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'Ahora y siempre', bajo la misma estrella

'Ahora y siempre', bajo la misma estrella
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Ol Parker sólo ha dirigido dos películas, y su nombre apenas dice algo en sitios como nuestro país, por ejemplo, donde su ópera prima, ‘Rosas rojas’ (‘Imagine You and Me’, 2005) nos llegó con medio año de retraso. Peor sucede con la presente ‘Ahora y siempre’ (‘Now is Good’, 2012), que ha tardado casi la friolera de dos años, para ir a coincidir en cartelera con un film de similares características, ‘Bajo la misma estrella’ (‘The Fault of Our Stars’, Josh Boone, 2014), la cual ha llevado un montón de gente a las salas. En estos tiempos lo más lógico del mundo es ir a ver historias de amor imposibles bañadas con enfermedades terminales. Nos gusta sufrir.

Las similitudes de ambas cintas son más que evidentes, aunque no estamos ante dos películas que traten el mismo argumento, pero sí llegan al mismo puerto. En el caso del film de Parker nos encontramos ante una de esas cintas británicas con diferente sensibilidad a la yanqui —algo que se nota sobre todo en otro medio muy diferente, la televisión, en la que los británicos se atreven a mucho más—, y cuyo tratamiento del amor no se aparta demasiado del propuesto en ‘Más allá del amor’ (‘Endless Love’, Shana Feste, 2014), con el plus de enfermedad, y un poco más de sensibilidad, de tacto si así se quiere decir.

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Dakota Fanning iba para gran actriz cuando la vimos en películas como ‘El fuego de la venganza’ (‘Man on Fire’, Tony Scott, 2004) o ‘La guerra de los mundos’ (‘War of the Worlds’, Steven Spielberg, 2005) en las que casi se comía, interpretativamente, a sus compañeros de reparto. Casi diez años después la cosa ha cambiado mucho, tanto que hasta su nombre es desconocido por muchos. El lógico crecimiento adolescente se ha traducido en otro tipo de personajes, menos afortunados en películas menos interesantes incluso.

El cáncer de la vida

Fanning da vida a Tessa, una chica de diecisiete años que tiene una enfermedad terminal y una lista de cosas que hacer antes de morir, entre ellas la más importante, perder la virginidad. Por supuesto desea mantener su enfermedad en secreto con todos los chicos que conoce, ya que no quiere ser víctima de la compasión, un punto bastante interesante pero sobre el que se pasa de puntillas. Su particular Romeo será su vecino Adam —Jeremy Irvine, el descubrimiento de ‘War Horse’ (id, Steven Spielberg, 2011)—, que caerá completamente, e inexplicablemente, rendido a sus pies.

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Una relación que va y viene en tiempo récord, lógico, mientras el film navega dócilmente por el melodrama procurando no cargar las tintas en los aspectos de la enfermedad intentado no caer en la manipulación fácil. Por desgracia el formato de postal al retratar la historia de amor central cae en todos los tópicos habidos y por haber, a lo que hay que sumar un feeling justito entre la pareja protagonista. Para desgracia el tratamiento de unos desaprovechados Paddy Considine y Olivia Williams, como padres separados de Tessa, se queda también en tierra de nadie.

Aciertos parciales —actores que se creen lo que hacen, narración sencilla y efectiva a ratos, y detalles como el del nombre por toda la ciudad— chocan de frente con cierto freno, buscando quizá una sutileza que no puede producirse, y el engaño de reivindicar una vida que no podrá vivirse, y también un vago tratamiento del aborto que resulta casi tendencioso. Al menos en su parte final no extiende sus previsibles cartas en pos del sentimentalismo barato.

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