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'Aritmética emocional', la lista de Melanie

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Al igual que en 'La Lista de Schindler', esa obra magna de Spielberg, en 'Aritmética emocional' existe una lista realizada por su protagonista principal. Un libro escrito en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, lleno de nombres de los hombres, mujeres y niños que entraron y salieron en el campo. Una lista realizada para que en años venideros la gente no olvide lo que pasó en la contienda, una lista que durante los años siguientes se convertirá en una losa de recuerdos que pesa sobre la vida de una mujer ya madura, la cual obsesionada por sus recuerdos de infancia, se olvida de vivir con plenitud su propia vida.

'Aritmética emocional' versa sobre el holocausto judío a través de la historia de varios personajes que se reúnen años después de aquellos años tan fatídicos. Melanie es una mujer adulta, casada desde hace años, y que junto a su marido, hijo y nieto, reciben la visita de dos hombres que coincidieron con ella en el campo de concentración: Jakob Bronski, a quien creía muerto, y Christopher Lewis, con quien mantuvo un fuerte vínculo de amistad.

'Aritmética emocional' es ante todo una película de actores luciéndose durante toda la proyección. Y realmente es lo único salvable de una película que descuida bastantes aspectos, sobre todo un guión que recurre a ciertos efectismos totalmente innecesarios. El espectador conoce de los horrores sufridos por los personajes por boca de los mismos, lo cual no supone ningún problema. Sin embargo éstos se comportan de una forma tan extraña y tan poco definida que a veces tenemos la sensación de que están locos. ¿La terrible experiencia sufrida les ha dejado tanta secuela? demasiado forzado. Y más aún cuando se insertan determinados flashbacks que nos llevan al campo de concentración, pero en los que no vemos nada especialmente dramático. Flashbacks que en vez de ayudar estorban.

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Por otro lado, el personaje más interesante de todos es el marido de Melanie, alguien quien no ha vivido los horrores citados por su esposa, pero que llega a las conclusiones mejor pensadas y razonadas de todo el film a pesar de cierto aire egoísta. Christopher Plummer da vida al citado personaje, y lo hace con toda la elegancia y veteranía que los años le han dado, resultando a la par emotivo y divertido (es el único que parece desmarcarse para mejor de la trama) llenando de matices el personaje probablemente mejor dibujado de la película. Mucho más que el de su mujer, a la que da vida una espléndida, como siempre, Susan Sarandon, que además hace gala de una madura belleza muy apropiada para el papel. A su lado un expresivo Max von Sydow, alejado de sus hieráticas composiciones, y transmitiendo más con su sola presencia que con lo que el endeble guión pretende a través de él. Gabriel Byrne realiza una composición un tanto extraña, y su obsesión con Melanie parece más el querer echarle un polvo tantos años atrasado, que el reencontrarse con alguien con quien compartió momentos demasiado dramáticos. Cuatro actores que están muy por encima de la película.

'Aritmética emocional' es tan fría como su título indica, no emociona, no engancha y por momentos hasta resulta risible (la relación entre Melanie y Christopher). Mezcla con dudosa habilidad realismo con momentos oníricos (además de los flashbacks, lo concerniente al personaje de von Sydow y sus "acompañantes"). Parece no avanzar hacia ningún lado, y al final después de media hora de aburrimiento la perplejidad se apodera de uno. ¿Cuál ha sido la verdadera intención de esto? ¿no hay que olvidar para que ciertas cosas no vuelvan a repetirse? ¿olvidar para poder pasar página? ¿caer en la tentación para vencerla y poder vivir mejor? Todo ello está cogido con pinzas, y a pesar de que su director, Paolo Barzman, parece esmerarse en su puesta en escena, no puede evitar caer en el aburrimiento que proporciona todo lo que plantea la película.

'Aritmética emocional' es una película muy floja, en la que sólo merecen la pena las interpretaciones de su cuarteto protagonista, y también la banda sonora de Normand Corbeil, que al igual que los actores, transmite más de lo que el guión pretende. Algo tan terrible como el holocausto judío carece esta vez de interés, a no ser por las sinceros pensamientos del personaje de Plummer, y que más de uno cuestionaría equivocadamente.

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