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Los sinsabores de la gran screwball

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La screwball es posiblemente una de las variantes de comedia por las que siento más preferencia. Diálogos rapidísimos, farsas que implican enredos sociales, sentimentales y muchas veces jurídicos, implican, la mayor parte de veces, estupendas miradas a las sociedades que retratan sin perder nada de la liviandad, agilidad o felicidad que las caracteriza.

'Arsénico por compasión' (Arsenic and Old Lace, 1944) es una de las cimas de la alta comedia, dirigida por un Frank Capra absolutamente dispuesto a ser servicial e inflamar el estilo y respetar el alocado libreto de Philip y Julius Epstein, partiendo de una obra teatral de Joseph Kesselirng. Protagonizada por Cary Grant, la película propone una situación de Halloween en la que varias situaciones del género del thriller y del horror se van dinamitando las unas a las otras por acumulación.: el mad doctor (Peter Lorre), su criatura de Frankenstein (Raymond Massey), los extraños que invaden la casa, la presencia de cuerpos por descubrir.....junto con la cómica idea de que las dos asesinas mayores son las adorables viejecitas.

Por contraposición, y contando también con Cary Grant, Howard Hawks filmó la brillante 'La Fiera de mi niña' (Bringing Up Baby, 1938) seis años antes, siendo un ejemplo de catástrofe y anarquía casi inverosímil, con una riqueza visual y temática en muchos aspectos insuperada. Me gusta pensar que en la screwball, si dejamos al margen el muy distinto papel que llevaron a cabo George Cukor o Ernst Lubitsch (un rol, si se quiere, más estético o ideológico), podemos imaginar que hay películas más arsénicas y otras más fieras.

La película de Capra fue revolucionaria porque era una parodia inmediata, sin tener una amplia perspectiva histórica de estar parodiando elementos que luego devendrían lugares comunes todavía más reconocibles. Una de las cosas más interesantes, en cambio, de la película de Hawks es que es una película de catástrofes en sí misma y lejos de proponer situaciones reconocibles de otro género, va convirtiendo en anarquía los enredos de comedia hasta llegar a un grado de desastres fácilmente memorable. Curiosamente, la película de Capra confía en que las cosas pueden reestablecerse pese a lo extraño y enmarañado de todo, y la de Hawks distingue ciertamente entre el final feliz de los personajes con el final presuntamente feliz del estado de cosas retratado, con la clásica misantropía de su cineasta y sus colaboradores presidiendo todo cuanto sucede.

La screwball española tiene exponentes bastante interesantes. De sus ramificaciones, los ejemplos más transversales son 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' (1988) de Pedro Almodóvar y 'Extraterrestre' (2011) de Nacho Vigalondo. La película de Vigalondo, protagonizada por Julián Villagrán, Michelle Jenner, Raul Cimas y Carlos Areces, es casi tan efectiva como la inteligencia de su realizador. Uno puede observar el agudísimo y casi metacinematográfico comentario de Vigalondo respecto al género sobre el que está trabajando, o mejor dicho sobre las expectativas que dicho género ha creado sobre los espectadores más o menos jóvenes.

Lo mismo sucedía, en un grado endiabladamente metafórico, en su primera y hábil primera película en la que era capaz de ligar las expectativas de una ciencia ficción cinematográfica con sus ricas vertientes literarias. Pese a todo, me gustaría decir que 'Extraterrestre' delinea una posible línea de screwball que desciende, directamente, de Frank Capra, aunque dudo que Vigalondo, cuyas operaciones genéricas y narrativas están destinadas a sabotear también los mecanismos de la comedia romántica, sea enteramente consciente de ello, entre otras cosas por el método empleado.

El uso de elipsis o de narración no lineal, como fascinante respuesta a la narrativa circular de su primera película, no debería ignorarse, pero Vigalondo está siendo arsénico en la medida en que está bombardeando un relato de género convencional (una invasión alienígena) con otros (una infiltración alienígena; un triángulo amoroso de clásico melodrama noir). Su conquista de la libertad es más intelectual que la de los hermanos Epstein, que trabajaban en un marco bastante más libre de conciencia concreta y terminaron fundando un clásico de Halloween que a su vez puede funcionar como una parodia temprana. Con todo, el final feliz nos devuelve a Capra y también a Vigalondo, puesto que la mirada escogida es algo melancólica, aunque bien pensado la película termina perfecta e inmejorablemente bien.

Pese a todo, el magnífico libreto de Diego San José y Borja Cobeaga en 'No Controles' (2011), dirigida por Cobeaga, no ha logrado todavía merecido reconocimiento. Aunque hay algo agrio en las películas de Vigalondo y Cobeaga, creo que sus descendencias transcurren por lugares bien distintos. El impresionante pesimismo de Cobeaga desciende, sospecho, de Howard Hawks; y con todo, no hay un desprecio tan claro a toda la raza humana como el de exponentes tardíos de la screwball como los libretos de Wilder-Diamond. El viaje al caos se produce en el hotel y sus guionistas parecen seguros de llevar al protagonista, un excelente Unax Ugalde, a esa senda de catástrofe absoluta.

El trabajo de San José-Cobeaga es memorablemente clásico respecto a crear una galería de personajes secundarios divertidos y con peso en la historia, elementos formales que sí recuerdan a toda la tradición de la historia, pero, como Hawks, disfrazan de felicidad y brillo una conclusión en la que se habla de la inoperancia de sus dos protagonistas para avanzar en sus vidas.

¿Qué queda tras todo esto? El espectacular fantasma de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' de Almodóvar. En muchos sentidos, el guión perfecto, pero también el amalgama imposible de George Cukor, Frank Capra y algunos rastros de Hawks (El personaje de Banderas está obviamente inspirado en el Grant hawksiano). Con todo, la capacidad para (re)fundar una screwball a la española ha tenido consecuencias felices y audacias que seguramente están por venir.

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