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El remake de 'V' tiene aún mucho por mejorar

El remake de 'V' tiene aún mucho por mejorar
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‘V’ comenzó la temporada, allá por noviembre, con la cruz de tratarse de un remake, por lo que las exigencias con ella se multiplicaron con respecto al resto de estrenos, aún más al tratarse de una segunda versión de todo un clásico de los 80. Acabada la temporada, la opinión entre la comunidad seriéfila se divide entre los que ven en ella una digna sucesora y los que como yo, no ven más que un sucedáneo de algo que podría dar mucho más de sí, con más relleno que cualquier otra cosa.

Lo cierto es que la serie tiene muchas cosas malas, destacando por encima de todo esos horribles cromas responsables de crear el interior de las naves, con unos efectos especiales más propios de la serie original que de una industria televisiva como la que tenemos ahora. Pero, por el contrario, tenemos personajes como el de Anna (Morena Baccarin) que te hacen seguir pegados a la pantalla para ver qué macabra idea se le ocurrirá a continuación. Toda una mezcla de sensaciones contrapuestas.

La invasión

29 naves espaciales se cuelan casi de repente en la atmósfera terrestre, a la vez que su líder Anna aparece en una pantalla gigante para tranquilizar a todos los habitantes de la Tierra. Vienen en son de paz, siempre, y prometen compartir con nosotros su avanzada tecnología a cambio de algunos recursos naturales que escasean en su planeta de origen. Demasiado precipitada la llegada de los visitantes, y demasiado light la respuesta de los humanos. ¿Realmente responderíamos así ante una “invasión” de este tipo? En fin, es ciencia ficción, tampoco vamos a ponernos tiquismiquis.

Las continuas demostraciones de avances en medicina y tecnología impresionan sobremanera a todos los humanos, que pronto se entregan a las manos de estos seres parecidos a nosotros, con la esperanza de tener en ellos algo similar a un Dios capaz de curar sus dolencias y cuidar de ellos. Se presenta varias veces este conflicto de fé en la serie, sobre todo a través del Padre Jack quien, sabedor de las verdaderas intenciones de los visitantes, teme que sus feligreses sustituyan a Dios en sus oraciones.

Anna en París

En el cuarto capítulo conocemos que, más allá de las 29 naves que ya se encuentran en la Tierra, existe toda una flota de miles de naves en dirección a nuestro sistema solar, con intenciones realmente poco pacíficas. Durante los últimos episodios se nos dan pequeños datos sobre los avances de esta flota, pero no es hasta el final del último capítulo cuando vemos los primeros atisbos de un posible ataque por parte de los “extraterrestres”.

La Quinta Columna

En el bando contrario, el de la resistencia, se encuentra ‘La Quinta Columna’, un grupo que desde muchos años atrás conoce la existencia y las verdaderas intenciones de los visitantes. Casi por casualidad, Erica Evans (Elizabeth Mitchell), agente del FBI, acaba en una reunión de este grupo, y es entonces cuando descubre que su propio compañero de trabajo es un extraterrestre, y que bajo su fachada de humano se encuentra un lagarto gigante.

Tras la masacre producida en el grupo por los visitantes, La Quinta Columna queda reducida a un cura, un antiguo militante del grupo, un antiguo lagarto huído de las faldas de Anna y la propia Erica Evans. El antiguo militante (tan prescindible que ni siquiera recuerdo su nombre) murió apenas cuatro capítulos más tarde, y su lugar fue ocupado por Hobbes, un personaje sacado de la manga y del que todavía no me queda muy claro cómo llegó a parar a ‘La Quinta Columna’.

Erica Evans

Cuatro personajes que, junto a algún que otro aliado en la nave, intentan plantar cara a Anna y su ejército. Resulta demasiado chocante y casi irrisorio que un equipo tan pequeño y con tan pocos medios sea capaz de hacer frente a una flota tan enorme y avanzada como la de los visitantes; son inferiores tanto en número (de lejos) como en medios, y aun así salen frecuentemente victoriosos. Son ese tipo de cosas que chirrían demasiado y que desvirtúan el visionado de una serie que, enfocada de otra forma, podría ser mucho más interesante.

El drama familiar

Ni por ser una serie de ciencia ficción logra ‘V’ separarse de la carga dramática familiar; Erica es una madre divorciada, cuyo hijo, Tyler está absolutamente fascinado con los recién llegados, y no tarda en convertirse en Embajador de la Paz, aun a pesar de las reticencias de su madre. A lo largo de los episodios nos damos cuenta de que el padre de Tyler no es realmente su padre, lo que le hace refugiarse aún más en los visitantes, algo que Anna aprovecha para atraerlo aún más y prepararlo para “su misión”, una misión que a estas alturas de la película todavía no sabemos cuál es.

La relación de Tyler con Lisa, la hija de Anna, se antojaba bastante prescindible al principio de la serie, pero poco a poco Lisa comenzó a tomar protagonismo, y el hecho de que empezara a sentir emociones humanas hacia Tyler la conviertieron en una aliada potencial que mucho tuvo que ver en el golpe de efecto final dado por ‘La Quinta Columna’ y que comentaré más tarde.

Por otro lado, tenemos a Ryan y Valerie, el lagarto y la humana que, por obra del Espíritu Santo, consigue quedarse embarazada de un bebé híbrido por el que Anna tendrá mucho interés. El parto de Valerie en el último capítulo y su asesinato por parte de la propia Anna (camuflado a Ryan como una muerte natural) despiden a un personaje que poco o nada más tenía que aportar al desarrollo de la historia. Por cierto, genial el guiño a la serie original con Valerie teniendo antojo de ratones.

Valerie comiendo ratones

Un final correcto, sólo correcto

Aunque el capítulo final de esta primera temporada pueda considerarse como el mejor de todos, no es para nada ninguna obra maestra. Por fin tuvimos lo que durante tanto tiempo estuvimos pidiendo: un cara a cara entre Anna y Erica, aunque no fue en una pelea a puñetazo limpio como muchos esperábamos, sino en una tranquila y pacífica cena entre “consuegras”. No obstante, las intenciones de Erica iban mucho más allá.

En una de las escenas más dantescas de toda la serie vimos cómo Anna seleccionaba a un macho para que la inseminara, para luego colocar sus huevos y crear todo un ejército capaz de combatir. Erica tenía como misión destruir a toda la camada antes de que los huevos eclosionaran, y con la definitiva ayuda de Lisa fue capaz de encontrar el “nido” y colocar la bomba que destruiría a las pequeñas lagartijas.

Yo soy un profundo fan de Morena Baccarin, y el papelón de Anna al descubrir el desastre realmente es digno de mención. Estábamos acostumbrados a ver a una Anna serie, impasible, con cara de poker ante todo lo que hacía; sin embargo, parece que la piel humana comienza a hacer mella, y la líder de los visitantes empieza a tener emociones humanas. En una escena desgarradora, Anna grita y llora desconsolada la pérdida de todos sus bebés, desencadenando todo un acto de venganza contra los humanos.

Anna llorando

La escena final de la temporada nos deja a una despechada Anna dando vía libre a toda la flota de naves para su entrada en la atmósfera terrestre, coloreando el cielo de un rojo apocalíptico que ya no tendrá continuidad hasta la próxima temporada, ya entrados en la midseason.

Realmente me niego a pensar que este ataque vaya a producirse, al menos no de forma inmediata. Sería bastante extraño comenzar la temporada ya con el sometimiento de la raza humana por parte de los visitantes, más cuando es algo que se debe esperar casi al final de la serie, por lo que parece que esta escena final no va a ser más que un pequeño espejismo de lo que podría pasar.

Review V
Por otro lado, tengo curiosidad por ver si Chad Decker comienza a tener algo más de importancia en la trama como tenía en la ‘V’ original, ya que hasta ahora se ha dedicado a pasearse por los escenarios y a ser la marioneta viva y televisiva de Anna (otro de esos personajes a los que no se les ha sacado jugo). A pesar de que este remake no me ha entusiasmado demasiado, la premisa no deja de ser interesante, y yo todavía albergo la esperanza de que en esta segunda temporada concedida “in extremis” los guionistas sean capaces de narrar mejor, y con más coherencia, lo que tengan que contarnos. We are of peace, always.

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