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Cine de psicópatas: 'Popcorn', sangrienta cinefilia

Cine de psicópatas: 'Popcorn', sangrienta cinefilia
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Nadie en su sano juicio puede discutir que la edad dorada del cine slasher es una temporada que comprende los últimos años de los 70 y la primera mitad de los 80 del siglo pasado. El subgénero no tardó en empezar a languidecer, alcanzando la decadencia absoluta a principios de los años 90, donde los psicópatas pasaron a destacar en thrillers más o menos solventes, con la magnífica 'El silencio de los corderos' ('The Silence of the Lambs', Jonathan Demme, 1991) como principal responsable de que eso sucediera. Sin embargo, la creación de slashers jamás llegó a desaparecer --sí hubo un pequeño bajón en número, pero es que a principios de los 80 era una avalancha--, ya que son cintas que cuestan muy poco, por lo que es comprensible que los productores confíen en ganar algo de dinero o volver a dar la campanada.

El éxito de 'Scream' (Wes Craven, 1996) provocó un pequeño resurgir del slasher, pero no tardó en hacerse evidente que eran necesarias ciertas hibridaciones para que pudiera volver a alcanzar una popularidad lejanamente similar a la de antaño, algo que se ha traducido en una sobrecarga de reboots y remakes de títulos con ilustre pasado. No obstante, ahora toca centrarse momentáneamente en la oscuridad padecida por el subgénero durante la primera mitad de los 90 y más concretamente en 'Popcorn' (Mark Herrier, 1991), un título bastante olvidado y que llegó en un mal momento, pero que ha de ser reivindicado con urgencia.

La cinefilia de 'Popcorn'

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Puede que varios lectores recuerden 'Matinee' (1993), la apreciable película de Joe Dante en la que se marcaba un muy merecido homenaje a William Castle, un realizador especializado en el cine de género que también era popular por sus particulares métodos para vender su cine al público. Pues bien, 'Popcorn' se adelantó en dos años a Dante en esta materia, ya que estamos ante una cinta con dos caras, pues no tiene problemas en mezclar una trama más o menos manida propia del slasher con una celebración del cine que traerá a la memoria del espectador la figura de Castle. ¿El motivo? La trama gira alrededor de la celebración de un festival de películas de terror y ciencia ficción de antaño donde un demente empieza a ir aniquilando a los allí presentes.

No es que la idea de un asesino haciendo “su trabajo” durante el pase en pantalla grande de una película de terror sea algo nuevo --no hay que irse muchos años atrás para encontrar a la excelente 'Angustia' (Bigas Luna, 1987)--, pero ello dista mucho de ser el gimmick de 'Popcorn'. Aquí los importante es la creación de sus propias películas para el festival en cuestión, los homenajes a las absurdas tecnologías utilizadas en su momento para llamar la atención y los mecanismos utilizados durante la celebración del festival para conseguir una mayor implicación del público. Diversión terrorífica de la buena y todo ello sin caer en la burda parodia, sino siendo fieles al estilo característico de las obras a las que querían rendir tributo.

Conviene aclarar que las simpáticas películas de mentira que se ven en 'Popcorn' son obra de Alan Ormsby, quien iba a dirigir originariamente la película, pero fue despedido tras completarlas y sustituido por Mark Herrier, un actor --era uno de los protagonistas de 'Porky's' (Bob Clark, 1982)-- reconvertido para la ocasión en director, aunque se ve que la experiencia no fue muy satisfactoria, ya que jamás volvería a rodar largometraje alguno. Esto hace que se note aún más el hecho de estar en una película con dos realidades muy diferenciadas, pues mientras que el trabajo de Ormsby resulta simpático e inspirado, el de Herrier cae de lleno en lo rutinario, no dudando en echar mano de trucos ya un tanto manidos --algún plano subjetivo que no pertenece al asesino-- para salir del paso como buenamente puede.

Un slasher bastante olvidable

El psicópata y la víctima

Algunos podrán pensar que no tenemos prueba alguna de que Ormsby fuese a mejorar lo realizado por Herrier, pero son varias las pistas que apuntan en otra dirección. Por un lado, Ormsby dirigió --junto a Jeff Gillen-- 'Deranged' (1974), un muy estimable acercamiento al caso real de Ed Gein donde quedó clara su habilidad para la creación de una lograda atmósfera de terror, algo que apenas se percibe puntualmente y con una efectividad desigual en el caso de 'Popcorn'. Por si fuera poco, los productores no dudaron cargarse varios detalles del guión --entre ellos la trama que da origen a su título--, seguramente buscando una base suficientemente genérica para intentar interesar a ese público que había demostrado su amor por el slasher no mucho tiempo atrás. Sorprende poco entonces el dato de que el propio Ormsby prefiriera firmar el guión con el seudónimo de Tod Hackett, siendo la única vez en su carrera que recurrió a ello.

En cierta medida, esto impide que 'Popcorn' sea revolucionaria en sentido alguno, pues es cierto que hay detalles en los que también se adelanta a 'Scream' y otros en los que demuestra una cuidada imaginación para vincular algunos de los asesinatos con las películas de mentira que se están exhibiendo en el cine, pero no se apuesta con fuerza con ello y eso acaba restando interés al conjunto --los un tanto desconcertantes detalles que delatan su rodaje en Jamaica tampoco es que ayuden mucho--. Podríamos entonces decir que estamos ante una obra bisagra entre la realidad anterior y la relativa revolución que vendría después, motivo más que suficiente para echarle al menos un vistazo.

Ni que decir tiene que las motivaciones del psychokiller de turno caen de lleno dentro de la típica venganza rebuscada por un trágico acontecimiento del pasado, aunque sí es cierto que al menos no cae en el tópico de abrir la película mostrándolo, algo demasiado habitual en estos casos y que delimita en demasía a los sospechosos válidos. Algo menos manoseada está la idea de usar el rostro de las víctimas para ocultar su verdadera identidad, pero hay que hacer un salto de fe demasiado importante para creer que el asesino haya sido capaz de ocultar su verdadera identidad --y el auténtico estado de su rostro-- durante tanto tiempo. En fin, seamos buenos y aceptémoslo, ya que al menos sirve para añadir un detalle ligeramente enfermizo a la realidad menos interesante de 'Popcorn'.

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No es que 'Popcorn' sea una gran película, pero sí tiene un interés innegable por su importancia dentro de la tenue evolución del slasher y por su acertada forma de celebrar y homenajear a un tipo de cine que también distaba bastante de ser perfecto, pero que se ha ganado un bien merecido huequecito en el corazón de todo amante del cine de terror.

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