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'Megamind', parodia divertida sin demasiada fe

'Megamind', parodia divertida sin demasiada fe
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El cine de animación de Dreamworks tiene su sello bien marcado en unas películas en las que el entretenimiento es su máxima, las historias buscan un giro más o menos original dentro de esquemas manidos y su ejecución técnica es de gran factura. Aún así, y aunque las comparaciones son odiosas, aunque inevitables en casos como este, viven a la sombra de Disney/Pixar. No tanto por estar por detrás en cuanto a resultados artísticos, que lo están pero es algo complicado de igualar, sino porque escogen historias cuyo calado suele es inferior.

En ‘Megamind’ encontramos un cierto reflejo de ‘Los increíbles’ (algo que no esconden los guionistas Alan J. Schoolcraft y Brent Simons). Una visión sobre los superhéroes que desde Dreamworks han querido darle la vuelta a lo habitual. Tratar esa dualidad (y rivalidad) entre el héroe y el villano y demostrar que la presencia del uno no tiene sentido sin la del otro y cómo sienten, piensan y se plantean su relación en el mundo imaginario de los superhéroes. Aunque en este caso provengan de una galaxia lejana.

La película logra su máximo acierto precisamente en este planteamiento. Es interesante como se expone la situación del bueno, del héroe cuyo hastío acaba por afectarle hasta el punto de plantearse una retirada. Y la del malo cuya única motivación y realización pasa por salir perdiendo en cada enfrentamiento. Hasta que llegado el momento, este escenario da un giro y ambos reflexionan sobre su rol. Es cuando vemos ese otro lado, esa intimidad del villano y del héroe y sus conclusiones. Como decimos, esto está muy bien planteado, es lo más original y destacable, aunque para lograr el efecto se renuncie a un ritmo trepidante y aumenten las escenas repletas de diálogos, donde la narración subraya a base de escenas dilatadas esta situación.

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‘Megamind’ y su irregular ritmo

Aquí de nuevo cabe la comparación. Puesto que donde Dreamworks (o Tom McGrath, su director) necesita, y no sólo lo hemos visto en esta ‘Megamind’, varios minutos, escenas y diálogos abundantes abusando del subrayado, en Disney/Pixar lo resuelven de un plumazo, con escenas simples, contundentes y sublimes en la síntesis narrativa.

Es aquí cuando el espectador adulto extrae la máxima esencia de ‘Megamind’ y los niños se inquietan en la butaca esperando el ansiado enfrentamiento, la acción y diversión que se espera de una película de animación (y en 3D). Aunque tarde un poco en llegar y se dilate en exceso la llegada del espectáculo. Bien conseguido en el último tercio del film.

Pero ‘Megamind’ a pesar de su resolución correcta, sin decepcionar pero sin alcanzar la brillantez, adolece de poca fe. Poca fe a la hora de sacarle punta a la parodia, de imponerle a las escenas de acción toda la esencia (tampoco son precisamente lo mejor) y la floja presencia de algún personaje que aporta un punto de debilidad, de interés y cuya resolución resulta demasiado “articial”, sacando a relucir las cadencias del cine concebido como un producto industrial, del mainstream con falta de riesgo, de atrevimiento y de, como indicamos, de fe en lo planteado y traspasar la línea de lo convencional.

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Buenos personajes a excepción de la chica

El ejemplo más claro lo encontramos en Roxanne Ritchi, la reportera, ese personaje que no es más que una parodia de Lois Lane (y uno de los múltiples homenajes a ‘Supermán’, su principal referente), y es con mucho el más flojo de la galería de secundarios. Es una muestra de poca fe, o poca inspiración quizás, a la hora de incluir este personaje cuya sosez lastra el film, al igual que las escenas del protagonista azul con ella, una historia de amor tan ñoña como insulsa y floja.

No podemos decir lo mismo del resto, ese simpático Esbirro, fiel compañero o de Metroman el héroe chulesco y todo un showman. Personajes cuya presencia le otorga al film riqueza y momentos cómicos y divertidos. Y por supuesto Megamind, simpático, recurrente, profundo y original por su condición de héroe forzado a ser el malo de turno (aunque tengamos muy reciente a Gru).

Sin embargo, la factura de producto fabricando en serie, no debe ensombrecer los grandes aciertos: el universo multirreferencial, guiños cinéfilos bien insertados (genial el paródico Brandon mitad padre de Supermán, mitad Padrino) y que se ganan la empatía del espectador y algunos diálogos y situaciones cómicas que consiguen dar lustre al conjunto (a pesar de la desarcertada y desaprovechada elección musical). Además gana enteros cuando se vuelve histriónica, alocada y deja que la pura diversión fluya con ese punto de desmadre que hace las delicias de muchos.

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