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'Imperium' se despide mostrando su peor cara

'Imperium' se despide mostrando su peor cara
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He de reconocer que nunca seguíHispania‘, ya que acababa espantado siempre que pillaba un fragmento de la misma en Antena 3, y el hecho de que mi hermana, que si la veía, me la tachase de porquería cada vez que la mencionaba y que sólo seguía con ella para ver cómo acababa, va a ser que mucho no ayudaba. Seguro que ahora salta algún fan para defenderla, pero, como ya he dicho, simplemente no me interesó lo más mínimo como para verla.

Sin embargo, la confirmación de ‘Imperium‘, un cruce entre spin-off y secuela mucho más ambicioso que su predecesora, despertó mi curiosidad. ¿Los motivos? El fichaje de Pepe Sancho para dar vida al gran enemigo del protagonista, el hecho de rodarla en los mismos estudios (los míticos Cinecittá italianos) donde se grabó la estupenda ‘Roma‘ y que los tejemanejes de los hombres más poderosos de la época fueran el eje del relato. Sin más base que esa, decidí darle una oportunidad a ‘Imperium’.

Un arranque digno

Imagen del hermano de Galba y su esposa en

Una cosa que tenía clara es que, teniendo en cuenta la duración habitual de las series españolas, si el primer capítulo no me convencía, diría adiós con una gran facilidad a la serie por mucho que su primera temporada sólo fuese a constar de seis episodios, siete menos de los inicialmente previstos por la reticencia de Antena 3 a gastar demasiado dinero en una producción que aún tenía que demostrar su capacidad para atraer a la audiencia, ya que ‘Hispania’ había ido perdiendo espectadores de forma gradual, una mala señal que ‘Imperium’ no consiguió enmendar.

Eso sí, a nivel artístico, el duelo interpretativo entre Lluis Homar y Pepe Sancho resultó muy satisfactorio, pese a que el primero rozaba peligrosamente la sobreactuación cuando Galba se cabreaba ante el panorama al que tenía que enfrentarse. De hecho, la serie ha sabido manejar muy bien este punto, porque es algo que no ha vuelto a suceder, prefiriendo centrarse en su maquiavélica tranquilidad sea cual sea el problema al que se enfrenta. Por su parte, Pepe Sancho sabe manejar a un Quinto que no tarda demasiado en volverse un poco redundante en su lucha de poder contra Galba, algo que nunca llega a molestar por el sobrado talento del protagonista de la excelente ‘Crematorio‘.

Por lo demás, ‘Imperium’ conjugaba con corrección el factor culebrón con la presentación de las motivaciones del resto de personajes y los primeros pasos de éstos para intentar salirse con la suya. Es evidente que no todos ofrecían el mismo interés al espectador, pero sí que se sabía buscar un equilibrio para no desgastar demasiado pronto a ninguno. Este equilibrio consiguió mantenerse para el segundo episodio, con Galba ocupado intentando recuperar a su hijo, Quinto haciendo lo posible por evitarlo y el resto intentando mantenerse en la sombra mientras sus planes particulares iban progresando. Además, es cierto que visualmente ‘Imperium’ no ha llegado nunca a conseguir que su Roma sea totalmente creíble, pero tampoco era algo molesto que se volviese en su contra.

El peligroso giro hacia el culebrón total

Marco con el hijo de Galba

Llegó un punto en el que el hijo de Galba, ahora reconocido por Quinto, pero en realidad fruto de un tórrido momento de pasión entre Claudia y Marco, gana mucho peso en la trama, y es ahí por donde ‘Imperium’ empieza a descarrilar, ya que pasa a convertirse en el tipo de serie española en el que ya no importa que realmente la estés viendo para enterarte de toda lo que sucede en pantalla. Esto puede ser más perdonable en una serie cómica, pero se supone que el elemento histórico debería ser parte fundamental de ‘Imperium’, y eso es algo que queda reducido a la relativa espectacularidad de las luchas entre gladiadores.

Lo molesto no es ya que ‘Imperium’ apueste abiertamente por convertirse en un culebrón (muertos que no lo están, el embarazo problemático de Sabina, etc.), sino que no da muestras suficientes de talento para que sea algo que uno pueda pasar por alto. Y es que la serie pasa a convertirse en poco más que personajes yendo de un lado para otro para acabar siempre en la misma posición. Esa falta de progresión dramática condena a la serie a transmitir una sensación de redundancia que hace que el visionado de los episodios se le haga a uno cuesta arriba.

Un desenlace acelerado y poco satisfactorio

Imagen del último episodio de

Doy por sentado que sería un milagro que Antena 3 decidiera renovar una serie que cuesta 500.000 euros por episodio y que no llega ni al 10% de share, siendo eso lo que convierte en aún más cabreante. Mi primera queja es que viendo ‘El Asalto’, el capítulo emitido anoche, tenía todo el rato la sensación de estar viendo un resumen en lugar de un episodio como Dios manda, y es que la pausa habitual de la serie deja espacio a un avance precipitado de tantos acontecimientos que encima de no aclarar casi nada (bueno, la trama de Cora sí que podría darse por relativamente zanjada), lo que conseguía era complicarlo todo tanto que hacia el final ya estaba perdido entre paternidades dudosas, dobles o triples traiciones y, sobre todo, giros de muy dudosa credibilidad.

Y es que algo que debía causar tanto impacto como que Tito era hijo de Galba y ver poco después cómo acababa muriendo por una orden suya no provoca sentimiento alguno en un espectador un tanto desconcertado por algo que no va a llevar a ninguna. Por desgracia, hay un 99% de posibilidades de que ‘Imperium’ acabe con un episodio con ritmo atropellado que no resuelve nada sobre el auténtico eje de la serie (la rivalidad entre Galba y Quinto) y crea una catarsis dramática con poco impacto por lo poco trabajada que estaba. No es que fuese una gran serie, pero no merecía morir de esta forma.

En ¡Vaya Tele! | ‘Imperium’ enseña los dientes en su primer capítulo

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