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Sitges 2011 | 'Extraterrestre', banda aparte

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Hay demasiadas cosas felices en esta película para que pueda concentrarme en la discusión que sugiere, me parece injusto revelar sus muy interesantes carambolas narrativas hasta su estreno.: ‘Extaterrestre’ (2011) es una comedia ligera que transcurre durante una invasión alienígena en la que su director se atreve a dejar prácticamente fuera de campo todas las convenciones del cine de invasiones alienigenas, acercando la película a una expansión hawksiana e improbable de su propio cortometraje ‘Domingo’, referenciado con ingenio en la película, antes que de depender excesivamente en modelos genéricos establecidos.

La trama cuenta un relato desternillante cuyas complicaciones, insisto, no deben ser reveladas. Despertando resacoso tras una noche en la que no recuerda lo ocurrido, Julio (Julián Villagrán) descubre que el mayor de sus problemas no es que Julia (Michelle Jenner) tenga un novio, Carlos (Raul Cimas), sino que toda España ha sido víctima de una invasión alienígena, aunque los platillos parecen mantenerse estáticos e inexpresivos, solamente un decorado para la catástrofe (íntima) que se avecina cuando el obsesivo vecino, Ángel (Carlos Areces), entre en acción.

Tal vez este sea el mayor reto de la película, hacer olvidar otras propuestas en las que lo íntimo y lo grandioso se cruzaban por medio de una humorada difícilmente superable. Lo único extraterrestre en esta película es el amor, cuando no su propio protagonista, nómada existencial en clave hispana, esto es, resacoso de media tarde, existencialismo mediado por el ser de provincias. ¿Están Cobeaga y Vigalondo confiando en los finales más aparentemente felices para hacer uno de los diagnósticos más perturbadores sobre una juventud o una manera de resolver las cosas? Quizás. Tanto ‘No Controles’ (2011) como esta película comparten muchas cosas, aunque ninguna de las obvias, como el argumento y sus hechos principales.

Los que esperaran de Vigalondo un cineasta en permanente estado de gracia, ya fuera por aquél ’7.35’ (2004) que convirtió, en riguroso blanco y negro, el musical en una comedia sobre el amor como fuerza (literalmente) destructora o por su primera película no van a salir defraudados. Siendo una comedia felizmente dialogada, la lección de cine es soberbia. Durante dos actos, los espacios reducidos se convierten en una fiesta de la planificación, incluyendo un uso del montaje paralelo para contar algo que no es exactamente una digresión. Conocedor del cine de Siegel, Vigalondo usa un recurso expresivo para señalar la soledad del protagonista que los espectadores más atentos comentaran boquiabiertos. La planificación usa largos planos secuencia nada exuberantes: de hecho, las tomas más largas no son nada obvias, lo cual añade una vitalidad insólita al aspecto visual de la película.


Que Vigalondo haya dirigido sketchs para ‘Muchachada Nui’ señala afinidades que muchos de sus fans van a poder ver felizmente constatadas en el nudo de la película. Reuniendo a todos sus actores principales en un único espacio, los diálogos son difícilmente superables y las carcajadas interminables. La sorpresa es, por supuesto, Villagrán que carga con un personaje complicado, que debe resultar siempre tan inexpresivo como, en el fondo, aceptable. El resto del cast brilla con luz propia, con una estupenda Jenner dando vida a un objeto de deseo mucho más desconcertado de lo que pudiera parecer, y la pequeña aparición de un grandioso, icónico Miguel Noguera, destinado a engrandecer los listines telefónicos.

Enamorado de su propio carácter impredecible, el relato deja una imagen final memorable, en el fondo una versión bufa del plano final de la primera película de su director, y muchas dudas en el aire que convendrá debatir en el estreno. Lo que queda es una de las piezas más imaginativas de dirección y guión que he visto en mucho, mucho tiempo.

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