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Arguiñano, genio y figura

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Acaba de terminar el programa "La habitación 623" cuyo invitado de hoy ha sido Karlos Arguiñano, el archiconocido cocinero. Y, viéndole en esta entrevista, he podido confirmar cuál es el secreto de su éxito, ese que desde hace más de 15 años le ha permitido convertirse en el "cocinero mediático" por excelencia y que, aún hoy (con presuntos competidores por doquier) le sigue colocando en lo más alto de los cocineros televisivos desde su posición en Telecinco.

Y es que el Arguiñano que vemos en su programa (que canturrea, que habla por los codos, que cuenta chistes malos, que hace hablar a los pescados....) es así de natural. Durante la hora que ha durado la entrevista, no ha callado. Cuando tenía un entrevistador delante, porque sí. Y cuando estaba sólo, porque también. Pero no ha parado de hablar, de contar sus ocurrencias, sus anécdotas. Es tan campechano al natural como parece en sus intervenciones televisivas. Capaz de pedirse "un whiskito" y luego decir que "le ha dado el puntito", como de decirle a su hijo que "le ha tocado bastante los cojones", contarle al piloto Nani Roma que ha bautizado un ternero con su nombre o de poner en aprietos a Iñaki Anasagasti diciéndole que el problema de los políticos "es que todos tenemos pelitos en el culo y no nos los queremos ver".

Pero, por encima de ese perfil "vivalavirgen" que transmite a veces, creo que es un tipo sensato, ya que los planteamientos que ha dejado traslucir sobre la familia o sobre la política reflejan un perfil bastante razonable. Esa mezcla entre campechanía y sensatez es la que desborda las pantallas y hace que esté donde está. El secreto de su éxito.

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