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'Capitán América: Civil War', productos versus cine
Críticas

'Capitán América: Civil War', productos versus cine

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Cuando Marvel dejó de ceder los derechos de sus creaciones a las productoras que se daban de hostias por conseguirlos, allá por el 2008, se creó una nueva etapa en el machacante cine mainstream que alcanzaría proporciones gigantescas, sobre todo cuando Disney se lanzó, cual hambriento depredador, a sacar todo el máximo provecho posible, extendiendo el modus operandi existente en las colecciones de cómics a otros universos, nunca mejor dicho.

No es coincidencia que el mismo año en el que dos de los líderes Marvel, el Capitán América e Iron Man, se enfrenten, en la competencia hayan hecho lo mismo con los iconos Superman y Batman, mostrando las flaquezas de los que se suponen responsables de salvar a la humanidad de los peligros que le acechan. Personalmente prefiero la jugada ofrecida por el vacío Zack Snyder que los que los hermanos Russo —aún menos dotados para el cine que Snyder— han ofrecido aquí.

Ambas películas parten de una premisa similar. Los superhéroes, en su afán de defender el planeta de invasores de todo tipo, destrozan todo cuanto tocan, provocando muertes innecesarias entre los civiles. Hay que controlarlos. Un gran poder lleva consigo una gran responsabilidad. Si el sobrino de Ben Parker, que se deja ver por ‘Capitán América: Civil War’ (‘Captain America: Civil War’, Joe & Anthony Russo, 2016), fue capaz de aprenderlo gracias a la muerte de un ser querido, el resto está obligado a ello.

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Más es menos

Tras la inefable segunda entrega del Capi —mediocridad donde las haya dentro del universo Marvel, que ya es decir— confiar lo que parece una tercera entrega de Los Vengadores a los hermanos Russo es condenar artísticamente la película, pero en Marvel/Disney no se fijan en la calidad, se fijan en los números. A veces coinciden ambas cosas, muchas otras no. En cualquier caso, sólo les importa el éxito taquillero, y ese no hay duda de que ha sido espectacular.

La película en sí es lo mismo de siempre, tal vez un poco más entretenido que de costumbre, pero con la misma tendencia a la repetición, al subrayado y a confundir emoción con artificio. Hay que seguir sacando provecho de los productos —supuestos personajes— mientras el cine se va de paseo —a ratos—, y de paso prepararse para la nueva fase que nos espera con las guerras infinitas, narradas, cómo no, en una película dividida en dos entregas, claro eufemismo de DOS películas.

Así, esta especie de absorción de lo que parece un serial televisivo por entregas, nunca termina de encontrar su lugar, su personalidad, su esencia, salvo que por eso entendamos aparatosidad, ruido y huero esteticismo —uno de los grandes males del mal llamado cine moderno—. Personajes veteranos van metiéndose en líos, incluidos problemas existenciales de pacotilla, mientras van dando paso a los nuevos productos, digo personajes. Hay que vender.

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Un tráiler en mitad de la película

De hecho, uno de los momentos más esperados de ‘Capitán América: Civil War’ es precisamente la presentación del nuevo Spider-Man —total, sólo lo han tratado en el cine dos veces con anterioridad— a cargo de Tom Holland. Dicha aparición es lo más similar a un tráiler que se ha visto dentro de una película, algo así como las ya consabidas escenas post-créditos, pero con más minutos. Dejando de lado esa sensación de timo, reconozco que Holland es, o parece, el Peter Parker/Spider perfecto. Y qué buena está su tía.

Lo mismo puede suceder con Black Panther, o incluso Giant Man —por cierto, el film sobre Ant-Man, con Paul Rudd, me parece de los más rescatables de Marvel—, aunque con éste se reservan un instante bastante curioso. En la tan comentada secuencia del aeropuerto, donde la acción se fragmenta casi por parejas —los Russo no se atreven a ser Joss Whedon, que era capaz de ideas visuales mucho más interesantes—, Giant Man parece un niño jugando con un avión. Una imagen para reflexionar. Por lo menos tres minutos.

Al respecto de las tan alabadas secuencias de acción, servidor sólo agradece un poco el retorno al enfrentamiento físico más cercano, ese que hace que los puñetazos y golpes que se ven le duelan a uno. Pero los hermanos Russo son elefantes en una tienda de juguetes, su capacidad para construir set pieces de esa índole pasa por el caos y el desorden en el montaje final. Por otro lado, la ejecución de dichas secuencias pertenece a Spiro Razatos y Darrin Prescott, con sobrado currículum al respecto.

Y Scarlett Johansson, que aquí parece cansada de su personaje, no se despeina ni una sola vez.

Y por si fuera poco el bombardeo visual, éste se adorna con una insoportable banda sonora de Henry Jackman.

¿Y qué más da? Marvel/Disney nos ha lobotomizado. No... no... no se vayan todavía, aún habrá más. Con el machismo aún más marcado, si cabe.

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