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'Cómo conocí a vuestra madre', un pequeño e inesperado milagro maternal

'Cómo conocí a vuestra madre', un pequeño e inesperado milagro maternal
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Durante los últimos tiempos he sido uno de los muchos seguidores de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ que añoraba la genialidad que demostró antaño y cada vez disfrutaba menos con la senda marcada por sus creadores, los gags escritos por los guionistas --no discutiré nunca a los que defienden que el tono se ha mantenido más o menos constante, pero no la calidad a la hora de idearlo o ejecutarlo-- y las ya un tanto decadentes relaciones entre sus personajes. Sí que seguía habiendo ciertos chispazos de brillantez, pero sin apenas continuidad y muchas veces demasiado encaminados a la faceta más dramática de la serie.

No voy a engañaros, mis esperanzas en que la serie pudiera volver a ser lo que un día fue durante su última temporada eran bastante escasas, ya que lo consideraba como algo poco menos que imposible. Lo cierto es que sigo sin reírme tanto y la frescura es algo que cuando se pierde jamás regresa, pero ‘Cómo conocí a vuestra madre’ ha mejorado hasta tal punto en esta novena y última temporada que ha vuelto a convertirse en una de las series que más espero cada semana. Un pequeño milagro.

La madre

La madre

Está claro que una de las cosas que más esperaban casi todos los seguidores de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ era el conocer la identidad de la misteriosa madre que tanto tiempo le ha llevado conocer a Ted Mosby. Ya al final de la octava temporada tuvimos un pequeño aperitivo y yo fui uno de los que defendió la idea de que presentarnos a la madre era un error, y aún más el explorar su relación con Ted. Pues bien, no tengo ningún problema en reconocer que no podría haber estado más equivocado y que hasta la echaba mucho de menos durante los capítulos en los que su personaje no hacía acto de presencia.

Y es que la inclusión de Cristin Milioti ha sido uno de los principales puntos fuertes de los doce episodios ya emitidos, demostrando además una maravillosa química con Josh Radnor --genial la secuencia del faro-- y también una gran capacidad para interactuar con el resto de protagonistas de la serie, ya sea en momentos más dramáticos --era muy fácil pifiarla en el flashback que compartió con Barney, pero el tratamiento de su relación y cómo ésta fue la base para querer recuperar a Robin rozó la perfección-- o teniendo que mostrar su lado más amable y desenfadado --el ‘robo’ y su encuentro con Marshall del último episodio emitido antes del habitual parón navideño--.

El esquema de la temporada

La tarta

Una de las cosas que más me llamaba la atención de la novena temporada antes de verla fue el anuncio de que toda la acción iba a acontecer durante el fin de semana de la boda entre Barney y Robin, una pareja que defendí al principio, luego me decepcionó profundamente y ahora me viene a dar igual y me limito a disfrutar de los buenos momentos que comparten de vez en cuando. La gran duda era saber si podían hacer que diera de sí lo suficiente sin transmitir la sensación de estar alargarlo exageradamente y la respuesta es un sí, pero con algunos --no demasiado importantes-- peros.

Lo primero que me gustaría señalar es que ‘Cómo conocí a vuestra madre’ ha hecho gala de cierta irregularidad durante estos episodios, ya que ha habido tramas que uno podría calificar hasta cierto punto como relleno necesario --la rivalidad entre Robin y la madre de Barney o la disputa que surge entre este último y su hermanastro para intentar que su madre regrese con sus respectivos padres-- y la jugada de desvincular a Marshall del grupo ha sido algo que tan pronto nos daba buenos momentos como solamente servía para que nos preguntásemos cuándo iba a llegar con el resto e iba a tener lugar la previsible charla con Lily sobre su decisión unilateral de aceptar un puesto como juez en Nueva York.

Eso sí, los guionistas han conseguido que la trama central realmente apenas haya avanzado hasta la fecha, pero que no sea algo que haya sido molesto en términos generales. Para ello han recurrido a flashbacks, flashforwards y cualquier artimaña a su alcance, ya sea con fines cómicos --divertidísimo el ligue fallido de Ted, sobre todo por el personaje que se le aparecía para hacerle verle que había elegido mal-- o para dar algo más de fondo a alguno de los personajes o a sus relaciones --la crisis en la amistad que une a Ted y Barney tras enterarse de cierta cosa este último--. Ya habrá tiempo en los episodios restantes para ello, pero considero un pequeño milagro que hayan conseguido que todo encaje con cierta solvencia sin sacrificar la necesaria dosis de entretenimiento que han de darnos.

Apuntes finales

Ted y Barney

Agradezco mucho que al mismo tiempo que cuentan con una estructura más definida que les fuerza a no dar vueltas a lo tonto --ni excederse con las bromas típicas ya asignadas a cada personaje-- se permiten ser juguetones y sorprendernos con cosas como el notable episodio recitado íntegramente en verso. Además, vuelto a sentir interés en la vida de los protagonistas e incluso en el episodio más flojo de los trece emitidos al menos consiguieron que no me aburriera. Sólo falta un poquito más de consistencia y un pequeño arreón para que las risas se conviertan en carcajadas para que 'Cómo conocí a vuestra madre' pueda despedirse por la puerta grande y que el milagro al que aludo en el titular sea entonces a tamaño completo. Pase lo que pase, he recuperado la fe en la serie.

En ¡Vaya Tele! | 'Cómo conocí a vuestra madre', un fin de semana para recordar

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