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Las mejores series del Siglo XXI (Parte VIII)

Las mejores series del Siglo XXI (Parte VIII)
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Los nervios están a flor de piel, y no es para menos, nuestra lista con Las mejores series del Siglo XXI está llegando a su fin y está dando mucho que hablar como podemos ver en los comentarios. Solo recordaros brevemente que las series que están aquí son series que se han emitido en su inmensa mayoría en el Siglo XXI, por lo que alguna emitida en los 90 no entra aquí.

Debemos decir que estos últimos puestos han sido los más complicados de decidir, pero estamos satisfechos con esta lista. Aquí tenéis los últimos de la lista excepto la mejor serie de la década, que la dejamos para mañana, en una entrada especial, ya que se lo merece.

7. The West Wing

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Quién iba a decirnos que una serie política iba a ser tan divertida y tan imprescindible. Aaron Sorkin, su creador, es un auténtico genio de la televisión. La recreación del día a día del Presidente de los Estados Unidos y de su equipo es magistral. En ‘The West Wing’ nada está dejado al azar, y tanto diálogos como planos, decorados y elementos técnicos están sumamente cuidados. Los personajes están perfectamente definidos y todos son adorables a su manera, desde la secretaria de prensa CJ hasta Leo, pasando cómo no por el propio Presidente Bartlet.

La visión que nos ofrece ‘The West Wing’ quizás sea en ocasiones demasiado optimista y a veces la rapidez de los diálogos y las referencias al sistema político americano pueden perder un poco al espectador, pero destila tanta calidad que se lo podemos perdonar. Prueba de ello son los numerosos premios que cosechó a lo largo de sus siete temporadas y cómo llegó a influir incluso en la política real del país. Por este motivo la incluimos en esta lista, aunque perfectamente podría estar también en los primeros puestos de las mejores series de la historia.

Una escena: cualquiera en la que los personajes salen caminando a toda prisa por los pasillos de la Casa Blanca hablando sin parar, en los denominados ‘Walk and talks’ de Aaron Sorkin y que tanto utiliza en sus series. (Kyra)

6. Firefly

Firefly

Cuando se juntan Joss Whedon y FOX en un mismo proyecto, suele significar que éste no va a durar mucho. Y efectivamente fue lo que ocurrió con ‘Firefly’, de la que sólo se llegaron a emitir 11 episodios antes de ser cancelada. Aún así, pronto se ganó una legión de fans cautivados por el concepto de “western espacial” que Whedon tan brillantemente diseñó. De hecho, tanta presión de los fans consiguió que se hiciera una película (‘Serenity’) en la que se cerraran algunas tramas y que la serie saliera a dvd con todos los episodios no emitidos que se habían grabado.

El propio Joss Whedon la definió como una serie sobre “nueve personas mirando la negrura del espacio y viendo nueve cosas diferentes“, y es que ‘Firefly’ no es una simple serie de acción espacial. De nuevo citando a Whedon, “nadia cambia en el futuro: la tecnología avanzará, pero aún tenemos los mismos problemas políticos, morales y éticos”. Y esto precisamente lo ha sabido plasmar en la serie, con unos veteranos de guerra reacios a aceptar el nuevo orden establecido que viajan sin rumbo por un espacio lleno de trampas y enemigos. La pena es que la historia se quedara en tan pocos episodios, porque podría haber tenido mucho más que contar.

Una escena: El primer encuentro con los reavers, los malos malísimos a quien todos temen. Cómo inicialmente están todos relajados y todo cambia a un ambiente de nerviosismo tras el encuentro. Consiguen retransmitir esa tensión al espectador. (Kyra)

5. Mad Men

Mad Men

El elogio de la elipsis. En un mundo televisivo en el que la mayoría de las series te cuentan demasiadas cosas o juegan a hacer enfásis en lo que no te cuentan hoy, pero sí en el próximo episodio, ‘Mad Men’ sobresale por su forma de entender la narración, basada más en los agujeros que no se resolverán en primer plano. Matthew Weiner afronta las historias de los publicistas de Madison Avenue obligando al espectador a poner las piezas que le faltan a un retrato desolador sobre el final de la inocencia (que, además, comprobamos que nunca existió).

Impresionista, de ritmo lentísimo, sin apenas movimientos o puntos de giro, Mad Men es todo personajes. Y, claro, ahí destila una inteligencia maestra en su finísimo retrato de la ambigüedad humana: Don Draper, su mujer Betty y el resto de protagonistas de esta serie casi coral están tan llenos de defectos que podrían explotar y así es difícil sentir empatía ni odio por casi ninguno de ellos. Pero tampoco podemos dejar de observar, con fascinación, como tratan de no hundirse en sus propias arenas movedizas.

Una escena: Betty disparando a las palomas del vecino que asustan a sus hijos, matando moscas a cañonazos para no tener que enfrentarse a sus propias miseria (P. Roberto J)

4. The Office

The Office

‘The office’ son miradas, silencios, violencia, crueldad y comedia, mucha comedia. Steve Carell es el caballero de la serie pese a que su personaje sea una mezcla entre la ternura y la crueldad; y su escudero, el fiel Dwight Schrute, es el pelota ejemplar al que en la vida real odiaríamos pero que en la serie se convierte en nuestro cómplice. El resto de personajes son imprescindibles pero no brillarían sin las réplicas de Michael Scott. El falso documental adorna con maestría episodios de veinte minutos en los que se cuestiona la vida laboral y, a través de ella, los prejuicios, el racismo, las relaciones amorosas…, todo es materia viva en ‘The office’.

A pesar de ser la adaptación de la original británica, ‘The office’ (USA) ha conseguido tener una entidad propia gracias a que profundiza más en la comedia con la caricaturización más extrema de los personajes. El trabajo creativo e interpretativo se fusionan y hace que los guionistas interpreten a algunos personajes y que los actores dirijan episodios, consiguiendo una complicidad que se transmite y alimenta la necesidad del espectador de saber más de esta gente. Una pequeña familia que convive obligada por las circunstancias en la oficina de una empresa de venta de papel. Cada vez que los personajes salen de las oficinas de Dunder-Mifflin de Scranton comprenden que sólo pueden volver a sus respectivas mesas. No hay otro sitio en el mundo para ellos y ese es su drama.

Una escena: Cuando Dwight descubre que Oscar es gay en la segunda temporada o, mejor dicho, no lo descubre. Esta subtrama de este episodio me parece descacharrante y pone en evidencia los recursos de la serie, las motivaciones de los personajes y el clima de presión que se respira en la oficina. (Ruth)

3. The Wire

The Wire

Entre 2002 y 2008, cuando ‘The Wire’ se emitió en la HBO, siempre lo hizo a la sombra de ‘Los Soprano’, considerada “la” serie de esa cadena. Sin embargo, lo que el show de David Simon y Ed Burns consiguió en esas cinco temporadas se ganó los epítetos más superlativos que hayamos podido leer recientemente. En parte, no les falta razón. Partiendo de lo que podría ser la trama de una obra policíaca convencional (la investigación que un heterodoxo grupo de policías hace de una banda de narcotraficantes que opera en los barrios más deprimidos de Baltimore), la serie hace un retrato social mucho más amplio sobre esa ciudad y sobre todo un sector de la sociedad estadounidense abandonado a su suerte por el poder.

Pero aunque el comentario social, como buena integrante del género negro, es muy importante, la serie nunca se olvida de unos personajes muy cuidados y muy humanos y de unas tramas que, aunque a veces no resultan fáciles de seguir, te atrapan sin remedio. Desde la terrible situación de los barrios de las viviendas sociales a la política municipal, el sistema educativo o los medios de comunicación, ‘The Wire’ es toda una andanada contra lo que está podrido en la sociedad estadounidense sin dejar de ser muy entretenida y apasionante.

Una escena: ‘The Wire’ también tiene un peculiarísimo sentido del humor, palpable en un momento de la primera temporada en el que dos de sus detectives, McNulty y Bunk, reconstruyen un asesinato diciendo sólo variaciones de fuck. (Marina)

2. Arrested Development

Arrested Development

La historia de ‘Arrested development’, la propia de la ficción y la de su recorrido en televisión, la convierte en una ficción imprescindible por varias razones que van desde la estructura hasta el contenido crítico que atraviesa la propia televisión como medio y se clava en la sociedad americana como una espina dolorosa. Su incomprensible cancelación, su carácter de serie de culto, el proyecto de la película y la complejidad de la crítica despiada hacen que ‘Arrested development’ pueda presumir de ser una serie única que no ha encontrado sucesión.

Arraigada en el género del mockumentary, protegiéndose en la comedia y con episodios frenéticos de veinte minutos, una galería de personajes locos con claras referencias a las soap opera americanas extreman sus vivencias hasta el ridículo dejando en evidencia una sociedad desquiciada, materialista, egoísta, hipócrita y superficial. Los Bluth encarnan el fracaso del “American way of life” y sus historias se anclan en el fracaso, son unos “loser” modernos que no encuentran salvación. La bondad, el camino que elige Michael Bluth para sacar adelante a su familia, es un precipicio que no hace sino confirmar una y otra vez que la única salida es la asunción de los defectos. Son una familia desestructurada en una sociedad desestructurada.

Una escena: Me cuesta mucho elegir una escena porque cada episodio es un pequeño tesoro de ritmo y perfección argumental pero puestos a seleccionar me quedo con el número de magia de Gob con la música de “The final countdown”, de Europe. La vergüenza ajena, la plasmación del patetismo, la música en contraste con lo que transmite. Una maravilla. (Ruth)

¿Cuál será nuestra número uno? Mañana lo sabréis, pero se admiten apuestas.

En ¡Vaya Tele! | Las mejores series del siglo XXI (Parte VII) | 18-13 | 24-19 | 30-25 | 36-31 | 43-37 | 50-44

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