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Las nieves del tiempo

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¿Cuándo fue la última vez que pensamos en lo que pasaría si al ver una película en cartelera fuera normal que la protagonizara una mujer, fuerte e independiente, y cuyos problemas (no exclusivamente sentimentales) para lidiar con responsabilidades (políticas, empresariales) fueran fuente de una intriga policial?

¿Hubo acaso una primera vez? Asumamos que sí. Asumamos que al llegar al cine, esperamos también a heroínas. Asumamos que no, asumamos que no queremos heroínas, que también exigimos personajes femeninos y humanos. Pero ¿no resulta descorazonador pensar que solamente fue una imaginación?

Creo que vivimos todavía en un cine demasiado patriarcal. El patriarcado no es solamente una estructura de valores que ha ido siendo modificada, con éxito, legislativamente por diversos gobiernos progresistas a partir del éxito de los movimientos sociales y del fin de la abusiva y literal opresión sobre las mujeres que los hombres ejercieron durante muchos años - aunque esta opresión no ha terminado en todos los países.

Pero esa opresión ni empieza ni termina en la vida privada. Esa opresión también está en las ficciones que escogen que la chica sirva para que el héroe finalice su trayecto, cuando no sea un sencillo y cosificado objeto de deseo.

Al segundo reproche, podemos argumentar que también ellos aparecen cada vez más y mejor cosificados, y son hermosas estrellas de cine. Parece razonable, pues, pensar que la crítica es excesiva. Pero ¿cuantos Shia LaBeouf o Michael Cera han econtrado su contrapartida simbólica femenina? Las historias de triunfo de un chico al que se le pide que sea inteligente, que no sea necesariamente canónico, no encuentran siempre su equivalencia femenina.

Hay, naturalmente, muchas excepciones, pero me gustaría centrarme en una. Porque la verdadera ruptura no se hace solamente a través del discurso sino también de la normalización. Pasó hace años y fue una gran película española - un clásico, para entendernos, al menos a mi parecer.

De repente, nadie estaba extrañado del éxito de la película. Un día, hablaban de una película que no solamente no incluía a hombres entre sus principales centros dramáticos, sino que era una historia de mujeres, protagonizada por estupendas actrices, y cuyos problemas femeninos ocupaban la mayor parte del metraje. Además, ni siquiera eran mujeres de una clase media o una clase más adinerada, sino mujeres de pueblo y de clase trabajadora.

Pero tampoco era una película necesariamente sermoneadora y todas esas rupturas con el imaginario estaban hechas a partir de un viejo tango de Gardel que, para más libertad de todas cuantas se tomaba, se cantaba como si fuera un flamenco.

La película se llamaba 'Volver' (id, 2006) y como todas las de Pedro Almodóvar, y como todas las que encima son obras maestras, escondía más de una sutileza ya en el título mismo. Del regreso a la Mancha al regreso simbólico a maestros italianos, pero sobre todo el regreso de un grupo de mujeres atravesadas por la tragedia, por la opresión masculina, y por "las nieves del tiempo plateado en mi sien".

Vimos esta película, tristísima y también negrísima y divertidísima, y no la articulamos mediante una versión etiquetada y simplista del feminismo. Aceptamos, de manera natural, que las mujeres podían y debían tener su imaginario, su historia, sus representaciones y sus ficciones, no como "cosa concreta y separada" sino como parte del mismo mar de otras de carácter mayoritario.

Y si eso sucedió una vez ¿por qué no hacemos que suceda todo el tiempo?

Ha llegado el momento, pues. De volver.

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