Compartir
Publicidad

El hobbit: La desolación del espectador

El hobbit: La desolación del espectador
138 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Desde hoy tenemos en cartelera 'El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos' ('The Hobbit: The Battle Of The Five Armies'), tercera y definitiva película con la que Peter Jackson traslada a la gran pantalla la obra de J.R.R. Tolkien. El estreno del último blockbuster del año está siendo adecuadamente adornado por Warner Bros. como una ocasión irrepetible, prometiendo un espectacular y emocionante adiós a la Tierra Media (al menos, por ahora).

Debo admitir que he picado el anzuelo. No es que pensara dejarla pasar, tanto por la relevancia del estreno como por la curiosidad de ver el desenlace, era una cita ineludible... pero han logrado despertar al fan de 'El señor de los anillos' que hay en mí. Por ello, y con el objetivo de refrescar la memoria antes de la entrega final, he vuelto a ver 'El Hobbit: La desolación de Smaug' ('The Hobbit: The Desolation of Smaug'). Por desgracia, solo me ha servido para corroborar que estamos ante una trilogía innecesaria.

Jamás debieron hacer tres películas de 'El Hobbit'

Como recordarán muchos de los aquí presentes, cuando hice mi repaso a lo peor de 2013 incluí 'El Hobbit: La desolación de Smaug'. Recuerdo estar mirando el reloj constantemente, no saber ya cómo sentarme y salir desesperado de la sala tras haber visto un larguísimo bodrio. Aun así, me dije a mí mismo que quizá tuve un mal día y a veces he cambiado de opinión con un segundo visionado. Bueno, ahora lo he confirmado: la película no mejora ni un ápice, todo lo contrario, lo único que he hallado al volver a verla han sido otros 160 minutos de cine malo, torpe y aburrido.

Tras el coitus interruptus de la escena de Smaug clamando venganza, mientras aparecían los créditos, me preguntaba qué habría ocurrido con Guillermo del Toro al mando. Como sabréis, el proyecto tuvo un arranque complicado y en principio lo iba a dirigir el mexicano; fue durante la escritura del guion, con Del Toro colaborando junto al trío que adaptó la trilogía del anillo (Philippa Boyens, Fran Walsh y Jackson), cuando se dio cuenta que sobraba y dejó la batuta al neozelandés. Quien, como temíamos, decidió estirar el chicle y sacar tres películas de una novela de 300 páginas.

En principio, no hay problema. Al fin y al cabo, muchos guiones nacen de una simple idea o un argumento de pocas líneas que poco a poco va creciendo. Y la narración cinematográfica no tiene nada que ver con la literaria, una imagen puede bastar para cubrir páginas enteras pero también pueden necesitarse varias secuencias para plasmar algo que pueden resumir unas pocas palabras. El problema en este caso particular es que el truco queda al descubierto, resulta evidente que han rellenado con escenas innecesarias o alargadas en exceso para que el público pague tres veces en lugar de dos.

La alargada sombra de George Lucas

Así, en lugar de concentrarse en la aventura de Bilbo y los enanos, se amplía el abanico de protagonistas, se les dota de una personalidad similar a otros que aparecieron en la primera trilogía, se traen de vuelta a todos los personajes posibles, se multiplican los monstruos (cuando veamos las originales resultará ridículo que se asusten de tan poca cosa) y se monta otra gran guerra por el destino de la Tierra Media. Más que una adaptación de la obra de Tolkien a veces parece que Jackson haya querido realizar un remake de 'El señor de los anillos'.

La recuperación de conflictos, el romance metido con calzador, las escenas de Gandalf en peligro (como si fuera a morir...), el agotador muestrario de "mil maneras de matar a bichos feos", el Dragón más tonto y con la peor puntería de la historia, el recurso de salvar a alguien en el último segundo... al margen de absurda e inflada hasta el exceso, 'El Hobbit: La desolación de Smaug' es una constante repetición de ideas ya expuestas, narradas de manera rutinaria por un cineasta que intenta suplir su falta de ingenio con un abuso de personajes y escenarios digitales.

Dicho queda. Pero vamos a jugar a lo que propone Warner. Olvidemos el desastre de la segunda parte. Eso quedó atrás, miremos hacia delante, donde nos espera la (supuesta) mayor guerra por el control de la Tierra Media. El final del camino. Remato el texto con el tráiler de la tercera parte más que nada para convencerme de que merecerá la pena pasar casi dos horas y media más en el mundo de Tolkien que ha imaginado para nosotros el acomodado Peter Jackson.

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio