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'Con faldas y a lo loco', la rubia, el saxo y el contrabajo

'Con faldas y a lo loco', la rubia, el saxo y el contrabajo
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“Jerry: ¡Tengo cosas que contarte!

Joe: ¿Qué ha pasado?

Jerry: Estoy prometido.

Joe: Enhorabuena. ¿Quién es la afortunada?

Jerry: ¡Soy yo!”

La reciente desaparición de Tony Curtis me ha provocado unas ganas terribles de volver a ver una de sus grandes interpretaciones, pues él era un gran actor no siempre reconocido como tal. Me estoy refiriendo, obviamente, a su Joe/Josephine de ‘Con faldas y a lo loco’ (‘Some Like it Hot’, Billy Wilder, 1959), sin duda una de las comedias locas más famosas de todos los tiempos, además de una de las más divertidas películas dirigidas por Wilder, lo que es mucho decir. Claro está que primero nos quedamos con la sensual Monroe o con el patético Lemmon, que eclipsan ligeramente a Curtis, pero creo que él brilla a la altura de los otros dos. Este neoyorquino de nacimiento, tan increíblemente seductor que cuentan que había conquistado a cientos de mujeres, demostró su talento tanto en comedias como en dramas, pero en ninguna comedia, y esto bien lo sabía él, como en esta de Wilder en la que se pasó más de media película vestido de mujer. Él era, además, el motor esencial de esta disparatada trama, gran parte de la cual nos la creemos no se sabe bien a causa de qué milagro.

Aunque es muy probable que tal milagro provenga del guión que I.A.L. Diamond y Billy Wilder coescribieron en total plenitud de facultades. Un guión que hoy en día sería tremendamente difícil que nadie pudiera concebirlo, pues no se sostendría, ya que es una película totalmente hija de su tiempo, representante de un cine que ya no existe y que hoy en día nos parecería falso y epidérmico, canto del cisne de la comedia loca (allí la llamaron “screwball comedy”) que conoció sus máximos logros en los años treinta y cuarenta.

Un filme indecente

No deja de ser irónico que esta película llegara muy poco después de que la pesadilla del maccarthysmo (el alcohólico senador la armó buena, como máximo agitador del miedo a lo “comunista”) terminase de una maldita vez. Es altamente improbable que unos pocos años antes ‘Con faldas y a lo loco’ hubiera podido hacerse realidad. Ahora nos parece una historia inocente y hasta ingenua, pero en aquélla época fue bastante polémico ver a Lemmon y a Curtis vestidos de mujeres, además del alto contenido erótico de la película, y la multitud de referencias sexuales, misóginas e incluso vulgares de sus diálogos y situaciones. La película obtuvo una calificación C (de Condemned) por la National Legion of Decency (la antigua Catholic Legion of Decency…sin comentarios), y fue distribuida por la United Artists sin la aprobación de los códigos censores de la MPAA, derivación del infame Código Hays, cuyas reglas de moralidad en las películas estoy seguro que muchos lectores conocerán casi de memoria. Reglas que, como si de la celebración del final de la Ley Seca se tratara, Diamond y Wilder se pasan toda la película toreando y saltándose a la ligera, a pesar de que el Código Hays perduró algunos años más.

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Aunque probablemente sea una de las películas que más carcajadas, incluso hasta llegar a la lágrima, me ha regalado en mi vida, creo con sinceridad que Wilder, y por supuesto Diamond, aún tendrían que superarse, tanto en guión como en puesta en escena. Esta película abre de forma evidente una nueva etapa para Wilder, en la que su estilo alcanza lo que podría definirse como una madurez total. Aunque Diamond ya había escrito ‘Ariane’ (‘Love in the Afternoon’) en 1957, aún llegaría la magistral ‘Testigo de cargo’ (‘Witness for the Prosecution’, 1957). A partir de entonces Diamond y Wilder serían una pareja creativa inseparable. De tal modo que ‘Con faldas y a lo loco’ es algo así como un epílogo al cine anterior de Wilder, y un prólogo al posterior, cerrando década y abriendo nuevas posibilidades para los 60, que comenzarían con un filme muy superior, tanto en construcción de guión como en puesta en escena e incluso dirección de actores. Por supuesto me refiero a ‘El apartamento’ (‘The Apartment’, 1960), que también era muy hija de su tiempo, pero que ha envejecido muchísimo mejor.

En pocos de sus largometrajes Wilder se entregó al gag visual, prácticamente de cómic salvaje, tanto como en éste: la aguja del ascensor que tiembla y retrocede, debido al bofetón que Jerry/Daphne le propina a Osgood (caricaturesco también Joe E. Brown) dentro del mismo; los exagerados gestos femeninos de Daphne, a quien nadie en su sano juicio se cree como chica (poco importa, claro); los gángsters y el policía, casi de opereta; la famosa flor que pasa de boca en boca durante el recordado baile de tango; sin olvidarnos, por supuesto, de la desternillante secuencia de la litera a la que se suben catorce personas, claro homenaje a cierta mítica escena de los hermanos Marx. La riqueza enorme de los diálogos contrasta un poco con lo forzado de una historia muy sencilla, cerrada con algo de precipitación: ¿realmente la reunión mafiosa tenía que acontecer en la misma ciudad y mismo hotel donde se esconden de ellos los dos músicos? Por supuesto que no nos importa créernoslo, porque a esas alturas la historia nos tiene encandilados.

Sin embargo creo que en comedia Wilder es claramente inferior a cuando se dedica al drama. Admirador irredento del cine de Lubitsch, para el que escribió algunas de sus mejores comedias, no creo que ‘Con faldas y a lo loco’, ‘La tentación vive arriba’ (‘The Seven Year Itch’, 1954), ‘Irma, la dulce’ (‘Irma, La Douce, 1963), o ‘Bésame, tonto’ (id, 1964) se acerquen en perfección, ni de lejos, a obras de la envergadura de ‘Perdición’ (‘Double Indemnity’, 1944), ‘El crepúsculo de los dioses’ (‘Sunset Blvd.’, 1950) o ‘La vida privada de Sherlock Holmes’ (‘The Private Life of Sherlock Holmes, 1969). Por supuesto, le dieron muchísimo dinero y poder en la industria, y él supo aprovechar su talento para el cinismo. Pero no nos importan tanto las vicisitudes de Sugar o Joe como las de C.C. Baxter, o incluso las del Harry Hinkle de ‘En bandeja de plata’ (‘The Fortune Cookie’, 1966), quizá la comedia más perfecta de Wilder porque en ella, para variar, sus personajes le importaban, sentía una compasión y una comprensión por ellos que no creo que sea incompatible con la comedia loca, como demostraron los maestros de Wilder: Lubitsch y Hawks.

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Diversión infinita

Pero vamos, que ‘Con faldas y a lo loco’ es una de esas raras películas que la puedes ver una y mil veces, y absolutamente siempre es un placer hacerlo. Con secuencias antológicas, como todo el largo bloque en el tren, la mítica conversación final entre Daphne/Jerry y Osgood, el largo y delirante diálogo (parcialmente reproducido arriba del todo) entre Joe y Jerry sobre las conveniencias del matrimonio, o las diversas disparatadas persecuciones. Diversión sin complejos, ingenio desatado y muchísima vulgaridad (“Vendía besos para la Fundación Lechera”, declara Sugar…). Esta historia de sinvergüenzas, chicas atolondradas en busca de millonarios y músicos que huyen de metralletas forma parte de la legendaria historia del cine americano, y de la memoria cinéfila de todos.

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