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'Survivor', oro televisivo en forma de reality

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Las series han acaparado la mayor parte de la atención a la hora de establecer las mejores, más interesantes o más influyentes producciones televisivas que han ido surgiendo a lo largo de la extensa historia de la pequeña pantalla. Es obvio que hay pequeñas excepciones como podría ser el mítico ‘Saturday Night Live’ –de su adaptación española casi que prefiero ni acordarme- o, por usar un ejemplo típicamente español, el ‘Un, Dos, Tres’, pero los realities tienen una mala fama que impide valorarlos como realmente se merecen. He querido aprovechar esa coyuntura y el hecho de ser mi cumpleaños para hablaros de ‘Survivor’, no solamente el mejor reality que existe, sino también un programa muchísimo más importante de lo que pudiera parecer a simple vista.

Surgido de una idea de Charlie Parsons, el formato ha sido adaptado en infinidad de países –qué gran villana televisiva patria fue Francesca, participante en la segunda edición de ‘Supervivientes’- desde que diese lugar a una primera versión sueca en 1997, pero la que ahora nos interesa es la americana, cuya primera emisión data del 31 de mayo del año 2000. ‘Survivor’ no tardó en convertirse en todo un fenómeno de masas, superando los 50 millones de espectadores en la final de su primera edición. Como era de esperar, su seguimiento ha decaído desde entonces, pero su legado es inabarcable, siendo seguramente ‘Lost’ el ejemplo más llamativo para los seriéfilos. Sin embargo, ¿qué es lo que ha hecho que ‘Survivor’ sea un gran ejemplo de brillantez televisiva?

El formato

Imagen Survivor

Dentro de ‘Survivor’ cohabitan varias realidades que han ayudado a cimentar su grandeza. Por una parte, es una historia de supervivencia –algo mucho más acentuado durante sus primeras ediciones- en la que los participantes han de conseguir no morirse de hambre y luchar contra las inclemencias meteorológicas o de cualquier tipo que pueda aparecer. También es una competición física, algo particularmente evidente en las pruebas de recompensa –con jugosos premios en forma de comida- e inmunidad –la mejor forma de garantizar que no vas a ser expulsado-. Hay a su vez una parte importante de estrategia, ya que las maquinaciones o incluso la paranoia por librarse de la competencia es esencial, aunque mi parte favorita es cuando varias alianzas colisionan y hay sorpresas aparentemente inesperadas, uno de los mejores aspectos del programa.

Para que los neófitos puedan hacerse una idea, cada capítulo tiende a estar estructurado en una alternancia entre pasar momentos con los participantes –y el montaje tiende a darnos pistas sobre lo que va a suceder, ya sea en ese mismo episodio o en uno que está a la vuelta de la esquina- y las pruebas, dejando paso durante los últimos 10 minutos a las charlas para decidir quién va a ser expulsado y la propia votación final, donde el presentador no duda en hacer preguntas incómodas a todos los allí presentes antes de proceder a la votación. Sin embargo, la cosa no se queda ahí, pues hace tiempo que se introdujo el ídolo de inmunidad oculto, y quien lo tenga puede hacer uso del mismo en su favor –o de otra persona- antes de que se lean los votos. Esto supuso un gran acierto al dar una incertidumbre extra a los resultados.

Votando

¿Qué gracia tendría la cosa si siempre supiésemos más o menos lo que iba a pasar? El propio montaje intenta desorientarnos en los prolegómenos de la votación, esa fase en la que se incide en lado más negativo del ser humano, siendo éste capaz de traicionar incluso a su mayor aliado si así consigue garantizar su supervivencia un poco más. Ya en el mismo lugar de la votación, es evidente que el presentador está al tanto de la dinámica y no duda en lanzar preguntas que dan varias pistas sobre lo que está por venir, algo muy evidente para nosotros desde casa, pero que en pocas ocasiones se traduce en alguien reaccionando en la medida de lo posible –usar el ídolo oculto si es que lo tienen o a veces con la mera amenaza de hacerlo ya es más que suficiente-. ‘Survivor’ juega con la dinámica de las relaciones humanas y la forma en la que podemos ser manipulados o manipular a los demás, y todo ello respetando a los expulsados, ya que ellos son quienes eligen a los ganadores de cada edición. Nosotros como público nos limitamos a disfrutar o indignarnos según lo que suceda en cada episodio.

Uno de los elementos diferenciadores de otros programas de este tipo es el tiempo empleado para la creación de las pruebas, ya que aquí son competiciones duras, ya sea en lo físico o lo mental, que van desgastando tu cuerpo hasta dejarte hecho una piltrafa. Además, los montadores juegan en las emociones con nuestras pruebas, pues muchas veces hay una persona que va a ser expulsada si no consigue llevarse la inmunidad, lo cual les lleva a buscar el apoyo del espectador hacia dicha persona. Sin embargo, no esa la única fortaleza de las pruebas, pues no se duda en echar mano a todo tipo de triquiñuelas para añadir emoción y que nosotros estemos pegados en nuestro asiento por conocer el devenir de los acontecimientos.

El efecto Jeff Probst

Jeff Probst

Jeff Probst lleva ejerciendo como conductor del programa desde su primera edición, lo que le ha permitido alcanzar una especie de estatus mitológico que hace imposible concebir la existencia de ‘Survivor’ si él no está al frente. Su trabajo ha sido reconocido con cuatro Emmys al mejor presentador de realities o programas de competición –un premio que sólo se ha entregado en cinco ocasiones, tenedlo en cuenta-, pero justo es reconocer que también tuvo su etapa de asentamiento, pues su autoridad no siempre fue tan indiscutible como lo es hoy en día, algo que se notó especialmente en la octava edición, el primer All-stars de ‘Survivor’.

Su trabajo consiste en simultanear con gran habilidad la simpatía y el carisma necesario para lidiar con las diferentes personalidades con las que ha tenido que enfrentare a lo largo de los años con el puntito justo de mala leche para aprovechar las polémicas en beneficio del programa o alimentar la paranoia de los participantes para que todo dé mucho más juego. Hace unos meses os comenté un caso en el que le salió el tiro por la culata, pero en el 99% de los casos demuestra una solvencia que eleva aún más el ya de por sí elevado interés de un reality enormemente adictivo.

La adicción a ‘Survivor’

Éste es uno de los aspectos que más rechazo causa entre los que nunca han seguido ‘Survivor’, ya que los seguidores del mismo somos tan entusiastas a la hora de hablar de sus virtudes –y aprovechamos la mínima ocasión para hacerlo- que casi podría dar la sensación de pertenencia a una especie de secta televisiva. Eso sí, aún estoy por conocer a alguien que vea una edición íntegra –uno o dos episodios son insuficientes, ya que la regla general es que la cosa siempre va a más, algo muy evidente en algunos casos- y luego diga que esto es una memez que no sirve para nada.

Las claves para discernir esta reacción que provoca son difíciles de esclarecer, ya que cada seguidor del programa prioriza algún elemento por encima del resto —la carga estratégica, el brillante trabajo de montaje que hace imposible el aburrirse, la personalidad de los participantes, la calidad de los giros inesperados, etc.—, pero en mi caso siempre he defendido que la clave está en el equilibrio y en que ninguna de las patas esté realmente por debajo. Y esto es algo que se nota, porque en los últimos tiempos ha habido cierta despreocupación —sobredosis de modelos y/o aspirantes a estrellas de cuarta categoría— en la selección de los participantes y eso ha acabado dañando a varias de las últimas ediciones de ‘Survivor’.

Los concursantes

Los héroes y villanos de

A lo largo de 26 ediciones –sí, las he visto todas- ha pasado por ‘Survivor’ gente con todo tipo de personalidades, lo cual permite que cada espectador tenga sus propios favoritos y también aquellos participantes a los que disfruta odiando. El propio programa hizo una distinción muy clara entre los más destacados: Héroes o Villanos. Yo siempre defenderé que los segundos son mucho más interesantes, ya que añaden emoción al juego al ser mucho más imprevisibles en su forma de jugar, mientras que la honradez de los primeros sería celebrable en la vida real, pero nosotros queremos que nos entretengan, no a ser amigos hasta el fin.

Esto también permite que las charlas con otros fans del programa sean interminables, pues es prácticamente imposible encontrar unanimidad respecto a concursantes míticos de los que han pasado por ‘Survivor’, algo especialmente evidente en el caso de Russell Hantz, quien llegó a conseguir que su primera participación sea conocida como poco más que ‘El show de Russell’. La lista es bastante más amplia, pero no quiero extenderme demasiado con nombres que sólo serían familiares para los que ya sigan el programa.

¿Por qué ‘Survivor’ y no cualquier otro reality’

Logo de Survivor

Uno de los errores más comunes a la hora de hacer una valoración a priori de ‘Survivor’ es pensar que no es más que la versión americana de lo que ahora conocemos en España como ‘Supervivientes’ cuando la realidad no podría ser más distinta. Yo seguí con gran interés las dos primeras ediciones españolas, donde participaba gente anónima y se mantenía una tónica similar a ‘Survivor’. El nivel era inferior, pero era una adaptación muy respetable y disfrutable. Por desgracia, el formato evolucionó hacia la participación de famosetes de segunda o tercera categoría y yo acabé desconectando horrorizado ante lo que me pareció poco mejor que un esperpento. ‘Survivor’ no es eso.

La otra gran cuestión que algunos se plantearan es qué hace que ‘Survivor’ esté por encima de la abrumadora oferta americana de realities, donde si un tema aún no ha sido abordado, no os preocupéis que no tardará en aparecer algún programa al respecto. Los hay –‘The Amazing Race’- en los que las pruebas tienen una importancia tan capital que la cosa se ha venido abajo cuando los recortes presupuestarios se han dejado notar en exceso, también en los que la estrategia prima por encima de todo lo demás como ‘Big Brother’, pero su pobre acabado visual y lo lamentables que suelen ser sus pruebas acaban jugando en su contra. Luego hay otros formatos en los que prima la competición, como el caso de ‘Top Chef’, pero han acabado volviéndose demasiado redundantes. Como ya decía más atrás, la clave de ‘Survivor’ es el equilibrio, algo que le permite seguir siendo muy disfrutable incluso cuando alguna de sus patas cojea, algo que, eso sí, cada vez empieza a ser más habitual.

¿Por dónde empezar?

Una de las grandes preguntas para todo aquel que jamás haya visto ‘Survivor’, pero al que le haya entrado el gusanillo por probar, una gran idea para este verano —la ambientación en una isla solitaria, la convivencia en las proximidades de playas, etc.—, época en la que todo está mucho más parado de lo habitual. Los hay que recomiendan ir directamente a cualquiera de los tres All-Stars, especialmente a los dos últimos, algo comprensible dada su calidad, pero a cambio te encontrarás spoilers de otras muchas ediciones y tampoco tendrás el necesario conocimiento previo de los participantes para disfrutarlo al 100%.

Por mi parte, mi primera tentativa fue con Tocantins, la edición número 18, pero el primer episodio no me pareció para tanto y estuve sin ver nada más hasta el comienzo de Samoa, la número 19, cuando me enganché sin remedio, llegando a verme hasta tres temporadas en el transcurso de no más de cuatro días. Personalmente, recomendaría empezar por Palau —la 10— si quieres conocer a un héroe con el que es casi imposible no empatizar —y os lo dice el fan a muerte de los villanos—, Pearl Islands —la 7— por buenos personajes, ser extremadamente entretenida y un giro que nunca ha vuelto a repetirse, China —la 15— por ser algo más estratégica y muy compacta, aunque quizá le falten más momentos brillantes, o Gabon —la 17—, la edición más loca de todas por el exceso de poder acaparado por una persona que seguramente padezca algún tipo de trastorno bipolar.

En resumidas cuentas

Una prueba de

’Survivor’ es realeza televisiva, un programa por encima del bien y del mal que incluso en sus horas más bajas ofrece dosis de diversión y entretenimiento que para sí quisieran la mayoría de las series que hay actualmente en emisión –y eso incluye a las que estén en su hiato veraniego entre temporadas-. El impecable ritmo marcado por un trabajo de montaje genial es la guinda a esta mezcla de emoción, grandes personajes y un presentador que sabe manejar los hilos para potenciar aún más sus fortalezas. Todo amante de la televisión debería ver algún día ‘Survivor’, así de sencillas son las cosas.

En ¡Vaya Tele! | Cinco razones para ver realities americanos

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