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Críticas a la carta | 'El gigante de hierro', de Brad Bird

Críticas a la carta | 'El gigante de hierro', de Brad Bird
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Volvemos en Blogdecine con la sección de “críticas a la carta“, donde como sabéis comentamos las películas que vosotros elegís. La de hoy es particularmente interesante porque supuso el debut en el largometraje del estadounidense Brad Bird, ganador del Oscar por sus dos siguientes trabajos, ambos para el estudio Pixar, ‘Los increíbles’ (‘The Incredibles’) y ‘Ratatouille’, su mejor película hasta la fecha. Bird quiso entonces probar suerte con el cine de acción real, y puso en marcha un épico proyecto titulado ‘1906’; viendo que la pre-producción se alargaba demasiado, el cineasta aceptó encargarse de la puesta en escena de la superproducción ‘Misión: Imposible – Protocolo fantasma’ (‘Mission: Impossible – Ghot Protocol’), que resultó un éxito de público y crítica. Se estrenó el año pasado, doce años después de que llegara a los cines su ópera prima, ‘El gigante de hierro’ (‘The Iron Giant’), en la que ya destacaba su extraordinario talento para contar historias.

‘El gigante de hierro’ es la adaptación a la gran pantalla de un relato infantil escrito por Ted Hughes titulado ‘El hombre de hierro’ (‘The Iron Man’, 1968); Tim McCanlies y Bird se encargaron del guion. La película nos traslada a 1957 y lo primero que vemos (tras el logo de la Warner de los años cincuenta) es el Spotnik 1, el satélite artificial puesto en órbita por los soviéticos que dio comienzo a la carrera espacial. La película refleja la tensión de la guerra fría, el temor de los norteamericanos hacia los inventos de los comunistas y la posibilidad de un conflicto nuclear (el disparatado vídeo educativo que proyectan a los niños es una copia del auténtico ‘Duck and Cover’). Con este miedo irracional hacia todo lo extranjero como telón de fondo, llega a la Tierra, y en concreto a territorio estadounidense (como siempre), una criatura del espacio exterior. Algo gigantesco contra lo que choca un pequeño barco que se rompe en pedazos. Su propietario, un viejo pescador, cuenta a todo el mundo lo que vio, una especie de nave, posiblemente un invasor de Marte, pero nadie se toma en serio sus palabras, claro, que consideran fruto de una borrachera. Excepto un chico, que sueña con ver a un auténtico marciano.

El cartel de El Gigante de Hierro (The Iron Giant)
Una vez presentado al monstruo, en una excelente secuencia donde ya queda claro que Bird pretende rendir con su película un sincero homenaje los clásicos de terror y ciencia-ficción (la tormenta, la misteriosa criatura), toca conocer al niño protagonista. Hogarth Hughes es el típico chico imaginativo y aventurero, cautivado con las historias fantásticas y terroríficas que lee en los cómics y ve en la televisión (hay un guiño a ‘Friend Without a Face’), que vive con su madre, una joven viuda, en uno de esos pequeños pueblos tranquilos donde nunca pasa nada… hasta que empieza la película. Una noche que se queda solo en casa, Hogarth sigue un enigmático rastro de destrucción que lo lleva a cruzar el bosque hasta llegar a una subestación eléctrica. Allí es donde su sueño se hace realidad. Hogarth encuentra la cosa que cayó del cielo, un robot gigante. “¡Soy el niño más afortunado de toda América!”, exclama entusiasmado tras descubrir que el extraterrestre es amigable y le hace caso, como si de una colosal mascota se tratase.

Pero la ingenuidad y bondad del niño contrasta con el pánico a lo desconocido y la violencia de los adultos, que ven el robot como una amenaza. A grandes rasgos, el personaje de Hogarth y su aventura guarda bastante similitud con Elliott y su encuentro con el alienígena de ‘E.T.’ (1982), funcionando en cierta manera como un precedente de ‘Super 8’ (2011). Al volver a ver ‘El gigante de hierro’ me ha sorprendido encontrar situaciones (los destrozos que causa el gigante, la pieza que busca a su dueño, el choque del tren) que recuerdan al film de J.J. Abrams, por cierto, inferior a los trabajos de Spielberg y Bird, narradores con mayor talento, a los que no se les nota que fuercen nada en su intento por asombrar y conmover al público, capaces de hacer creíble una historia fantástica de manera prodigiosamente sencilla. En cuanto a la figura y el comportamiento del gigante mecánico, son evidentes las referencias a ‘Frankenstein’ (1931), ‘King Kong’ (1933), ‘Ultimátum a la Tierra’ (‘The Day the Earth Stood Still’, 1951) y ‘La guerra de los mundos’ (‘The War of the Worlds’, 1953).

Un detalle muy interesante del guion que no queda revelado del todo, o al menos no de una forma evidente, es el propósito del viaje a la Tierra de este entrañable “transformer”, una información que se mantiene oculta incluso para el propio robot gracias a una oportuna pérdida de memoria. ¿Por qué llega a nuestro planeta? La clave parece estar en el último tercio de la película, cuando de pronto se arregla la abolladura de la cabeza y se convierte en un arma imparable. Llegó para destruir. Esto lo convertiría en una especie de descendiente de Gort, que viene a castigar a la humanidad por desoír el ultimátum y lanzarse a la conquista del espacio mientras aumentan las armas nucleares. Menos mal que Hogarth le habla de Superman y le muestra el indeseable efecto de las armas. Un detalle anecdótico, en la versión del film en inglés, Vin Diesel presta su voz al robot (sin duda la mejor interpretación de su carrera). Jennifer Aniston, Harry Connick Jr., Christopher McDonald, M. Emmet Walsh y John Mahoney también participan en el doblaje original.

Un fotograma de El Gigante de Hierro dirigida por Brad Bird

Deliciosamente enriquecida con multitud de referencias culturales, destacando, claro, las cinematográficas (el póster de ‘Planeta prohibido’, el recuerdo a ‘Bambi’…), ‘El gigante de hierro’ es una aventura de fantasía cargada de nostalgia que cumple con todos los requisitos para ser considerada un clásico moderno. Narrada con elegancia y estilo, visualmente impecable (afortunada simbiosis entre animación tradicional y moderna), muy divertida, con un humor infantil que no llega a resultar tontorrón, apuntes críticos muy afortunados que la convierten en un producto ideal para las escuelas, inteligente al no caer en la cursilería habitual del cine para niños, y brillante en cuanto a la progresión dramática, culminando en un emocionante tramo final que eriza la piel (la despedida final es antológica). En definitiva, es una gozada, una hermosa película para todos los públicos. Curiosamente, no funcionó muy bien en taquilla pero con el tiempo ha ido ganando seguidores gracias al mercado doméstico. Al parecer, solo puede comprarse actualmente en DVD, esperemos que pronto salga una edición en Blu-ray que haga justicia a esta joya animada.

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