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Clint Eastwood: La Malpaso y dos errores

Clint Eastwood: La Malpaso y dos errores
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En Malpaso no necesitamos un equipo de veintiséis personas y una oficina preciosa. Con un pack de media docena de cervezas, papel y bolígrafos ya podemos trabajar

Toda una declaración de principios por parte de Clint Eastwood, quien en 1968 se atrevió a fundar su propia productora, siguiendo un poco la estela de otros actores o actrices que hicieron lo mismo (como es el caso de Burt Lancaster e Ida Lupino). Con esto, el protagonista de la trilogía de Sergio Leone, que fue un rotundo éxito en todo el mundo, quería desenmarcarse de las grandes productoras y sus métodos de trabajo, que casi siempre beneficiaban a estrellas con serios problemas de ego, o a jóvenes productores ansiosos de meter sus narices en un negocio que les quedaba demasiado grande por falta de conocimientos artísticos, queriendo controlarlo todo.

Poniéndole el nombre de unas tierras que poseía en California, y a pesar de que parecía un mal augurio por el mismo (existen varias bromas al respecto de la compañía de Eastwood, como la de algún amigo que le dijo “vas a dar un mal paso”), el director de ‘Sin perdón’ se lanzó de forma independiente a producir (siempre en asociación con una gran distribuidora) sus futuros proyectos con un control que no hubiera poseído en caso de trabajar para una major. Con la idea de trabajar siempre, en la medida de lo posible, con el mismo equipo de técnicos, Eastwood se lanzó a la aventura de ser él mismo quien tomase las decisiones en los proyectos en los que interviniese, sin ningún tipo de estorbo.

Rechazó protagonizar ‘El oro de McKenna’, por considerar que sería un western que se quedaría viejo nada más estrenarlo (razón no le falta, aunque tampoco se trata de un film desdeñable), y sí aceptó interpretar este western que la United Artits (que por aquel entonces fue la encargada de distribuir la trilogía de Leone en suelo norteamericano) le ofreció. ‘Cometieron dos errores’ fue el título español que le pusieron a ‘Hang ‘Em High’, y se trató de la primera película que la Malpaso produjo. Eastwood le ofreció el trabajo de dirección a Sergio Leone, pero éste no pudo aceptar por estar trabajando en ese momento en ‘Hasta que llegó su hora’.

La película arranca de forma brutal con el linchamiento del personaje central, al que un puñado de hombres acusan de haber robado el ganado que conduce en ese momento, y haber matado a su dueño para robárselo. Dándole por muerto, le abandonan a su suerte, y es rescatado por un sheriff que le lleva ante un juez, el cual comprobará que todo ha sido producto de un error. Pero nuestro héroe no está dispuesto a olvidar tan fácilmente, y aceptando el puesto de sheriff se dedicará a buscar a los hombres que cometieron dos errores: ahorcar al hombre equivocado y no terminar el trabajo.

Este impresionante inicio, que deja al espectador completamente clavado en la butaca (siguiendo una de las máximas de Cecil B. DeMille, que decía que una película tenía que empezar con un terremoto, y de ahí hacia arriba), recuerda sobremanera a la trama de la poderosa ‘Incidente en Ox-Bow’, de William A. Wellman, película de la que tendremos que hablar en este especial, por ser la que más ha influido en la carrera de Clint Eastwood. Digamos que donde aquélla acaba, ésta empieza. Si el film de Wellman era un estudio sobre los bajos instintos de la gente a la hora de cometer un linchamiento, ‘Cometieron dos errores’ se centra en la venganza, la cual se llevará a cabo dentro de los límites de la ley.

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Eastwood sigue conservando su imagen de tipo duro, pero ya no es el desalmado de los films de Leone, ni tampoco el hombre desconocido sin pasado. Para empezar, su personaje tiene nombre: Jed Cooper (en clara alusión a uno de los iconos del western, Gary Cooper); y ésta vez todas sus acciones permanecen bajo la protección de la ley, aunque estemos hablando de un personaje que se deja llevar por sus deseos de venganza. Con su habitual estilo lacónico (confundido por muchos con inexpresividad), Eastwood da vida a un intrigante personaje, quizá más plano y simple que sus anteriores interpretaciones, en las que precisamente, la amoralidad de sus actos le inferían matices reveladores y llenos de intensidad. Es muy probable que en ‘Cometieron dos errores’ no se atrevieran a tanto, aunque no denunciar la venganza, justificándola por ser cometida desde la ley, también tiene su impacto.

El film, también se para en retratar algunas cosas de aquellos años, como el carro-cárcel que lleva a los presos, los ahorcamientos públicos, el cura haciendo uno de sus típicos numeritos (no hay hipocresía más grande que a punto de asesinar a un ser humano, culpable de lo que sea, que ponerle al lado a un tipejo que le habla de la vida eterna o del perdón de Dios), e indagar un poco en lo terrible que resulta la pena de muerte. Para ello, el film, no sólo enfoca a un público que se mueve entre el morbo y el pánico de ver morir a alguien, sino que acentúa todo esto en la figura del juez Adam Fenton, al que da vida el recientemente fallecido Pat Hingle. Fenton es incapaz de implantar la necesaria justicia en un territorio tan grande y en expansión, lleno de malvados que actúan a sus anchas, y cada vez que da la orden de ejecución, lo hace en la distancia, desde lo alto de la ventana de su despacho, con la mirada baja y perdida, pensando tal vez que la pena de muerte es un castigo demasiado alto para cualquiera que haya cometido un crimen. Por eso encuentra en su nuevo sheriff, Cooper, un pequeño halo de esperanza, ya que su aplicación de la justicia parece como más honrada y menos salvaje, y cuando mata, lo ha hace siempre en defensa propia.

Eastwood logró contratar al televisivo, e impersonal, Ted Post, para dirigir la película. El estilo del film remite constantemente a los films de Leone, en ese momento, la mayor influencia dentro del western. Y tampoco renuncia a cierto sabor clásico totalmente americano. Pero Post no es ni mucho menos Leone, y no maneja tan bien las acciones fuera de campo, o los primeros planos. Aquí incluso no puede quitarse de encima sus tics televisivos, perjudicando en parte su puesta en escena. La música de Dominic Frontiere parece una hermana bastarda de los scores de Ennio Morricone, y cierto barroquismo visual nos hace recordar de nuevo la trilogía del maestro italiano.

Con todo ‘Cometieron dos errores’ tiene un buen ritmo, ni siquiera dañado por la inclusión de una pequeña historia de amor, con un personaje femenino en una semitrama paralela (lo cual ya mostraba dos de los elementos del futuro cine de Eastwood: la vital importancia de los personajes femeninos y las subtramas que refuerzan la principal), y es un entretenimiento más que digno, además de poseer un reparto de secundarios de lo más envidiable: al nombrado Hingle hay que añadir a Bruce Dern, Ben Jonhson (otra referencia al western clásico americano, por tratarse de un actor Fordiano), Dennis Hopper, Ed Begley y L.Q. Jones. Por supuesto, la película fue masacrada por la crítica de la época, pero se convirtió en un gran éxito de taquilla. La Malpaso comenzaba con buen pie, aunque no sería hasta principios de los 70, cuando se instalaría definitivamente como una sólida productora. Era 1968, e Eastwood tenía su primer “buen paso” dentro del cine norteamericano. Ese mismo año, se encontraría con alguien que le cambiaría por completo la vida y su forma de ver el cine: Donald Siegel, Don para los amigos.

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