Durante años, 'Stranger Things' ha sido una serie que ha sabido construir su mitología con mimo, convirtiendo cada amenaza en algo verdaderamente aterrador y haciendo que sus personajes importaran de verdad. Por eso, el final de la serie era como una promesa de cierre épico: la última gran batalla contra Vecna y el Azotamentes, la resolución del destino de Eleven, el destino de Hawkins y el Mundo del Revés, y las consecuencias reales para unos personajes que nos llevan acompañando durante casi una década.
Sin embargo, lo que hemos visto es un final que se queda corto en casi todos los frentes: una batalla final poco impactante, decisiones narrativas que contradicen la propia lógica de la serie, personajes que salen demasiado bien parados y una sensación general de que todo se ha resuelto con prisas. Y para colmo, las explicaciones que han dado los hermanos Duffer, lejos de aclarar dudas, han terminado de romper la poca coherencia que quedaba en algunos puntos clave.
A veces es mejor no preguntar
Una de las mayores decepciones del final es la desaparición casi total de las criaturas del Mundo del Revés y de la Dimensión X en la batalla final. Durante años, la serie construyó a los demogorgons y demás como extensiones directas del poder del Azotamentes, pero en el clímax todo se reduce a un enfrentamiento bastante plano contra dos villanos principales. Al final, da la sensación de que se abandonó una amenaza colectiva mucho más rica para simplificar el conflicto, haciendo que la resolución parezca menos peligrosa y menos épica de lo que prometía toda la mitología.
De hecho, sobre esta ausencia de un ejército de criaturas en el clímax, los hermanos Duffer dijeron lo siguiente:
"Vecna no esperaba este ataque sorpresa en su territorio. Jamás se lo hubiera imaginado. Están ahí, en alguna parte. Obviamente, hablamos de tener una batalla de demogorgons además de la del Azotamentes, pero nos pareció más apropiado pensar: ¿para qué necesita a los demos si el Azotamentes es una criatura gigantesca que puede atacarlos? No necesita a su pequeño ejército de hormigas para atacar, se encargará de esto él mismo. Es un planeta gigante y desolado. Si os acordáis, vieron a Henry vagando por el planeta en la temporada 4 y, en algún momento de su viaje, vio un demo a lo lejos, pero no es que estuvieran en pequeñas chozas. No hay una civilización gigantesca de demos ahí arriba".
El problema no es solo que la explicación resulte poco convincente, sino que además contradice la información que la propia serie nos había dado antes: Vecna sabía lo que iba a pasar, el Azotamentes llevaba tiempo manipulándolo todo y el Mundo del Revés nunca se había mostrado como un lugar libre de amenazas. La sensación que deja es la de que la mitología se reescribe a posteriori para justificar decisiones creativas que ya estaban tomadas.
Otro punto difícil de tragar es cómo el conflicto con el gobierno se pasa por alto tras la batalla final. Durante toda la temporada, la amenaza militar y científica era tan peligrosa como Vecna. El sacrificio de Eleven tenía sentido precisamente porque impedía que la Dra. Kay siguiera usándola. Sin embargo, después del clímax, el gobierno simplemente se retira de Hawkins como si nada hubiera pasado. Y así lo explican los Duffer:
"¿En ese lapso de 18 meses? Supongo que no hay mucho más que hacer. No se puede explorar esta otra dimensión. Ya no hay una Eleven a quien perseguir porque se ha ido. Así que supongo que simplemente desmantelaron las operaciones poco a poco y se fueron de la ciudad"
Este “supongo” resume bien el problema: no hay consecuencias reales para los protagonistas, no hay explicaciones sólidas y el desenlace es como un borrón y cuenta nueva forzado para cerrar la historia sin complicaciones incómodas.
Y luego está el destino emocional y físico de Will, que queda en el aire a pesar de haberlo conectado directamente con la mente colmena. Que no sufra ninguna consecuencia visible tras la muerte del Azotamentes y Vecna resulta incoherente con todo lo que se había construido sobre las posesiones y los vínculos mentales. Y es bastante decepcionante la explicación que dan los creadores al respecto:
"Will sintió el ataque del Azotamentes fuera de pantalla y que su vínculo con Vecna se disolvió con él"
No solo es insuficiente, sino que además elimina de golpe uno de los conflictos más interesantes del personaje. Y lo mismo ocurre con la ambigüedad del final de Eleven: más que poético, el cierre se percibe como un camino cómodo para no tomar decisiones claras. Al final, el desenlace de 'Stranger Things' no es solo un fracaso por su falta de emociones, sino por haber traicionado de una forma tan chapucera su propia lógica interna y la profundidad que durante años había construido cuidadosamente.
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