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'Death Note' es una absoluta decepción, no funciona ni como película ni como adaptación
Críticas

'Death Note' es una absoluta decepción, no funciona ni como película ni como adaptación

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La adaptación de ‘Death Note’ parecía destinada a convertirse en el primer gran bombazo cinematográfico de Netflix. Son ya casi dos años apostando por el séptimo arte y en ese tiempo ha hecho alguna película muy estimable -pienso principalmente en ‘7 años’-, pero la compañía aún no ha dado con el título que logre que el público empiece a ver sus largometrajes de otra manera. De hecho, muchos aún se preguntan cuándo llegará el primero realmente bueno.

No obstante, una película no necesita ser excelente para que captar la atención de millones de personas y con ‘Death Note’ tenían+ a su favor el hecho de partir de un manga muy popular creado por Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. La polémica no tardó en llegar por el hecho de hacer una serie de cambios para ajustarlo a trasladar la acción a Estados Unidos, algo que ya os aviso que no me molestó. Lo que sí lo hizo fue encontrarme con una película deficiente que carece de las virtudes de la obra original, hereda sus defectos y los multiplica.

Una adaptación muy libre

Cuaderno

Lo primero que conviene aclarar es que esta nueva ‘Death Note’ se ha tomado todas las libertades que ha querido respecto a la obra original. Habrá quien la odie ya solamente por eso, algo que yo no comparto, pues es necesario que una adaptación encuentre su voz propia en lugar de limitarse a reproducir el material del que parte. A veces no hace falta más que conservar la esencia y otras veces asemejarse mucho más. Aquí sería en todo caso lo primero, pero lo que hunde la película no es eso.

El gran error de ‘Death Note’ es querer abarcar demasiado en poco tiempo. Eso es algo que ya sabíamos de antemano, pero aquí lleva a una serie de decisiones que derivan en un retrato superficial de todo, desde las tramas hasta los personajes y sus relaciones, y un ritmo un tanto acelerado que evita que las pocas ideas interesantes que plantea lleven a alguna parte o tengan un desarrollo merecedor de otra cosa que del término frustrante.

En mi caso, creo que lo que debería haber dado más juego es la dinámica que se establece entre Light -discreto Nat Wolff- y Mia -desaprovechadísima Margaret Qualley-, ya que al principio incluso se muestra cierto interés en cimentar las bases de su relación en paralelo al descubrimiento del poder de la libreta de la muerte por parte de él. Ahí estaba la raíz de algo apasionante que ‘Death Note’ luego nunca explora más allá de pequeños detalles sobre una obsesión creciente por parte de ella que parecen fruto más de una necesidad narrativa que de un verdadero interés en ello.

Un error detrás de otro

Qualley Death Note

Más allá de eso tenemos a Light empezando a ejercer como justiciero urbano de formas un poco locas antes de ver que todo es mucho más complicado de lo que parece. Sin embargo, no hay espacio para la reflexión y su actitud va dando bandazos, cayendo así en una grave inconsistencia que hace imposible que nos lo tomemos en serio. Pasa de inteligente a torpe casi en la misma escena, llegando a desesperarnos su forma de enfocarlo todo. Vale que hacía falta para que la historia siguiera adelante, pero hubiera estado bien trabajárselo un poco.

Por mi parte, lo único que realmente esperaba que mantuviese era el apasionante juego del gato y el ratón que se establece entre Light y L -intrascendente Keith Stanfield-, el peculiar detective encargado de apresar a Akira Kira, el alter ego bajo el que se esconde el primero. Que el segundo sea afroamericano me parece insignificante -recordemos que la historia transcurre en Estados Unidos-, pero que ese ritmo acelerado destruya la química entre ambos personajes es inaceptable si no hay algo que lo justifique.

Seamos claros, su rivalidad no engancha y ellos por separado acaban produciendo indiferencia más que otra cualquier cosa. De nuevo volvemos a lo superficial que es todo en el guion firmado por Charles y Vlas Parlapanides y Jeremy Slater, no tanto por hacerlo más digerible para el espectador occidental como porque simplemente no hay espacio para más. El resultado es que el interés no deja de ir a menos hasta que el loco final termina de romperlo todo por completo.

‘Death Note’ es una absoluta nadería

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Es cierto que Adam Wingard intenta crear una cierta atmósfera con la que cautivarnos, una tónica en su cine, pero es que carece de energía en el manejo de la cámara y el acabado visual acaba resultando un tanto plano. No diré que propio de una producción televisiva, porque las hay muy buenas, pero sí con una preocupante falta de ideas cuando lo curioso es que ‘Death Note’ transmite que le han dejado hacer casi lo que ha querido.

Lo realmente grave es que todo queda reducido a aspectos tan básicos que uno no puede dejar de pensar en lo vacía que resulta la película. Hasta la juguetona criatura a la que pone voz Willem Dafoe acaba cayendo en una alarmante mediocridad que afecta a todos los elementos que podrían haber captado nuestra atención. A su favor que no llega a ser un desastre de épicas proporciones al estilo de ‘Dragonball Evolution’, pero sí es una absoluta nadería.

En definitiva, ‘Death Note’ es una decepción constante que propone cosas pero no las explora, quedándose en el mejor de los casos en tierra de nadie y en el peor llevándonos a la desesperación por lo que está sucediendo en pantalla. Es una propuesta vacía y lo peor de todo es que lo sea cuando realmente parece que Netflix les ha dado libertad para llevar la obra original a su terreno todo lo que quisieran. Un acierto sobre el papel, pero un error si es para hacer algo tan deficiente como lo que nos ocupa.

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