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El éxito de un programa de televisión que la audiencia no toma en serio

El éxito de un programa de televisión que la audiencia no toma en serio
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Nos hablaba Mikel hace un par de días del éxito que había cosechado 'Sharknado', una TV movie emitida al otro lado del Atlántico que ha causado un auténtico furor en las redes sociales. La expectación estuvo acompañada de un correcto dato de audiencia y puso de nuevo en evidencia el éxito que es capaz de cosechar esas producciones que, lejos de ofrecer una decente calidad, atraen a un considerable número de público que se acerca a ella a sabiendas de lo que se va a encontrar.

Un placer culpable, como hemos llamado a tantos programas y series por los que sentimos una especial atracción a pesar de que somos conscientes que estamos ante material de dudosa calidad. Pero lo cierto es que pocos pueden resistirse a la tentación de acercarse a una historia centrada en un tornado lleno de tiburones que arrasa una ciudad, premisa con la que arranca 'Sharknado'. Su éxito ha propiciado que Syfy haya anunciado que la TV movie tendrá secuela (prepárate Nueva York porque los tiburones van hacia allí), lo que nos hace reflexionar sobre el éxito que este tipo de programas puede llegar a tener hoy en día en nuestra televisión.

No son pocos los programas que actualmente se siguen con ese toque de humor, que pretende sacar partido de un producto al que no nos acercaríamos si no tuviéramos puestas las gafas que nos permiten no tomarnos las cosas en serio. En nuestro país pasó algo parecido con la emisión de 'Felipe y Letizia', una TV movie que pretendía recoger la relación de los príncipes de España y que arrasó en audiencia. Su emisión también estuvo acompañada de un elevado número de comentarios en Twitter que directamente se burlaban de cada una de sus escenas, críticas hechas por personas que sabían que lo que estaban viendo dejaba muchísimo que desear pero que, al fin y al cabo, no se despegaban de la televisión.

Twitter ha aportado la aglomeración de ese comportamiento que antes podíamos tener en solitario o con la compañía de algunos amigos. Ahora, incluso existe un efecto llamada que nos puede hacer cambiar de canal de inmediato si vemos que en Twitter se está destacando la emisión de algún que otro programa con tono de burla. Todo esto favorece que las redes sociales extiendan esa actitud hiriente de cara al producto pero que, no olvidemos, puede dar como resultado un buen dato de audiencia al día siguiente, algo que lleva a hacernos una pregunta obligatoria: ¿Merece la pena?

"Todo por la audiencia". Esa es la respuesta más simple que podríamos dar a esta pregunta y que nos lleva a pensar que si hay un público potencial capaz de seguir un producto solo para burlarse de él, podría existir un negocio del que sacar partido con programas o ficciones de calidad cuestionable, donde se parta de una idea disparata para que los espectadores disfruten y siempre con el conocimiento de lo que se está haciendo, un hecho que hace que el resultado sea todavía más burlesco.

Otra vía para sacar partido de la televisión

Volviendo a nuestro país, podríamos ver algo parecido a lo que sucede con programas como '¿Quién quiere casarse con mi hijo?' o 'Un príncipe para Corina'. Es interesante recordar el cambio de actitud de Cuatro tras el estreno del primer programa, ya que la cadena se hizo eco de ese espíritu tróspido que comentaba semanalmente el espacio en Twitter y le otorgó forma televisiva, dándole la vuelta a la tortilla y aprovechando las críticas y el tono de burla con el que fue recogida la propuesta.

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Hoy en día, Cuatro sabe que lo que menos nos importa de su programa es qué pretendientes sean los elegidos o si los protagonistas de sus espacios logren encontrar el amor. La cadena explota su lado más ácido, dándole a este tipo de público lo que quiere y recibiendo en consecuencia unos datos de audiencia que han logrado destacar cada semana. Los espectadores siguen riéndose del programa, burlándose del mismo pero con el guiño constante de sus creadores. Desde luego, creo que serán muy pocos los que se tomen estos programas en serio. Aún así han demostrado que funcionan y que pueden dar mucho juego para que los espectadores se rían a gusto.

Uno de los puntos en los que se distancia espacios tan dispares como 'Sharknado' y 'Un príncipe para Corina' (al margen de los ya evidentes), es que el segundo programa logra un resultado técnico acorde al programa que se trata, de hecho si por algo destaca el espacio de Cuatro es por su gran trabajo de postproducción. En cambio, 'Sharknado' se llevó un buen número de burlas gracias a su parte técnica, muy por debajo del nivel de decencia televisiva, y como resultado de la estrategia del más bajo coste posible.

Lo que no podemos negar es que Twitter ha facilitado que ciertos productos sean recibido con una visión muy particular que también puede llevar al éxito de un programa, al menos en sus primeras entregas. En nuestro país, hemos visto que los primeros capítulos de algunas series eran tratados de forma "especial" por el público twittero, al mismo tiempo que conseguía obtener un buen dato de audiencia. Luego, con el paso de las semanas, ambas acogidas perdían fuerza, situando esa producción en el cajón del olvido, tanto para quienes la criticaban con acidez como para los que la seguían con entusiasmo.

Pero, ¿y si se explotara al máximo esta manera de hacer televisión? ¿Y si las ideas más disparatadas se llevaran a cabo para aprovechar el efecto curiosidad y las ganas que tienen algunos de pasar un buen rato burlándose de un programa? Imaginemos, por ejemplo, que ponemos a Antonio Resines como protagonista de una TV movie estilo 'Sharknado' en la que interpretara a un engendro resultado del experimento biológico de unir un humano con un pulpo y cuya finalidad sea estrangular a sus creadores en busca de venganza. O imaginemos, ya puestos, al grupo de los nerds de 'Un príncipe para Corina' protagonizar una miniserie en la que fueran al rescate de una princesa de verdad, lucha con el dragón incluida. Sí, sería todo muy cutre, muy loco y muy cómico a la vez, pero ¿lo veríais? Yo, al menos, no me lo perdería.

En ¡Vaya tele! | 'Sharknado', la ida de olla definitiva

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