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Cómic en cine: 'Los Pitufos', de Raja Gosnell
Críticas

Cómic en cine: 'Los Pitufos', de Raja Gosnell

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Junto a los varios 'Tintín' y a los muchos 'Astérix' que servidor comenzó a consumir siendo un pequeñajo —incluso antes de no saber leer— uno de los álbumes que más relecturas sufrió durante mi infancia fue 'La flauta de los Pitufos', aquella aventura de Johan y Pirluit en la que Peyo presentaba por primera vez a unas curiosas criaturas azules que, de forma inadvertida pasarían a convertirse en la creación por la que Pierre Cufillord, auténtico nombre del artista belga, pasaría a ser una leyenda del noveno arte.

Trasladada a animación en 1976 en una cinta co-dirigida por el propio Peyo que me salté de forma consciente para dar cuenta de los personajes con el filme que hoy nos ocupa —que no había visto hasta ahora—, tengo que admitir que me arrepiento de no haber cubierto una producción que, por muy irregular que fuera —que lo es— al menos respetaba el espíritu de las viñetas originales y no lo corrompía hasta límites indecibles como sí lo hace esta supina memez que es la primera de las dos cintas con las que Columbia y Sony querían sacar partido al desembolso que habían hecho sobre los derechos de los azulados personajes.

'Los Pitufos', el cómic

Pitufos Comic

Como decía arriba, los Pitufos —cuyo nombre original "Schtroumpf" surgió de un almuerzo entre Peyo y el grandísimo André Franquin cuando éste no se acordaba de cómo se decía "sal"— aparecieron por primera vez en la citada 'La flauta de los pitufos' para, un año más tarde, y debido a la popularidad que habían alcanzado gracias a su intervención en la que es una de las mejores aventuras de Johan y Pirluit, encontrar su colección propia y comenzar a extenderse como la pólvora hasta ser uno de los personajes más reconocibles de la historia del tebeo francobelga.

Con treinta álbumes a sus espaldas —dieciséis de los cuales deben su autoría exclusiva a Peyo— las aventuras de los Pitufos, como las de Astérix, no forman todas parte de una historia que va desarrollándose de entrega en entrega, sino que nos aproximan a un relato autoconclusivo en el que los entrañables y azules diminutos, cada uno poseedor de un rasgo de personalidad que Peyo sabe explotar con un sentido del humor genial, deben enfrentarse, bien a la constante amenaza del malvado mago Gárgamel y su gato Lucifer, bien a la ocurrencia de turno del autor.

Con más de veinticinco millones de ejemplares vendidos de sus aventuras desde 1959, apuntar de entre esa treinta de volúmenes a cuál o cuáles son los mejores no es tarea sencilla por cuanto ya sólo los dieciséis de los que se encargó Peyo son a cada cual mejor. Quizás, por lo representativo en la historia de los personajes, servidor señalaría dos: la ya más que consabida 'La flauta de los pitufos' y, por supuesto, aquél en el que aparecía por primera vez la Pitufina, un álbum éste último al que, probablemente, le hayan "caído" bastantes más lecturas por mi parte que a cualquier otro de la serie.

'Los Pitufos', la película

Pitufos 1

De insufrible esperpento para arriba es como cabría calificar a 'Los Pitufos' ('The Smurfs', Raja Gosnell, 2011), una producción sobre la que se me antoja tremendamente complicado hablar en términos favorables —sea del apartado artístico que sea— y que da mal nombre, no sólo a las adaptaciones de cómic a la gran pantalla, sino al cine comercial y, sobre todo, al destinado a los más pequeños de la casa, unos seres que aquí son considerados como meros idiotas con poca o ninguna capacidad de discernimiento y, por supuesto, con nulo criterio.

Olvidando de forma drástica todas y cada una de las lecciones que el séptimo arte dio durante los años ochenta sobre cómo hacer películas para chavales entre 6 y 12 años tratando a los mismos con respeto y consiguiendo despertar en ellos tanto la imaginación como el gusto por tan apasionante disciplina artística, 'Los Pitufos' es un compendio de lo que hoy se entiende por cine para niños, esto es, un cúmulo de ideas estúpidas plasmadas en un guión estúpido lleno de diálogos estúpidos y personajes sin carisma que, ejecutadas por un director mediocre —eufemismo—, provocan la vergüenza ajena en cualquier adulto con un par de luces que a él se acerque.

Chocando desde un principio por unos Pitufos que nunca terminan de convencer en su versión digital —los personajes de Peyo son eso, los que Peyo dibujaba, punto y final— si hay algo que sirve de muestra del nivel de ramplonería, sandez y memez extrema en el que raya el filme eso es, sin lugar a dudas, el personaje de Gargamel perpetrado por Hank Azaria: que el actor cobrara por hacer el gilipollas —disculpad lo potente y grosero del término— en todas y cada una de sus apariciones es un insulto a la cara del espectador que pagó por ver el filme en los cines hace cuatro años.

Pitufos 2

Con poco o nada que ver con el Gargamel original, los chistes físicos y verbales que se hacen descansar sobre la némesis de los Pitufos son de una estulticia que bordea lo extremo cuando no incurre directamente en él, y si su inclusión —obligada por otra parte por cuanto un filme de los Pitufos sin el mago hubiera sido inconcebible— no consigue echar a patadas del visionado hasta al más paciente de los cinéfilos, ahí están para ayudarlos el resto de lamentables personajes de la cinta encabezados por un insoportable Neil Patrick Harris.

El genial Barney de 'Cómo conocí a vuestra madre' ('How I Met Youe Mother', 2005-2014) queda aquí reducido a un ñoño y blandengue ejecutivo de una compañía de cosméticos que acogerá en su casa a los hombrecillos azules y aprenderá por el camino lo que significará su próxima paternidad —¡qué bonito!—. Acompañado por una almibarada Jayma Mays y por una Sofía Vergara que no hay quien aguante, creo que ha quedado muy claro que antes de plantearse ver 'Los Pitufos', la opción es ir a Youtube y ver cualquiera de los episodios de la serie de animación original: son gratuitos, breves y, en términos coloquiales, le dan mil y una vueltas a este despropósito.

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