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'Los ojos de Julia', otro giallo cantaría

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Cuando visioné la ópera prima de Guillem Morales, ‘El habitante incierto’ (2004), celebré enseguida que en nuestra excelsa cinematografía surgiese alguien como Morales, que con poco presupuesto y buen hacer era capaz de superar a muchos de sus compañeros de profesión, de los más famosos, me refiero. Dicho film pasó con más pena que gloria por nuestras carteleras, y aquí un servidor, que enseguida se deja llevar por los impulsos, os avisaba del ingenio de su realizador, capaz de aunar forma y fondo como pocas veces se había hecho en el cine de terror español actual. Y protestaba por el hecho de que Morales fuese un desconocido, y que habría que darle unos cuantos millones para que realizase films de mayor alcance mediático. Pues bien, ese día llegó, y el año pasado se estrenó con gran éxito la segunda película del realizador, ‘Los ojos de Julia’, en la que Guillermo del Toro ha metido mano como productor.

El resultado ha sido el segundo film español más taquillero del 2010, el cual nos ha llegado hoy al mercado del DVD y Blu-ray, para continuar su éxito en videoclubs y en puntos de venta. Uno de sus productores se enorgullece de haber ofrecido al público un producto patrio que aúne calidad y comercialidad, me imagino que para demostrar al siempre susceptible espectador que en nuestras tierras podemos hacer buen cine. De terror, digo. Me sorprende enormemente el éxito de la cinta, aunque si pienso en una más que decente campaña de promoción, con el nombre de Del Toro en letras bien grandes y la presencia de Belén Rueda en otro film de terror tras ‘El orfanato’ (Juan Antonio Bayona, 2007), se pueden deducir bien las razones de su éxito. Sin embargo, esta vez el señor Morales no ha estado a la altura de las circunstancias.

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El argumento de ‘Los ojos de Julia’ cuenta la historia de una mujer que posee una enfermedad degenerativa en la vista, y que se encuentra afectada por el suicidio de su hermana gemela, y que también padecía la misma enfermedad. Obsesionada por los extraños acontecimientos y convencida de que no fue un suicido, Julia empezará a investigar por su cuenta y pronto sentirá una amenazadora presencia que nadie más parece haber percibido. Bueno, salvo dos o tres personajes secundarios que irán desapareciendo de la trama muy convenientemente. Sobre el papel no dudo que la historia tenía enormes posibilidades, pero su puesta en imágenes desvela cierta incomprensible torpeza narrativa, errores de tono y lo peor de todo: pretender que el espectador se asuste pero conseguir lo contrario, que se parta de la risa, al menos en mi caso.

Si en su anterior film Morales rendía tributo a Alfred Hitchcock en algún elemento de la trama, pero sin perder su propia identidad, en ‘Los ojos de Julia’, el maestro del suspense también tiene su cabida, sobre todo en ese final claramente inspirado en el de ‘La ventana indiscreta’ (‘Rear Window’, 1954). También hay ecos de ‘El fotógrafo del pánico’ (‘Peeping Tom’, Michael Powell, 1960), pero sobre todo del giallo italiano, subgénero del que la película parece un refrito en clave de comedia pura y dura. Morales no se acerca ni de lejos a las atmósferas que era capaz de conseguir Mario Bava, por mucha pericia técnica que demuestre moviendo la cámara muy adecuadamente. Tampoco es capaz de controlar los excesos de la trama, como podría haber hecho un Dario Argento en plena forma. Es ahí donde la película se vuelve ridícula, sobre todo en su parte final, cuando la identidad del malvado es desvelada y todo se vuelve un circo.

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‘Los ojos de Julia’ está bañada de diálogos penosos, de esos que dan ganas de no seguir viendo la película. “Te llevan a un sitio de esos donde si no oyes, eres sordo, si te falta un brazo, eres manco, y si no ves, eres ciego” —toma obviedad de las gordas— o el grito del asesino cuando es encerrado por Julia en el sótano —¡Julia! ¿Por qué has cerrado la puerta?— son algunas de las lindezas tan divertidas que nos regalan Morales y Oriol Paulo en un guión además repleto de incongruencias y huecos. Personajes secundarios con comportamientos incomprensibles —si la niña lo sabe todo, ¿cómo es que no ha dicho nada?, ¿por qué el personaje de Julia Gutiérrez Caba finge ceguera en un principio?, ¿un médico desaparece y nadie lo nota?—, y otros que no pintan nada, como el de Lluís Homar, que por muy buen actor que sea, de nada vale si su rol en innecesario, a no ser por ese giro final en el que la película se vuelve una historia de amor cósmica.

Hay un par de cosas buenas en ‘Los ojos de Julia’, faltaría más. Una es la excelente secuencia de la protagonista en unos baños en los que un grupo de mujeres ciegas hablan sobre su hermana muerta, antes de notar la presencia de Julia y algo más. Digamos que es un instante en el que el terror aparece de verdad, porque parte de lo cotidiano, y sobre todo gracias a la excelente planificación de Morales. La otra cosa buena es de tipo argumental y tiene que ver con el carácter del malvado de la función, con su condición de persona ignorada hasta el punto de que le hace parecer invisible, idea que en cierto modo parte del anterior film de su director. El resto es sobre todo un vehículo para el lucimiento de Belén Rueda, como eterna sufridora del cine de terror actual patrio.

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