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'Punta Escarlata': Cuando el enemigo está en tu propia casa

'Punta Escarlata': Cuando el enemigo está en tu propia casa
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‘Punta Escarlata’ no ha sido la serie con la suerte más de cara del mundo. Ha tardado en estrenarse y uno no acaba de entender por qué quedó en tierra de nadie con la incorporación de Cuatro al Imperio Telecinco. No se confiaba en ella, eso estaba claro, pero con la andadura ya terminada, está claro que los miedo eran exagerados. ‘Punta Escarlata’ ha resultado un buen entretenimiento y ha dejado durante toda su andadura buenos datos de audiencia. Incluso pese a ser verano y un prime-time casi más Late Night que otra cosa. O quizás por todo eso, precisamente.

¿Ha sido una serie espectacular? Por supuesto que no, pero ha sabido mantenerse en pie incluso cuando se ha trastabillado demasiado. Sigo pensando que la ficción nacional televisiva viene lastrada de antemano por la que es también su principal característica: es imposible mantenerse al cien por cien con capítulos que se van por encima de la hora, es una quimera pretender que cada semana te salga una película y te salga buena. Y más si pretendes usar los códigos del misterio policiaco y del thriller.

Inunda un pueblo de misterios, que algo queda

‘Punta Escarlata’ tenía muy claros sus referentes. Sobre el papel, planteaba el clásico Whodunit dentro de un ambiente con gancho: un pueblo turístico en un buen enclave; ha habido escenas visualmente agradecidas en esa playa con castillo al fondo. La serie, además, añadía ciertos tonos fantásticos: la chica que ve visiones, sí, pero también, especialmente al principio, llamadas a “un bosque maldito” y a esa especie de maldición que planea sobre Punta Escarlata.

La táctica para desarrollar todo esto ha sido la habitual: llenar el guión de sospechosos, bastantes veces de manera muy obvia. Cuando uno abusa de los ceños fruncidos, las miradas culpables en segundo plano o los personajes con oscuros secretos, al final puedes tender a la autoparodia.

Punta Escarlata Reyes

Con eso ha coqueteado en no pocos momentos la serie, aguantando pese a todo el tipo. Por supuesto, ha habido tramas totalmente accesorias (la del sacerdote, la más clara); pegotes que no acababan de encajar (el doble fondo de la dueña del camping, Interpretada por Elena Ballesteros); líneas que no han llegado a impresionar (la subtrama de Jero, por ejemplo, ha ocupado bastante más de lo deseable y su “historia de amor” ha rozado lo ridículo)… Sin embargo, la sensación final, salvo en un par de capítulos mal resueltos, es que siempre quedaba algo de interés para no bajarse aún.

Quizás es que era verano y no teníamos tanta prisa por desechar. Quizás también que de vez en cuando se veían muy buenas hechuras: un piloto con ritmo, algunas escenas complicadas bien llevadas (en general, las búsquedas de desaparecidos han tenido la tensión adecuada) y algunos actores que salvaban la función (no el muy irregular Francino, al que además deberían haber extirpado en las presentaciones de los capítulos, pero sí Fernando Cayo como el guardia civil sospechoso de todo Reyes).

‘Punta Escarlata’: un final atenazado por los tópicos

Lo peor, quizás, ha sido el decepcionante capítulo final de la serie, sobre todo comparado con los dos que le precedían. En la última hora larga de serie, casi nada llegó a funcionar. El operativo policial trampa para cazar al asesino (que ya de por sí forzaba demasiado la ficción, la suspensión de la incredulidad) se montó visual y narrativamente con poca destreza y menos tensión; la confesión del primer asesino resultó larga e ineficaz; y sólo el momento previo al descubrimiento del último culpable consiguió remontar el vuelo.

Sí, claro que las soluciones narrativas han sido poco satisfactorias, pero ¿qué se podía esperar? Si el misterio gira alrededor de si son muchos o pocos los asesinos, parece claro que al final no te va a quedar más remedio que meter a demasiados culpables en el ajo. Ya puestos, mejor que se hubieran hecho un Fuenteovejuna versión psycho-killer.

Punta Escarlata
Y, aun con todo, ‘Punta Escarlata’ no se merecía el destierro de Telecinco. Quizás a veces haya que arriesgar un poco más, señores programadores. De su capacidad de riesgo depende la capacidad de la industria televisiva nacional para probar con más géneros, buscar más piruetas y acertar donde antes se falló.

En ¡Vaya Tele! | ‘Punta Escarlata’ reparte bien las cartas para resolver el misterio del verano

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