'Bored To Death': aroma a indie en una propuesta dubitativa

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Un piloto dubitativo y dos capítulos mucho más interesantes es todo lo que de momento nos ha dejado 'Bored to Death', la nueva y peculiar apuesta de la HBO por la comedia. Creada por Jonathan Ames, Bored To Death pretende ser algo así como la traslación de la novela negra a la vida moderna neoyorquina.

Un amateur con graves problemas de personalidad pone un anuncio en los clasificados de Craiglist fingiendo ser un detective para así poder olvidarse de su reciente ruptura amorosa. Lo único que sabe del oficio es lo que ha leído en las novelas de Raymond Chandler, pero él está lejos de ser un trasunto de Philip Marlowe.

Bored To Death

En principio, del contraste entre ambos mundos debería venir el humor. De cómo Philip Marlowe, personaje rudo, cínico y con aristas que se hacía querer, es sustituido por Jonathan, neurótico, dubitativo, ridículo y hasta odioso. Para lograrlo no basta con pensarlo ni tener un planteamiento interesante (el de 'Bored to Death', sobre el papel, lo era): se necesitan situaciones atractivas.

Y en los primeros compases de la serie, los creadores fracasan estrepitosamente en el intento. Sin un caso detectivesco divertido per se y sin querer replicar el aspecto visual del cine negro, 'Bored To Death' se entrega a las características asumidas por el cine "indie" estadounidense: diálogos veloces sobre nada en particular seguidos de silencios que presuntamente deben poner el contrapunto, personajes apáticos que son amigos de otros inseguros y que tienen por encima a otros desequilibrados, mucho psicoanálisis y demasiada vida urbana.

Bored To Death

De tan asumida que tiene la ética y la estética independiente, Bored to Death se contenta en su piloto con seguirla al pie de la letra y pensar que eso ya debería convertirla en una serie de humor inteligente. Pero no ocurre: falta una dirección clara en absolutamente todo el capítulo, desde las motivaciones de los personajes hasta la gracia de sus neurosis.

Eso mejora en el segundo y en el tercer episodio, donde sí se empieza a ver una idea más definida de hacia dónde quiere caminar la serie y hacia dónde va a llevar a algunos de sus personajes. Pero ahí también sigue fallando la estética de 'Bored To Death'. Algo querrá decir que te dirija el responsable del piloto de 'Mad Men' (Alan Taylor) y no seas capaz de sacar la cabeza, de diferenciarte del resto de comedias urbanas neoyorquinas. Con la libertad que da trabajar para la HBO de por medio y con la parodia del noir como punto de partida, ser incapaz de destacar visualmente es un lastre.

El papel de Zach Galifianakis en la piel de Ray, el amigo inseguro y bohemio de Jonathan, es quizás uno de los puntos más interesantes de la serie si la vemos como comedia de algo más que sonrisas. También Ted Danson cumple con escenas como ésa en la que pretende ser el Brad Pitt del club de la lucha.

El problema es que no creo que 'Bored To Death' apueste por hacer reír: lo suyo es la cháchara, las medias sonrisas y los dobles o triples juegos de palabras. Todo muy "indie", pero para que funcione se necesitan personajes mucho menos evidentes, diálogos mucho más certeros y, ¿por qué no?, ganas de querer saltarse los propios códigos visuales.

Posiblemente los fallos de 'Bored To Death' sean sólo cuestión de ritmo, de darle tiempo de crearse su propio universo y de aclarar sus ideas. Pero no deja de ser decepcionante que algo con una idea de partida tan interesante no haya sido capaz de empezar con mejor pie.

Vídeo | Youtube Sitio oficial | Bored To Death

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