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'Caza a la espía', la voz del ciudadano

'Caza a la espía', la voz del ciudadano
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Puede que tengas razón, quizá debí cerrar la boca. (Joe Wilson)

Es curiosa la relación que se ha establecido entre el estadounidense Doug Liman y el inglés Paul Greengrass, como si fuese una competición, iniciada por el primero pero rematada triunfalmente por el segundo. Liman alcanzó gran notoriedad cuando firmó en 2002 la adaptación de ‘El caso Bourne’, un éxito que provocó dos secuelas más, de las que se encargó hábilmente Greengrass, en 2004 y 2007, logrando no solo taquillazos sino también poner de moda un cine de acción mezclado con la espontaneidad del documental. Mientras el norteamericano se entrega a productos comerciales de escasa relevancia y nulo interés, ‘Sr. y Sra. Smith’ (2005) y ‘Jumper’ (2008), el británico decide escarbar en el 11-S y sus efectos, primero con la controvertida ‘United 93’ (2006), centrada en uno de los aviones secuestrados que chocaron contra las Torres Gemelas, y luego con ‘Green Zone’ (2010), sobre las armas de destrucción masiva en Iraq. Casualmente (supongo), en su nuevo film Liman también se agarra a esa polémica, pero su propuesta sólo ha despertado indiferencia, y le confirma como un realizador del montón, menos interesante de lo que apuntaba.

Con todo, y por eso estoy escribiendo esto, su último trabajo no es totalmente fallido, tiene momentos muy inspirados, con pasión y coraje, rasgos poco habituales en el cine que suele acaparar nuestras carteleras, y por ello considero que merece cierta atención. En especial, creo que hay que destacar que ‘Caza a la espía’ (título español para ‘Fair Game’, 2010) abarca asuntos que, lejos de lo que puede parecer en un principio, nos concierne a todos. La película trata sobre la posibilidad de que los iraquíes estuvieran desarrollando armas nucleares, pero ante todo habla de la democracia y la verdad, del ciudadano y el gobierno, de los derechos y los deberes que se derivan de esta relación. No veo muchas películas que se enfrenten a estos temas, y resultan muy necesarias.

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Escrita por John-Henry Butterworth y Jez Butterworth, la película se basa en dos libros, ‘Fair Game’ y ‘The Politics of Truth’, que narran la pesadillesca aventura en la que se vieron envueltos sus respectivos autores, Valerie Plame Wilson y Joseph Wilson. La primera, a la que da vida Naomi Watts, trabajaba como agente secreto para la CIA, hasta que un día, por orden de la Casa Blanca, su identidad es revelada públicamente en la columna de un periódico de tirada nacional, acabando con su carrera y desestabilizando por completo su vida. La razón de este escandaloso acto de traición (por no usar una descripción malsonante) fueron las armas de destrucción masiva que supuestamente se estaban desarrollando en Iraq, según la administración de George W. Bush. Envuelto en la espiral de miedo y odio que todos pudimos observar a través de los medios, Estados Unidos declara la guerra a Saddam Hussein, basándose en unos informes que demostraban que Iraq estaba capacitado para lanzar un ataque nuclear.

Como quedó demostrado, esos informes no se apoyaban en verdaderas pruebas, sino en conjeturas y vagas posibilidades que resultaban muy convenientes en ese preciso momento. Se mintió para iniciar una guerra. Y de ello se da cuenta enseguida Joe Wilson, encarnado en la gran pantalla por Sean Penn. Recomendado por su esposa Valerie debido a su amplia experiencia como diplomático en África, Joe es enviado a Níger por la CIA para recabar información sobre una posible venta de uranio enriquecido a Iraq. El experto comprueba en el terreno que el rumor es totalmente falso y redacta un informe, pero sus conclusiones son utilizadas por el gobierno de Bush en el sentido contrario, empleándolas como una evidencia más de que Saddam estaba intentando fabricar una bomba nuclear. Joe no puede quedarse quieto ante semejante manipulación, y escribe un artículo en el que destapa el engaño que estaba sirviendo para justificar la invasión. Este hecho tendrá consecuencias inesperadas y acabará salpicando al matrimonio Wilson, cuando alguien en la Casa Blanca decide vengarse y machacar a Valerie.

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Es ahí cuando comienza realmente lo interesante de ‘Caza a la espía’. Pasado un primer tramo farragoso, muy mal planteado por Liman y los guionistas, lleno de datos, nombres, situaciones y conversaciones atropelladas, que invitan al desinterés y al aburrimiento, como bien apuntaba mi compañera Beatriz en su crítica, estalla el verdadero drama del matrimonio protagonista, el relato se encauza, los actores toman el mando y poco importa si la cámara tiembla demasiado o si ya sabemos cómo acaba todo, los personajes están sufriendo, están pasándolo mal y eso nos importa. Cuando Joe Wilson enciende la mecha y el gobierno decide contraatacar convirtiendo a su mujer en un blanco fácil (a esto se refiere el título del film), y su matrimonio en un infierno, se desata una cruenta y desesperada batalla entre dos voces, la versión oficial, falsa pero muy poderosa, y la de Joe, honesta pero muy vulnerable. Una guerra entre un individuo y su gobierno, que amenaza con aplastarle como un simple insecto.

Pese a lo que sugiere el título, la película de Doug Liman no apuesta por la acción, no es ‘Green Zone’, es un thriller político casado con un drama social que busca defender el importante papel del ciudadano, animar a la gente a ser más activa, a no quedarse indiferente y no conformarse con lo que dicen los políticos, a buscar la verdad y mantenerla siempre, cueste lo que cueste. Un mensaje romántico y necesario, pero también ingenuo, claro, desmontado por la realidad. Uno mira a su alrededor y aunque los problemas son otros, lo que importa es un partido de fútbol, un asesinato en alguna parte o los cotilleos de alguien famoso. Y sin embargo, el caso de los Wilson es real, conviene tenerlo en cuenta. Es una lástima que Liman se pierda tratando de dotar de un realismo absurdo a la imagen (moviendo la cámara hasta en primeros planos en un cuarto de baño) y no aproveche el potencial del material que tenía entre manos, como si hicieron por ejemplo Alan J. Pakula en ‘Todos los hombres del presidente’ (‘All The President´s Men’, 1976) o Michael Mann en ‘El dilema’ (‘The Insider’, 1999). Sobresaliente Penn, notable Watts, estupendo mensaje, mediocre puesta en escena.

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