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'Almas condenadas', el Wes Craven más pésimo

'Almas condenadas', el Wes Craven más pésimo
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‘Almas condenadas’ (‘My Soul to Take’, Wes Craven, 2010) era una película destinada al olvido, al menos en nuestro país. El estreno, y relativo éxito de ‘Scream 4’ (id, 2011) ha resultado de lo más oportuno para rescatar el anterior film del realizador y estrenarlo en salas cinematográficas, intentando aprovechar el tirón de la cuarta entrega de la saga con la que Craven vivió una segunda juventud. El director que obtuvo cierto prestigio con su lamentable ‘Las colinas tienen ojos’ (‘The Hills Have Eyes’, 1977) —muchísimo mejor el remake realizado por Alexandre Aja— consiguió la fama mundial cuando nos presentó a un futuro icono del cine de terror adolescente, Freddy Krueger, ejemplo de idea genial poco aprovechada tanto en el film original como en sus prescindibles secuelas. Tras ponerse serio en la interesante ‘La serpiente y el arco iris’ (‘The Serpent and the Rainbow’, 1988) e intentar repetir la jugada de Krueger con ‘Shocker’ (id, 1989), Craven vuelve a gozar del éxito en la segunda mitad de los 90 con la saga ‘Scream’, de la cual me quedo con la primera entrega por insertar muy bien el humor. De cosas como ‘Música del corazón’ (‘Music from the Heart’, 1999) o ‘La maldición’ (‘Cursed’, 2005), prefiero no hablar, son exponentes del peor Craven.

‘Almas condenadas’ pertenece a este último grupo y pone en evidencia las limitaciones de un director que está lejos de merecer los piropos que a veces le han dedicado. Si acaso estamos ante un realizador con cierta solvencia y que, en determinadas ocasiones, y partiendo siempre de un material interesante, ha sabido realizar algún que otro producto mínimamente digno. Echando un vistazo a ‘Almas condenadas’ se puede asegurar, sin ningún tipo de duda, lo falto de ideas que anda Craven, lo repetitivo que se ha vuelto, y lo mal que envejece su cine. En esta película, que llamarla de género de terror sería insultar al género en sí, están reunidos todos los topicazos y clichés habidos y por haber, además de un repaso del propio director a su filmografía más destacada. A su lado, casi compartiendo cartelera en el momento de su estreno español, ‘Scream 4’ es prácticamente una lección de cine.

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El film da comienzo con el mejor momento del mismo, aquel en el que vemos el origen de toda la historia, una premisa que marca una inquietante diferencia entre lo real y lo imaginario, con ese interés que Craven siempre ha puesto en retratar un mundo de pesadilla. Pero ahí se acaba todo, como pronto se acabará mi texto, pues una película como ‘Almas condenadas’ no merece mucho más. Su falta de originalidad —algo que realmente se acabó hace décadas— empieza por la extraña tendencia de su realizador a querer repetirse más que el ajo. La película parece un refrito sin sentido de todo lo visto en su filmografía, empezando por las referencias a la saga de Freddy Krueger, y terminando por la saga Scream, con la que comparte intenciones e idénticos pasajes. Actores más malos que el hambre, situaciones absurdas que claman al cielo, reflejo de un guión demencial lleno de lugares comunes, y una realización que sólo denota cansancio. El aburrimiento como forma de expresión, algo que pronto se convertirá en virtud dentro del cine comercial, si no lo es ya.

Resulta llamativo, no obstante, haber visto tan seguidos dos films de Craven que comparten género, y sin embargo, el uno muy distinto del otro. La cuarta entrega de ‘Scream’, sin ser un prodigio, conserva un Craven más dinámico, más enérgico, incluso más dispuesto a reírse de sí mismo y del género, con la vuelta de tuerca sobre remakes y secuelas. Un sano ejercicio de metalingüismo, cuya mala leche deja en pañales a ‘Almas condenadas’, hija bastarda y defectuosa de toda la memoria cinéfila de Craven. Un pérdida de tiempo absoluta.

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