto, quiero ver esta serie”. Para mí fue un motor y una motivación muy grande. Además, Verónica Fernández, de Netflix, al poco tiempo me llamó y me dijo “Dani, te queremos producir una serie, la que tú quieras, la que tengas en la cabeza”. Quedé con ella, le conté cómo arrancaba ‘Las de la última fila’ y me dijo “Ya no me cuentes más, yo ya quiero ver esta serie”. Y ha sido maravilloso porque me han dado una libertad creativa brutal.

E: Justo eso te iba a preguntar, es tu segunda colaboración con Netflix y se te ve muy cómodo.

DSA: Es que me siento muy privilegiado: los departamentos de cine y series no tienen nada que ver, no se comunican, cada uno toma sus propias decisiones. Y en ambos casos he tenido una libertad creativa alucinante. En ‘Diecisiete’ entendieron que una película pequeña como esta no era necesariamente barata, y si quería rodarla en Cantabria durante ocho semanas en exteriores eso llevaba un tiempo de rodaje y unos gastos. Y aquí ha pasado exactamente lo mismo.

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Desde el principio yo iba mandando los guiones y me decían “Dani, no te queremos dar notas porque tu universo es tan tuyo y tan particular... Nos gusta mucho lo que haces y cómo lo haces, así que no queremos decirte cosas que quizá acaben empeorando los guiones”. Pero luego hago mi casting ideal de estas cinco chicas que yo quería que te creyeras como grupo de amigas de toda la vida y alejado de cinco mujeres de postal, por así decirlo, un grupo de mujeres reales… Lo presento y me lo compran. Yo pensaba que me iban a pedir igual una cara más conocida para el gran público, pero no.

Todo el proceso ha sido así, obviamente en montaje me han dado notas pero diciéndome “Tú lo valoras, Dani, y luego tomas la decisión final”. Entonces, pues claro, qué maravilla.

La persona que dice "Ñiñiñí"

E: Hasta ahora tus películas (‘Diecisiete’, ‘Gordos’, ‘Primos’) son películas en la que guionizas sobre todo a hombres, ¿por qué de repente escribir este grupo de mujeres sin una coguionista? ¿Has tenido miedo a la hora de no pillar el tono?

DSA: Yo sentía que tenía una especie de deuda pendiente con el universo femenino, que la había saldado un poco con ‘La isla de Alice’, mi novela, cuya protagonista es femenina y está contada en primera persona, pero en el universo audiovisual la seguía teniendo. Tenía muchas ganas de hacer una inmersión en este universo y al final ha sido no solo de una mujer sino de cinco.

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¿Que si he tenido miedo en el proceso? Mucho, y sobre todo respeto, porque mi máxima ambición era crear una serie que si tú no supieras quién está detrás creyeras que es una mujer. Esa era también la máxima ambición de mi novela, y a partir de ahí nace ese respeto por hacerlo bien, por crear un grupo de mujeres reales, que te las creas, con las que empatices, con las que te identifiques y que representen un grupo diverso. Me hizo salir mucho de mi zona de confort (que no me sale de manera natural) pero a la vez fue un viaje increíble y maravilloso, y en el que recibí, creeme, muchísima ayuda.

Sara, mi chica, me dejó bucear en esa especie de parcela suya privada con su grupo de amigas y me dejó ir robando cosas y tener constantemente una asesoría. He tenido una psicóloga experta en género que se ha estado leyendo todos los guiones, todas las versiones, y me iba diciendo cualquier palabra o cualquier cosa que no le sonara del todo correcto. Y cuando se incorporaron las actrices, les decía “Chicas, tenéis que ayudarme a acabar de configurar, a rematar a los personajes. No quiero que hagáis ni digáis nada que no sintáis coherente con vuestros personajes”. Además, el equipo técnico fueron en su mayoría mujeres a las que pedí por favor que aunque fuera el director no se cortaran en decirme, aunque estuviéramos rodando, si algo les chirriaba lo más mínimo. Me he sentido muy apoyado y muy arropado en este sentido.

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E: A este respecto, una pregunta obligada, lo siento: estas chicas hacen todo tipo de cosas absolutamente cancelables, como robar a pequeños comercios, que sacado de contexto puede quedar un clip muy bonito en Twitter. ¿Tienes miedo a esa red de Satanás?

DSA: Yo era muy activo en Twitter y dejé de hacerlo porque me di cuenta de que en cada cosa que escribiera, por cualquier sitio me pillaban. Ahora pongo muy pequeñas cosas, pero soy muy activo, la leo mucho y la miro mucho… Pero sin escribir. ¿Miedo? Sí, tengo miedo, porque además creo que casi todos tenemos esta horrible tendencia de que aunque de 100 personas 99 te digan “Qué bien, cómo me ha gustado” basta que una diga “Ñiñiñi” para estar jodido, ya te quedas solo con eso.

Y Twitter para eso es el sitio perfecto. De hecho probablemente cuando estrenemos intentaré alejarme un poquito, hace mucho que no leo críticas. Después de ‘Gordos’ dejé de leerlas porque sufría mucho. ¡Pero ni las buenas! No me leo ni las buenas, ni las malas. Me llegan cosas, obviamente, pero prefiero intentar preservarme un poco porque sufrimos mucho y somos muy sensibles a cualquier crítica. Y sé que por mucho que yo intente hacer las cosas bien y que todo tenga sentido, por algún lado me puede caer.

E: Haces bien, que los críticos somos mala gente. De hecho, yo tengo una pequeña crítica ahora: me ha parecido una pena que experimentes con el formato tan tarde, solo en los últimos dos episodios, y te inventes universos alternativos solo en el último. No sé si es para acomodar al espectador a un formato y luego introducirle innovaciones, porque no confías en el espectador medio o porque querías contar una historia y poco a poco llevarla a su apogeo.

DSA: Yo creo que tiene más que ver con cada historia, con lo que se cuenta en cada capítulo. El episodio 2 sí tiene ese componente espacio-temporal con el que se juega mucho y es verdad que luego empiezo a jugar mucho con el metalenguaje y la manera de contar cosas, inventarme cosas que no han sucedido y que tú creas que sí. También creo que es una manera chula para desconcertar al espectador y que esté un poco pendiente. Pero no es que no lo hiciera al principio por miedo a que no se entendiera la historia, sino porque no me ha salido de forma natural.

A lo mejor yo también al ir escribiendo, como son periodos muy largos y muchos capítulos, siento la necesidad de jugar y buscar otras maneras de narrar para no aburrirme yo mismo como escritor. ¡Es que acabas de hacer esta reflexión y no me había dado cuenta!

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Ser local para llegar a lo internacional

E: Me gustaría hablar un poco sobre la importancia de la música indie en la historia, como Rigoberta Bandini o Joe Crepúsculo, y cómo sirve como motor de la propia historia de forma un poco anacrónica, porque en las discotecas no ponen La La Love You, por más que nos gustase. ¿Cómo funciona este realismo mágico musical en la historia?

DSA: Lo que tuve claro es que quería intentar que no tuviera banda sonora original, pero no sabía si iba a ser capaz porque había partes muy emocionales y pensaba “Aquí voy a necesitar algo que me ayude y que me apoye”. Pero intenté hacer este ejercicio desde el principio: ya desde el rodaje pensé en Juan Ibáñez, que fue mi asesor musical, al que le dije que eran cinco chicas de viaje, tienen que escuchar música, van a ir a discotecas, y yo quiero que los temas que canten y que bailen los canten y bailen, que lo estén escuchando de verdad en vez de tomar la decisión en postproducción, que siempre queda más raro.

Y he tenido mucha suerte porque este tipo es la bomba y me ha llevado en volandas: me hizo una playlist alucinante y luego hemos tenido un diálogo constante durante toda la preparación del rodaje. Yo lo he disfrutado muchísimo y he estado muy orgulloso de que, efectivamente, haber conseguido por primera vez en mi vida, no utilizar composiciones originales. ¡Y no tengo nada en contra de ellas! Las adoro y amo, me paso el día escuchando bandas sonoras, pero creo que es lo que le venía bien a esta historia.

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E: ¿Piensas repetir en formato serie o una vez probada, como Woody Allen, ya no piensas volver?

DSA: Ahora no quiero, quiero hacer una peli, me apetece volver a eso. El rodaje ha sido muy duro, son 16 semanas, soy el único director y el único escritor… La postproducción también la sufres mucho, porque son cuatro o cinco meses que tienes que estar en todos los procesos, y se acumulan porque es muchísimo volumen de trabajo y muchísimo material. Ha sido una experiencia increíble y maravillosa que seguro que voy a repetir, pero ahora mismo lo que quiero es volver a los 100 minutos.

E: Una de las mejores escenas de la serie tiene que ver con torrijas. Por muy modernos que nos creamos, al final las cosas más campechanas y más cañís son las que más nos llegan, ¿cuál es el equilibrio al que llegas entre lo cañí y lo moderno?

DSA: A mí es que me gusta mucho el pueblo, la gente, las tradiciones. Siempre he sido un chaval que no tenía amigos donde iba a veranear, estaba con mis abuelos todo el día, que era lo que más me gustaba del mundo. Me encantan ese tipo de guiños y de cosas que tienen que ver con lo muy local, creo que hay que explotarlo más. Tendemos a centrarnos en lo universal y yo siempre digo que para llegar lejos hay que empezar por lo cercano. Y el mayor ejemplo que tenemos es Almodóvar, no se puede ser más local y al mismo más internacional.

E: Para terminar, si tus amigos hicieran el juego de los papelitos, ¿tú cumplirías todos a rajatabla? ¿Y cuál pondrías tú?

DSA: Yo no cumpliría todos a rajatabla… Bueno, igual sí. En estas circunstancias, sí. Me costaría mucho, pero lo haría. Para mí el más complicado sería el de decir la verdad, es con el que más me identifico porque siento que somos una sociedad que vivimos enredados en la mentira, desde las micromentiras muy absurdas como “¿Qué tal?”-”Bien” cuando igual estás jodido a cosas que son más profundas que tienen que ver contigo mismo, tus necesidades, tus deseos y cosas que tienes enquistadas y que no asumes.

Los seis episodios de 'Las de la última fila' se estrenan el día 23 en Netflix.

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