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'Contact', pésima ficción científica para encubrir una burda teología

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Ficción científica la hay de todas clases: coñera, de acción, metafísica, existencialista, moral, sociológica, y todo tipo de variedades. Desgraciadamente, también la hay absurda y falsa, grandilocuente y vacía. Este es uno de esos casos, por desgracia. Tuve la desgracia de ver ‘Contact’ enterita otra vez, tantos años después. Hace más de una década no sabía qué era lo que no me convencía de ella. Ahora sí lo sé. Algo he aprendido. Es tan torpe que hay que frotarse los ojos del asombro. Realmente, no es ficción científica, es una especie de película teológica ultra-conservadora infantiloide y reaccionaria.

Personalmente creo que Robert Zemeckis era, el verbo siempre en pasado, uno de los mayores talentos de la industria del entretenimiento con sede en el valle de Hollywood. Ya no, por supuesto, no desde que perdió el norte. Su canto del cisne fue ‘La muerte os sienta tan bien’, aquel delirio macabro tan de agradecer. Después, vino la ñoña, insípida y muy endeble ‘Forrest Gump’, y comenzó su declive en barrena. ‘Contact’ fue un fracaso estrepitoso, tanto de público como de crítica. Aquel varapalo fue más que justo. ¿En qué estaba pensando este hombre?

Creo sinceramente que esta historia, basada en el relato original de Carl Sagan, tenía grandes posibilidades, que se echaron por entero a perder a causa de un enfoque absolutamente equivocado, que destruye cualquier atisbo de llegar a algo con este material, en favor de un discurso teológico y fundamentalista apestoso e hipócrita, de vergüenza ajena. Este era un proyecto en el que estuvo trabajando Francis Ford Coppola, bien para dirigirlo o para producirlo, que le fue arrebatado en el último momento, según él de mala manera, con el consiguiente proceso judicial, que perdió. No sabemos qué hubiera resultado en sus manos, pero cualquier cosa mejor que este engendro.

Vamos a ver, porque las barbaridades de un relato tan mal armado, tan pésimamente escrito y con un punto de vista tan sospechoso, hacen difícil el análisis, de tantas barbaridades que se pueden analizar. Se podría resumir de la siguiente forma: científica pringadilla (porque nadie le hace maldito caso) descubre comunicación extraterrestre que propicia un posible viaje interestelar con objeto de encontrarse por fin con el origen de esa comunicación. Bien. Vale. De todas las formas posibles de armar un guión sobre este relato, la elegida es seguramente la peor. Pero claro, siendo un proyecto ambicioso y de envergadura, se cubrieron las espaldas con un reparto lleno de estrellas.

Jodie Foster (una de las actrices más brillantes y mejor preparadas de su generación, capaz de hacer prodigios) encarna a la susodicha pringadilla. Tom Skerritt a su jefe y rival. John Hurt al protector chalado de la científica. James Woods al malvado asistente del gobierno. Matthew McConaughey a un cura sexy. Angela Bassett a otra asistente del gobierno, dura pero noble. Bill Clinton, uno de los más nefastos presidentes de la historia de EEUU (tan malo como Bush, pero con piel de cordero), hace de Bill Clinton. La Foster, de nuevo, se enfrenta a una serie de obstáculos masculinos, como en la magistral ‘El silencio de los corderos’, y también como en esa tiene un padre muerto, que es una figura enterrada en el subconsciente con infantil afecto.

Ahora bien, su drama nos importa un comino, mientras que el de Clarice Starling nos subyugaba. Y esto porque todo está muy mal contado. Zemeckis intenta armar una revolución a nivel global con la noticia del comunicado extraterrestre. Pero claro, su visión de un nivel global es describir ciertas reacciones de la sociedad estadounidense. Pocas hemos visto una película que de una forma tan abyecta se dedique a subrayar la superioridad moral de un país. Ponen poco la bandera norteamericana, pero uno se siente ahorcado por ella. Y los juegos visuales con Clinton, ya ensayados con otros presidentes en ‘Forrest Gump’, vistos doce años después, son cómicos.

Lo que debería haber sido una gran película sobre contactos extraterrestres se queda en una sosa glorificación del estilo de vida americano, y un discurso teológico que asusta. El momento en que el personaje de Foster es desestimado para el viaje por no creer en Dios le hace a uno plantearse muy seriamente si Zemeckis ha sido abducido por su gobierno, infectado de un virus cristiano, para mandar un mensaje inocuo pero deprimente. Esto no es la búsqueda de vida extraterrestre, sino la búsqueda de Dios, a través de una serie de personajes (el más grotesco el interpretado por McConaughey, ¡que además tiene un romance con la protagonista, aunque ambos tienen química cero!) encargados de dejar bien claro el conservadurismo brutal de la sociedad estadounidense.

¿Tanto rollo para el Viaje, y luego el clímax es tan insatisfactorio? ¿Tanta trampa para que no haya ningún morbo en la historia? ¿Por qué intentan colarnos un mensaje cristiano tan burdo, se creen que somos estúpidos? ¿Dónde está la zozobra interior de la científica, su curiosidad, su miedo, sus dudas? ¿Dónde la ligazon emocional, el punto de vista? ¿Por qué no hay ni una sola secuencia antológica? Este tipo de cine es un artefacto ideológico declarado, disfrazado de cine de género con un ropaje de baratillo.

Yo, personalmente, me asusto y me indigno al pensar que un talento como Zemeckis puede caer tan bajo como para tratar de ennoblecer unos valores tan peligrosos. Allá él, pero ya esta película nació muerta, y otras como la trilogía ‘Regreso al futuro’ o ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ siguen muy vivas. Algo es algo.

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